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Valdeganga - El destino de
estos salmónidos es la repoblación
de los cotos Medio Ambiente emite más de
16.000 licencias de pesca anuales para la práctica
de este deporte en Albacete.
La pesca se está convirtiendo
en uno de los deportes más demandados de
la provincia, como prueba, basta con comprobar que
Medio Ambiente emite cada año más
de 16.000 licencias para la práctica de una
afición íntimamente relacionada con
la naturaleza.
Los ríos, lagunas y
embalses reciben un aluvión de visitas cada
vez que se abre la veda. Sin embargo, la provincia
no podría soportar este ritmo de pesca sin
repoblar los cotos, ya que la sobreexplotación
acabaría por desequilibrar todo el ecosistema.
Las piscifactorías
son las encargadas de criar en cautividad y evitar
la merma de las especies. En la provincia de Albacete,
existen tres instalaciones privadas en Riópar,
Alcaraz y Casas de Lázaro y una cuarta en
Valdeganga que pertenece a la Junta de Comunidades.
Entre las cuatro piscifactorías
producen anualmente cerca de cinco toneladas de
trucha arco iris al año. Aunque Medio Ambiente
preferiría repoblar con trucha común,
ha tenido que optar por la asalmonada porque admite
más temperatura y menos oxígeno. A
diferencia de la trucha común, la que se
cría en las piscifactorías albaceteñas
no puede reproducirse en los hábitats naturales.
Por tanto, la arco iris, procedente de América
del Norte, es apta para la pesca y el consumo, pero
nunca se convertirá en una especie invasora.
El jefe del Servicio del Medio
Natural, Javier Carmona, subrayó a este diario
que el fin último de las piscifactorías,
ya sean privadas o públicas, es "la
repoblación de los cotos intensivos de pesca,
donde el río no es capaz de producir tanto
como se pesca".
En este punto, el jefe del
Servicio explicó el funcionamiento de la
piscifactoría de Bolinches, dependiente de
la Junta. Esta instalación dispone de 300
litros de agua por segundo que coge de un manantial
cercano conocido como el Lago Azul.
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Una vez que el caudal entra
en el recorrido de la piscifactoría, lo primero
que se encuentra es una rejilla que limpia de hojas
y piedras las aguas cristalinas del manantial.
En un segundo paso, el agua
pasa a las pilas de alevinaje, balsas donde se colocan
los huevos de trucha arco iris ya fecundados. Pasados
dos meses, el 85% de los huevos consiguen transformarse
en alevines, pequeños peces que nacen con
una vesícula que irán perdiendo poco
a poco, lo que les permitirá pasar de la
fase de fondón a la de saltón.
Una vez que el alevín
ha ganado movimiento, gracias a la pérdida
de la vesícula, pasa a unos estanques donde
permanecerá otros dos meses al aire libre.
Finalmente, el tercer paso
de la trucha consistirá en pasar a las pilas
de engorde, donde permanecerá hasta que pese
unos 250 gramos y alcance los 22 centímetros
de largo. En este momento, las truchas ya estarán
preparadas para la repoblación de los ríos
o su venta en los mercados.
Cabe señalar que todas
las piscifactorías están sujetas a
inspecciones periódicas. Además, los
peces se alimentan con piensos compuestos por semillas,
grasas de cereales y harina de pescado. La Consejería
de Medio Ambiente se encarga de supervisar cada
uno de los pasos que da la trucha en la piscifactoría,
al tiempo que pone especial hincapié en el
respeto al entorno. Así, todas las instalaciones
de estas características tienen la obligación
de contar con una balsa de decantación, sistema
que permite que el agua ya utilizada vuelva al río
sin materia orgánica.
En la actualidad, las piscifactorías
son un seguro de vida para los ríos de la
provincia. No obstante, se está poniendo
de moda una nueva modalidad de pesca más
deportiva, la conocida como pesca sin muerte, que
consiste en atrapar al pez y dejarlo libre sin dañarlo.
Para no herir la captura, el pescador utiliza un
anzuelo que al extraerlo no desgarra.
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