| Roma
- La Comisión del Codex Alimentarius, organismo
encargado de fijar requisitos de calidad mínimos
en materia alimentaria, empezó ayer su XXVII
período de sesiones con la intención
de dar nuevos pasos en ese ámbito y de promover
una mayor participación de los países
en desarrollo.
La FAO, agencia de las Naciones
Unidas con sede en Roma, dio ayer a conocer que,
de acuerdo con la OMS, el Codex Alimentarius ha
anticipado en un año su vigésimo séptimo
periodo de sesiones, que habitualmente se celebra
con carácter bianual.
El motivo de esa anticipación
han sido las peticiones de la FAO y la OMS a la
Comisión del Codex, que es un organismo normativo
internacional establecido por ambas en 1962 y en
el que están representados 170 países.
La ciudad de Ginebra es el
escenario de esa reunión, que se desarrollará
desde ayer y hasta el sábado 3 de julio.
Ante el aumento de los riesgos
de origen alimentario, la FAO y la OMS han instado
al Codex a buscar nuevas opciones para combatirlos
a lo largo de toda la cadena de alimentos.
Está previsto que en
este período de sesiones el organismo apruebe
un Código de prácticas sobre alimentación
correcta de los animales.
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También
se tratará la revisión del Código
Internacional de prácticas para los alimentos
destinados a lactantes y niños y se considerará,
además, el restablecimiento del Grupo intergubernamental
de acción sobre alimentos obtenidos con métodos
biotecnológicos.
La creación de normas
internacionales para los alimentos exige la participación
de todos los países, en especial de aquellos
en desarrollo.
Por ello, tanto la FAO como
la OMS apoyan desde hace tiempo la participación
de nuevos países subdesarrollados en las
reuniones del comité técnico del Codex.
Las directrices del Codex
Alimentarius se han convertido en un punto de referencia
para los productores, la industria de la alimentación
y las autoridades de sanidad y consumo de los diferentes
países.
Durante sus 42 años
de funcionamiento, el Codex ha apuntado sugerencias
que no tienen un carácter obligatorio para
sus integrantes, pero que permiten actualizar las
normas que garantizan la salubridad de los alimentos,
como los límites aceptables de residuos de
plaguicidas o de productos veterinarios.
Asimismo, el organismo formula
indicaciones para evitar la contaminación
microbiana o por toxinas y recomienda procedimientos
adecuados de envasado y etiquetado de alimentos.
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