Madrid - El
aumento progresivo de las temperaturas en
el Mar Mediterráneo, donde en julio
se alcanzaron en algunos puntos de la costa
española hasta los 30 grados, hará
peligrar a largo plazo la supervivencia de
algunas especies de peces y otras huirán
en busca de aguas más frías.
En declaraciones a los medios, la investigadora
del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) Anna
Sabatés indicó que será
"muy difícil" que pervivan
algunas especies en mares cerrados como el
Mediterráneo, mientras que otras, subrayó,
emigrarán a aguas del norte, donde
las temperaturas son más bajas.
Sabatés constató el pasado
año que el calentamiento del Mediterráneo
causa un desplazamiento hacia el norte de
especies marinas que hasta ahora habitaban
en el sur, y en concreto, descubrió
que la alacha (Sardinella aurita), una especie
subtropical parecida a la sardina, se está
desplazando hacia norte y es cada vez más
abundante en aguas noroccidentales.
Según explicó, el progresivo
calentamiento de las aguas del Mediterráneo
ha provocado que algunas especies de origen
subtropical, que habitan en aguas cálidas
del área meridional y de las costas
africanas, emigren hacia zonas del norte en
las que hoy encuentran el rango de temperaturas
que les permite sobrevivir.
De este modo, apuntó, se observa un
desplazamiento de estas especies de peces
y otros organismos marinos que, a largo plazo,
"podrían desaparecer si no encuentran
escapatoria y las temperaturas registran cotas
muy elevadas también en las áreas
del norte".
La investigadora señaló que
esta emigración de las especies también
afecta a aquellas que viven en mares fríos
como el Atlántico Norte, ya que, el
calentamiento de las aguas propicia su "huida
hacia los polos".
Del mismo modo que las de aguas cálidas,
las especies de aguas frías, buscan
el rango de temperaturas que les es más
idóneo, por lo que, en la actualidad,
también huyen hacia áreas nórdicas.
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El desplazamiento
de especies frías como el bacalao demuestra,
según Sabatés, que estos peces
"sufren un retroceso de su hábitat",
y que el equilibrio del sistema marino podría
cambiar.
Sabatés señaló que un
ejemplo de todo ello es la desaparición
del espadín (Sprattus sprattus) en
las aguas noroccidentales del Mediterráneo,
una especie abundante en los años setenta,
que los pescadores comercializaban en esa
época.
Además de al hábitat, ello
afecta a otros procesos como el reproductor,
ya que el calentamiento de las aguas favorece
la puesta de los huevos de especies de origen
tropical.
Respecto a la posibilidad de que las altas
temperaturas de este verano en el Mediterráneo
hayan provocado un descenso de las capturas
de peces, la investigadora admitió
que esa podría ser la razón,
aunque matizó que el descenso del número
de ejemplares capturados está también
muy ligado a la sobrepesca.
No obstante, indicó que "lo cierto
es que el incremento de las temperaturas es
un fenómeno observado en diversos mares,
ante el que los peces y el resto de animales
marinos reaccionan para sobrevivir".
Los científicos del Instituto de Ciencias
del Mar han comprobado además que la
presencia de especies boreales propias de
aguas más frías ha disminuido
dramáticamente desde 1980.
La temperatura del agua en el Mediterráneo
alcanzó a mediados del mes de julio
los 27 grados en muchos puntos, aunque según
los expertos, suele oscilar entre los 24 ó
25 grados durante la segunda quincena del
mes de agosto.
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