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dos días se ha tenido oportunidad en el “VII
Foro de los Recursos Marinos y de la Acuicultura”
de acercar al estudiante, profesional y espectador
a dos realidades que se encuentran en distintos
continentes unidos por un mismo idioma y por un
objetivo común, el aprovechamiento racional
de los recursos marinos.
La acuicultura en Chile es
todo un ejemplo de buen hacer y progreso, y cuando
uno escucha a Adolfo Alvial, gerente de Intesal,
reconoce fácilmente que lo del milagro de
la acuicultura en Chile es sólo un título.
Aunque podamos creer en los
milagros, lo que ha hecho que la producción
acuícola en Chile en los últimos diez
años se haya quintuplicado y convertido en
la octava potencia mundial, y que las producciones
de salmón y trucha posiblemente en 2004 sean
las mayores del mundo superando incluso a Noruega,
es en gran medida producto del trabajo de los profesionales
implicados en trabajar en una misma dirección
y por el interés de un país en llegar
a ser los números uno.
Mayor mérito tiene
incluso cuando resulta que Chile no es uno de los
principales mercados para sus propios productos,
ya que el consumo de pescado en este país
andino está muy por debajo del de España,
y se encuentran con la necesidad de colocar su producción
en mercados tan competitivos como EE.UU. o Japón.
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Por
otro lado, en los gallegos también he podido
percibir esa apuesta por la acuicultura y por su
particular “milagro del rodaballo” de la mano de
Jacobo Fernández, gerente de Insuiña
y del centenar de personas que han asistido y participado
en el Foro.
La acuicultura gallega está
consiguiendo despuntar y ya se habla de producciones
industriales de lenguados, besugos, y orejas de
mar, superando las expectativas que estas especies
presentaron en otras Comunidades Autónomas
y que no parecen encontrar su momento de destacar.
Al contrario que Chile, España
es un país donde el consumo de pescado lo
hace uno de los más importantes del mundo,
por lo tanto, cualquier apuesta en este sector tendrá
ganada la ventaja de estar incorporada a un gran
mercado.
Alvial reconoce que parte
del éxito del “milagro de la acuicultura
en Chile” está en saber copiar y adaptar
la tecnología a las circunstancias particulares
de su país.
Lo han hecho tan bien, que me atrevo a decir, que
pronto seremos nosotros los que tendremos que copiar
la experiencia chilena para poder llevar la acuicultura
española al lugar que le corresponde y del
que todavía se encuentra extremadamente alejada.
España no debe perder
peso dentro del panorama acuícola mundial
y todos tendremos que trabajar en la misma dirección
hasta conseguir nuestro propio “milagro de la acuicultura
española”.
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