| Guayaquil
(Ecuador) - Las negociaciones comerciales que Colombia,
Ecuador y Perú mantienen con Estados Unidos
en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, están
marcadas por la incertidumbre sobre sus progresos
y la presión de los grupos sociales.
Se trata de la V Ronda de
Negociaciones que ha reunido a más de 1.500
delegados, quienes desde el lunes analizan un amplio
menú de temas como el acceso a mercados,
la política de salvaguardas, la desgravación
arancelaria y la propiedad intelectual, entre otros.
Los andinos esperan una apertura
de los estadounidenses a la inclusión de
varios productos en las listas de desgravación
arancelaria, aunque algunos expresaron su decepción
porque Washington ha aceptado mejoras "insignificantes"
en esa materia.
El jefe de los negociadores
ecuatorianos, Cristian Espinosa, remarcó
que la suscripción de un Tratado de Libre
Comercio sólo se efectuará si el convenio
beneficia al país.
Espinosa aseguró que
no firmará nada "a ojo cerrado",
aunque destacó los beneficios potenciales
que el acuerdo podría suscitar en la economía
nacional.
Para algunos analistas, el
escepticismo de los negociadores tiene su base en
la incertidumbre que genera la cercanía de
las elecciones presidenciales en Estados Unidos,
y de cuyo resultado dependerá en gran medida
la implementación del acuerdo.
El propio Espinosa reconoció
que si el candidato demócrata John Kerry
llega a la Casa Blanca, el Tratado comercial con
los andinos podría ser revisado, sobre todo
en temas ambientales y laborales.
Con Kerry, dijo Espinosa,
el acuerdo tardará algunos meses más,
mientras que si el presidente republicano George
W. Bush es reelegido, el tratado continuará
su camino sin mayores cambios hasta que entre en
vigor.
La administración Bush
prevé que el acuerdo se aplique en marzo
del próximo año, aunque Espinosa reconoció
que el acuerdo está sujeto a la aprobación
de los parlamentos nacionales.
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Y
ese es otro de los obstáculos que afronta
el libre comercio con Estados Unidos, ya que, en
el caso del Parlamento ecuatoriano, aún no
hay una posición definida sobre los beneficios
del tratado.
Algunos grupos parlamentarios,
especialmente los de centroizquierda, condenan anticipadamente
el acuerdo, mientras que otros esperan que terminen
las negociaciones para pronunciarse.
El rechazo también
proviene de los grupos sociales, que han convocado
para mañana, miércoles, una protesta
contra el Tratado de Libre Comercio en Guayaquil.
Encabezados por la Confederación
de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie),
la manifestación pretende dejar en claro
que el tratado tendrá una férrea "resistencia"
en los países andinos.
Los grupos sociales ecuatorianos
afirman que el tratado es una imposición
del Gobierno de Washington para ejercer su dominio
en la región, con fines que no necesariamente
son comerciales, sino que formarían parte
de una estrategia de control en esta conflictiva
zona, sacudida por la guerra que se abate en Colombia.
Los indígenas ecuatorianos
aseguran, además, que no permitirán
que se ejecute una iniciativa estadounidense sobre
propiedad intelectual, que facilitaría fijar
patentes sobre recursos naturales, que forman parte
de su cultura medicinal.
El Gobierno ecuatoriano, anfitrión
de la cita, ha intentado sofocar la calentura de
los grupos sociales, insistiendo en que no firmará
nada que lesione los intereses nacionales.
Además ha ofrecido
acompañar el proceso con un plan de fortalecimiento
de los sectores productivos, para mitigar los posibles
riesgos del tratado.
"Prácticamente
no hay otra alternativa, si queremos que Ecuador
sea viable en el futuro, hay que entrar en el Tratado
de Libre Comercio con los Estados Unidos",
afirmó el presidente ecuatoriano, Lucio Gutiérrez.
El gobernante sostiene que
ese proceso marcará el futuro económico
del país a cincuenta años y que consolidará
a Estados Unidos como el principal destino de las
exportaciones ecuatorianas.
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