| Madrid-
Las relaciones bilaterales entre España y
Marruecos pasan por un buen momento ya que existe
una necesidad estratégica de entendimiento
y trabajo en común, después de períodos
conflictivos en los que se llegó a romper
las relaciones diplomáticas con la llamada
a consultas de sendos embajadores.
Tras la llegada a la Presidencia
de José Luis Rodríguez Zapatero, el
Gobierno ha hecho hincapié especial en recuperar
la relación privilegiada con Marruecos, que
políticamente, aunque ha pasado por buenos
y malos momentos, ha sido siempre una relación
ascendente.
El tráfico de drogas,
la inmigración clandestina, la cuestión
del Sahara y conflictos como el del islote de Perejil,
en julio de 2002, constituyen algunas de las sombras
de esta relación que ambos países
ahora insisten en calificar de excelente y que sufrirá
un nuevo impulso con la visita de Estado de Don
Juan Carlos y Doña Sofía.
Marruecos ve a España
como el puente hacia la Unión Europea (UE),
un papel que éste último está
dispuesto a desempeñar, dentro del convencimiento
de que el vínculo con el Mediterráneo
es prioritario.
Las relaciones bilaterales
quedaron institucionalizadas al más alto
nivel en julio de 1991 con la firma del Tratado
de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación,
suscrito en Rabat por el ex primer ministro marroquí
Azzedine Laraki y el ex presidente del Gobierno
Felipe González, bajo la presencia de los
respectivos monarcas, Hassán II (fallecido
en julio de 1999) y Don Juan Carlos I.
Hasta la ruptura en 2001 de
las relaciones diplomáticas, sendos países
llegaron a acuerdos sobre el tránsito de
personas y en materia de pesca, si bien la cuestión
de Ceuta y Melilla ocasionó que el reino
alauí protagonizara una ofensiva que le llevó
a exponer su reivindicación ante la Asamblea
General de Naciones Unidas.
Las relaciones privilegiadas
con Marruecos y la importancia que tiene para España
la estabilidad en el Magreb han sido dos constantes
en la política exterior española,
de ahí que tanto en su primer mandato como
en el segundo, José María Aznar y
varios de sus ministros viajaran a Rabat y, por
su parte, Mohamed VI a Madrid.
El monarca alauí visitó
oficialmente España como Rey en septiembre
de 2000 y, aunque hubo algunos acuerdos, el viaje
no sirvió para resolver el problema de la
pesca, el tráfico de drogas y la inmigración
clandestina.
Tras más de un año
de negociaciones para renovar el acuerdo pesquero
Marruecos-UE (el último había expirado
en noviembre de 2000), la Unión desestimó
en abril de 2001 la última oferta de los
marroquíes y España anunció
represalias económicas contra ese país.
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El
27 de octubre de 2001 Rabat rompió relaciones
diplomáticas con España al llamar
a consultas, por un tiempo indefinido, a su embajador
en Madrid, Abdesalam Al Baraka, y cuatro días
después anunció la cancelación
de una cumbre prevista para diciembre.
A esta crisis diplomática,
en la que Marruecos tachó de "confusa"
la posición de España sobre el Sahara,
vino a sumarse los sucesos de "la ocupación
de Perejil", acción que Rabat justificó
como parte de su estrategia para luchar contra la
emigración clandestina y el terrorismo.
En respuesta, España
envió al Ejército y el 17 de julio
de 2002 retiró a su embajador, si bien el
episodio no llegó a mayores.
En los meses posteriores hubo
gestos por parte de los dos gobiernos y el 30 de
enero de 2003 sellaron su reconciliación
tras quince meses de crisis diplomática y
anunciaron el regreso de sus respectivos embajadores.
A lo largo de ese año
se pusieron en marcha diferentes grupos de trabajo
hispano-marroquíes y se acordó celebrar
la cumbre de Alto Nivel, suspendida desde hacía
cuatro años.
En esa cumbre (diciembre de
2003) ambos países crearon un órgano
permanente para la cooperación en el combate
de las mafias y el tráfico de inmigrantes.
Con Zapatero -quien también
visitó Marruecos en su primer viaje al exterior-,
las relaciones bilaterales inauguraron una nueva
etapa.
En el país vecino se
ha acogido favorablemente la política del
nuevo Gobierno hacia el reino alauí, sobre
todo en los que se refiere a la decisión
de abandonar, en palabras del ministro Miguel Angel
Moratinos, la "neutralidad pasiva" para
pasar a una "diplomacia activa" en torno
al Sahara.
Ha habido un crecimiento constante
en la presencia de inversores españoles en
Marruecos y en la actualidad existe una cooperación
estrecha en materia antiterrorista (ambos países
han sufrido atentados) y laboral (el pasado mes
1.030 marroquíes fueron seleccionados para
trabajar legalmente en España).
España desea aumentar
su cooperación al desarrollo con Marruecos,
primer país árabe receptor de este
tipo de ayuda por parte española.
Por su parte, Marruecos asegura
no estar cerrado a un nuevo acuerdo en materia de
pesca.
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