Namibia,
una economía para el futuro
Por José
Luis Murcia Windoeck
- La State House de Namibia, donde
se encuentra ubicado el palacio presidencial
que habita desde 2004, Hifikepunye Pohamba,
el político de la SWAPO que sustituye
en el poder al mítico Sam Nujoma, líder
desde la independencia del país en
1990, difícilmente podría ser
más austera.
No es moneda común en Africa, un continente
acostumbrado a los líderes carismáticos,
en muchos casos guerrilleros que lucharon
contra la potencia colonial y que terminaron
adquiriendo sus prepotencia y sus vicios.
La sede de Pohamba es fiel reflejo de la política
de un país joven, con un equipo de
Gobierno muy preparado, según buena
parte de los españoles que aquí
residen, cuya máxima preocupación
es la creación de riqueza y la generación
de empleo para el grueso de la población.
No parece que vayan a tenerlo fácil.
Aunque el Gobierno declara un índice
de desempleo del 30 por ciento, fuentes diplomáticas
de los países comunitarios lo sitúan
cercano al 40 por ciento. El crecimiento en
pesca y minas de diamantes, las dos grandes
riquezas nacionales, parece limitado, pero
los dirigentes no desesperan.
El ministro de Pesca y Recursos Marinos, Abraham
Iyambo, un tecnócrata doctorado en
Ciencias del Mar en Gran Bretaña, es
consciente de que los caladeros de pesca namibio,
antaño sobreexplotados a diestro y
siniestro por mil y una tripulaciones, atraviesan
un momento delicado y ha de coger el toro
por los cuernos.
Sabe que durante los próximos meses
de septiembre y octubre cuando Namibia cierre
la práctica totalidad de las empresas
de pesca, los sindicatos pondrán el
grito en el cielo para que se dé solución
durante ese tiempo a los 14.000 empleos, según
sus propios datos, que viven en este momento
de la pesca de forma directa.
Cuenta también con la presión
silenciosa de algunos empresarios cuya cuenta
de resultados raya las pérdidas, pero
los propietarios de estas industrias, especialmente
los españoles de Pescanova, Tunacor/Pescapuerta,
Cadilu/Vieira o Mascato, por poner algunos
ejemplos, son conscientes de que lo más
importante ahora es recuperar las especies
y asegurar el futuro, según sus propias
declaraciones.
Esta medida,
unida a la prohibición de pescar merluza
por debajo de los 36 centímetros de
talla y la reducción del número
de metros en los palangres que faenan en estas
costas, es un buen empuje para conseguir su
propósito de regenerar los caladeros
en un plazo aproximado de dos años.
Otra medida
como la de establecer el procesamiento del
pescado en tierra, en vez de en buques congeladores,
en un 70 por ciento de la producción
significa un paso más en el aumento
de la creación de puestos de trabajo,
aunque a algunas empresas les parezca excesivo.
Pohamba y Iyambo son dos claros ejemplos del
Africa del futuro, de los países que
han accedido a la independencia con la idea
de conseguir una mejora de la calidad de vida
de la población y un respeto a los
derechos humanos y a las libertades individuales.
Un sueño, en definitiva, que en países
como Namibia comienza a ser realidad.
Por José Luis
Murcia
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