|
El
sector de la
acuicultura marina
española:
"Muerto al
llegar"
Antonio
Marzoa Notlevsen
En
los últimos meses, los
productores griegos vienen
desarrollando una campaña
tendente a tergiversar la
realidad al respecto de la
situación actual del sector
de la acuicultura marina
comunitaria utilizando, para
ello, incluso publicaciones
del prestigio de Fish
Farming International (FFI),
con el fin de tratar de
convencer a propios y
extraños de la inocencia y
de las bondades del sector
acuícola helénico.
Ello
no tendría mayor
importancia (todos hablamos
maravillas de nosotros
mismos, sea ello cierto o
no), si no fuera porque la
gravísima crisis que está
atravesando el sector de la
acuicultura marina, en los
países comunitarios
productores de dorada y lubina (en especial Italia y
España, pero también
Francia y Portugal), tiene
su único origen en la
irresponsabilidad, las malas
e innobles prácticas
mercantiles, la nula
solidaridad y las erróneas
políticas sectoriales
aplicadas por los
productores griegos.
|
Crisis
que está poniendo en serios
y graves aprietos a unas
empresas que han demostrado
una capacidad gestora y
técnica fuera de toda duda.
Empresas que, junto a las
administraciones y grupos
investigadores, han
realizado unos esfuerzos y
sacrificios, en los últimos
años, que no tienen
parangón en la tierra de
Aquiles, y que cabe
calificar de titánicos.
Lo
cierto es que, en nuestro
país, tras la ignominiosa
década de los ochenta, en
la que hubo más ilusión
que proyectos realistas, en
los noventa se inició una
época de recuperación en
la que, parecía, íbamos a
dejar atrás los fracasos
pretéritos.
|
 |
Los
errores de los ochenta no
cayeron en saco roto. De
aquella dura experiencia
surgió un empresariado
capaz, con proyectos
sólidos (y prudentes), y un
cuadro técnico puntero a
nivel mundial.
Esa
capacidad empresarial (en
términos generales)
permitió el nacimiento de
nuevas esperanzas de futuro
para la Acuicultura Marina
española (a pesar de las
eternas dificultades
"burocrático-administrativas"
propias de nuestro querido
país).
El
mercado, además, crecía de
forma quasi paralela a la
capacidad productiva de
nuestras instalaciones, lo
que permitía la
consecución, en un
equilibrio exquisito, de dos
de los fines comunitarios:
por un lado, el atender a
las necesidades de los
consumidores y, por el otro,
la existencia de una
necesaria renta para los
productores (que son
quiénes, contra viento y
marea, se juegan "el
cuello" a todos los
niveles, tratando de sacar
adelante una "industria
de nuevo cuño",
desconocida y, tal vez por
ello, incomprendida por
muchos, tratando con unos
seres vivos de los que se
conoce muy poco, y en un
entorno hostil, frente al
que nada se puede hacer
cuando éste decide ponerse
al mundo por montera, y en
el que, en las mejores
condiciones, los trabajos a
realizar requieren de
ingentes esfuerzos, que nada
tienen que ver con las
actividades que el Hombre
desarrolla en su natural
entorno: la tierra firme).
Paralelamente,
en Grecia se venía
produciendo, de forma
subrepticia (por calificarlo
de alguna manera), un
crecimiento injustificado e
innecesario, con la
aquiescencia de la
administración comunitaria,
y el apoyo incondicional de
la administración
helénica.
 |
Mientras
en 1998/99, Grecia, con una
producción
"confesada"
(jamás han sido capaces de
facilitar los datos reales
acerca de su capacidad
productiva) de 40.000
toneladas/año, disponía de
un consumo interno de
+/-6.000 toneladas,
equivalentes a un 15% de su
producción, en 2001 (tan
sólo 2 años después) su
capacidad ha crecido por
encima del 75%, produciendo
más de 70.000
toneladas/año (y más de
240 millones de alevines), y
el consumo se encuentra en
torno de las 10.000
toneladas/año (presentando
un crecimiento negativo
respecto al de la
producción, ya que
significa tan sólo un 14,3%
frente a ésta). |
Esa
capacidad productiva
equivale, prácticamente, a
la de todo el mercado
comunitario para las
especies de la Dorada y la
Lubina.
El
mejor mercado para el
consumo de estas dos
especies era el italiano y,
en segundo lugar, el
español. Por otro lado,
este último es el que tiene
la mayor capacidad de
crecimiento en toda la UE.
Por
esa razón, los productores
griegos, con una ingente
capacidad excedentaria,
desembarcan, en un primer
estadio, en Italia para,
desde allí, hacer lo propio
en España y Francia.
Este
hecho no tendría
trascendencia alguna, si no
fuera porque el producto
griego se coloca, de forma
sistemática, a precios por
debajo de los de producción
en origen (que quiere decir
tanto como por debajo de los
costes de producción
nacionales).
A
inicios del mes de octubre,
en Edimburgo, se
establecieron, por parte de
los miembros del Comité de
Acuicultura Mediterránea
(Medaqua) de la Federación
Europea de Productores de
Acuicultura (FEAP), los
precios medios de
producción en Grecia,
Italia, Francia y España,
quedando fijados estos en
una media de 4,62 euros (769
Ptas) por kilo.
Hace
tiempo que venimos
escuchando (los productores
españoles) que el sector
griego de la acuicultura
está en crisis (parece
lógico), y que tenemos que
armarnos de paciencia,
esperando el reajuste
sectorial que allí
"debe producirse".
Por
una cuestión de mera
proporcionalidad, esa
injustificable e
irresponsable posición de
"sentarse a verlas
venir", sólo puede
llevarnos al mayor de los
desastres: por rentables y
sólidas que, inicialmente,
puedan ser las empresas
españolas, italianas,
francesas o lusas, el
tamaño del sector griego es
tan desproporcionado que,
mientras allí se producen
cierres de pequeñas
empresas (que son absorbidas
inmediatamente por los
grandes grupos griegos, con
lo que siguen funcionando
con todo su potencial),
aquí se llega a una
situación en la que se
está pagando el pescado de
nuestras granjas 200 y 300
Ptas por debajo del coste de
producción, con lo que la
descapitalización de
nuestras empresas resulta
brutal, pudiendo
vaticinarse, sin miedo a
equívoco, que de seguir la
actual situación, nuestro
sector desaparecerá, en
breve tiempo, por los
excesos, abusos y errores
cometidos por otros.
Lo
que ahora pretenden los
acuicultores griegos
responde a la lógica más
elemental: que los demás
países nos convirtamos en
meros importadores, en
consumidores netos de sus
productos, olvidándonos de
los esfuerzos realizados y
de las posibilidades de
futuro de una industria
primaria como la de los
cultivos marinos, en un
país como el nuestro.
Como
queda dicho, la actual
crisis que está viviendo la
acuicultura marina europea,
en las especies de la lubina
y la dorada, es una crisis
provocada total, única y
exclusivamente por los
productores griegos. Todos,
y ellos más que nadie,
somos conscientes de esta
realidad.
Son
ellos quiénes han
aumentando sus producciones
de una forma totalmente
injustificada e innecesaria,
creando una industria
sobredimensionada en su
capacidad productiva
entrando, lógica y
necesariamente, en crisis.
El
único mérito de los
productores griegos está en
que han logrado hacer de su
problema un problema de
todos los productores
comunitarios. Han contagiado
a todos con su enfermedad.
Eso es lo único que están
dispuestos a compartir.
Ahora,
como decíamos al principio,
nos quieren convencer de
que, durante los próximos 2
ó 3 años, no van a
aumentar su capacidad
productiva, exigiendo que
españoles, franceses e
italianos hagamos lo propio,
olvidándonos de que
nuestras respectivas
capacidades actuales se
hallan muy por debajo del
consumo de los respectivos
mercados nacionales. Y,
olvidándose ellos, de que
jamás han sido capaces de
llegar a acuerdos con los
productores de los demás
países (porque jamás los
han respetado), ni siquiera
entre sí (como reconocía
Aristides Belles, Presidente
de Nireus, una de las
mayores compañías griegas,
hace escasamente dos años,
con ocasión de la
celebración de la 3ª
Conferencia Temática Pesca,
en Santiago de Compostela).
Así
se escribe la Historia.
Antonio
Marzoa Notlevsen
Director
General de Cultivos Marinos
del Maresme, S.A. (CULTIMAR)
Graduado en Derecho
Comunitario Europeo (U.P.M.).
danespa@teleline.es
Marzo
de 2.002
|