|
"Más
de lo mismo"
Antonio Marzoa Notlevsen
|
En
muchas ocasiones, demasiadas
ya, cuando se habla de la acuicultura, tanto en
nuestro país como en el
resto de la UE, se suele
hacer desde el mayor de los
desconocimientos acerca de
su realidad y del contexto
que la rodea y condiciona.
La
actividad acuícola ha
heredado de la pesca
extractiva un sinfín de
aspectos positivos. No
podemos dejar de reconocer
que, de alguna manera, es la
"hija" de
aquélla:
-
La propia necesidad,
totalmente incuestionable,
de la actividad de cultivos
marinos se justifica por el
hecho pretérito de la
existencia de un mercado de
consumo (el mejor de Europa,
y el segundo del mundo), que
combina, de forma ideal, los
rasgos de
"calidad" y
"cantidad", en
otras industrias antagónicas. Ese mercado de
consumo ha sido creado y
mimado por nuestros
pescadores, a quiénes
debemos calificar como los
mejores y más responsables
profesionales de la
actividad, que han sabido
desarrollar flotas
selectivas, no esquilmadoras.
Qué fácil ha resultado
siempre, en nuestro país,
dedicarse a calificar a
nuestros propios
compatriotas con adjetivos
como piratas, depredadores
y otras lindezas por el
estilo.
-
Esos mismos profesionales
son los que han justificado,
cuando no creado
directamente, la más
extraordinaria red comercial
de pescado, capaz de situar
los productos del mar en
cuestión de pocas horas en
cualquier punto de nuestra
piel de toro.
-
Las instalaciones y
servicios portuarios que
disfrutamos todos, fueron
creados, en su día, por y
para los pescadores.
-
Etc, ...
Los
acuicultores, como decimos,
hemos recibido aquel
"regalo", sin ser
nunca demasiado conscientes
de esa realidad.
Pero
también nos hemos visto
"beneficiados" con
los aspectos negativos que
siempre han rodeado y
perjudicado a la actividad
pesquera, a los
profesionales de la mar.
 |
Entre otras, la falta de
entendimiento en profundidad por parte, no
sólo de la opinión
pública sino, y sobre todo,
por parte de las administraciones públicas
que en ocasiones no han
sabido valorar en su justa
medida el peso específico y
la riqueza que genera la
actividad extractiva en un
país como España. Aspecto
que por otro lado y
curiosamente siempre han
tenido y tienen muy claro y
presente en otros países,
que no cejan en el empeño
de convertirse en nuestros
proveedores, pasando por
encima de nuestros
pescadores y acuicultores. |
Llegados a este punto
debemos, no obstante, dejar
constancia del apoyo total e
incondicional que, por
ejemplo, los productores de
cultivos marinos catalanes
estamos recibiendo de
nuestra "Direcció General de
Pesca i Afers Marítims".
Me
vienen a la memoria unas
palabras, al respecto de
esta trascendental
cuestión, de Don Miguel de
Aldasoro, que fuera
embajador de España, y
Subsecretario de Pesca entre
1979 y 1982, quién afirmaba en la publicación
Política Exterior (vol. 9,
junio/julio 1995, nº 45)
que:
"El Estado nunca
ha sido buen pescador. ...
los Ministerios de Hacienda
y Economía influyen de
forma decisiva en el
comportamiento de los
mercados, no siendo una
excepción el de la Pesca.
Con frecuencia se oyen
quejas de las Cofradías de
Pescadores, de las
Asociaciones de Armadores u
Organizaciones de
Productores, lamentándose
de que siendo un sector
estratégico de la economía
española notan una cierta
indiferencia de la
Administración Pública
hacia los problemas
propiamente pesqueros y, sin
embargo, son esas
Organizaciones y
Asociaciones las que,
gracias a una paciente y
tenaz labor, han conseguido
crear en España el mejor
mercado europeo de consumo
de pescado ... Al igual que
la UE, nuestra
Administración tampoco
está siempre dispuesta a
considerar el mercado de
consumo de pescado como algo
íntimamente ligado al
conjunto de la actividad
pesquera, sino que tiende a
englobarlo en el ámbito
general del conjunto de
nuestra economía".
De
tal forma que el peso
específico real de la
actividad extractiva (lo
mismo ocurre con la acuicultura), no es tenido
en cuenta, sino que es
cercenado de forma drástica
y trágica, por cuanto se
diluye por desconocimiento,
e ¿irresponsabilidad?, en
las grandes cifras
macroeconómicas.
|
Aquí,
como siempre, lo que tiene
"peso" es el
número de nacionales
directamente afectados: el
peso social del sector
industrial del que estemos
hablando. Y ese aspecto, en
la pesca, se ha hallado, en
el mejor de sus momentos, en
la "ridícula"
cifra de unos +/-125.000
pescadores hoy reducido en,
aproximadamente, un 40%.
Por todo ello, y no por
otras razones, la pesca ha
sido, en no pocas ocasiones,
utilizada como "moneda
de cambio", en
cualesquiera negociaciones
bilaterales que, nuestros
políticos, hayan llevado a
cabo.
|
 |
Mucho
tendrían que explicar, y ya
lo hacen, los representantes
del sector pesquero en este
sentido. Siendo nuestra
flota la mayor, mejor y más
preparada de la UE, ha sido
la única que ha reducido su
capacidad mucho más allá
de lo que le era exigido
desde Bruselas, mientras que
los demás países
comunitarios no sólo no
reducían su capacidad, sino
que, en muchos casos, la
aumentaban, cabría decir
que a nuestra costa.
Imagino que jamás dejaremos
de ejercer de Quijotes.
Y
a los acuicultores
españoles nos ha tocado en
herencia, también y como
decíamos más arriba, la
falta de entendimiento hacia
nuestra industria, hacia sus
necesidades y carencias,
hacia su realidad. Y si el
"factor vital", el
peso social, es despreciable
en la pesca, ¿qué podemos
decir en el caso de la acuicultura?.
Pero
el mayor desconocimiento y
desapego, hacía una y otra
actividad industrial, lo
encontramos como no podía
ser de otro modo en
Bruselas, en la Comisión
Europea.
La
decisión de crear una
Comunidad Económica Europea
surgió en la mente de los
fundadores como un medio
idóneo para conseguir una
serie de objetivos
fundamentales, entre los que
debemos destacar el de
lograr la "estabilidad
dentro de la expansión, el
equilibrio en el intercambio
y la lealtad en la
competencia".
Para
lograr aquellos fines,
mediante el Tratado CEE (uno
de los Tratados
constitutivos, que forma
parte del llamado
"Derecho
Originario" del acervo
comunitario), se concibieron
dos instrumentos: el
establecimiento de un
Mercado Común y la
progresiva aproximación de
las políticas económicas
de los Estados miembros. El
primero se establecía como
fundamento para lograr el
segundo: la integración
económica. El citado
Tratado previene que, a los
fines así enunciados, la
acción de la Comunidad
llevará consigo el
establecimiento de un
régimen que garantice que
la competencia no será
falseada en el Mercado
Común.
De
ese modo, se fue creando la
corriente de opinión
favorable al sistema
económico del que
disfrutamos, basado en la
Libre Competencia, como
medio eficaz de protección
del consumidor, de progreso
y de desarrollo.
La
protección a la Libre
Competencia recogida en los
Tratados (tanto en el CEE
como en el de la CECA:
Comunidad Económica del
Carbón y del Acero), no es
tanto un fin en sí mismo
como un instrumento para
conseguir los objetivos
comunitarios.
La
Comisión, pues, siempre ha
considerado que la
implantación de un régimen
de competencia económica
leal debe contribuir a
asegurar el buen
funcionamiento de un Mercado
Común.
En
ese contexto, el de la
supuesta defensa de la libre
competencia como medio para
lograr una verdadera
integración económica
europea, y como herederos y
copartícipes de todo
aquello que conforma el
contexto de la pesca, con
sus pros pero, sobre todo,
con sus contras, es en el
que la acuicultura intenta
salir adelante.
 |
Por
cuanto afecta a la actividad
de los cultivos marinos, en
ese marco legal conformado
por la Comunidad y por los
ordenamientos internos de
cada país de la Unión, la
Comisión y los Estados
miembros vienen tolerando
que los principios sobre los
que pretendemos construir
nuestro Mercado Común, sean
falseados y burlados, de
forma descarada, por los
operadores de un Estado
miembro, Grecia, sin que
nada se halla hecho hasta
la fecha por tratar de
evitar una crisis que nos
está devorando, por
intentar reconducir la
situación a un entorno en
el que los comportamientos
mercantiles se ajusten a
Derecho, al Derecho que nos
hemos dado unos a otros.
|
El
pasado día 8 de marzo, y
por iniciativa de los
representantes andaluces y
catalanes, se celebró en la
sede de la Federación
Francesa de Acuicultura
(FFA), en Paris, una
reunión en la que
participaron los principales
representantes de los
países productores de dorada y
lubina que están
siendo atacados por Grecia:
Italia, Francia, Portugal y
España.
En
aquella reunión se
coincidió, como no podía
ser de otra forma, en cuál
es el origen de la crisis:
los excesos cometidos en el
país helénico, y las
irregulares prácticas
mercantiles que llevan a
cabo los griegos en y contra
los demás países miembros
productores de aquéllas
especies.
También
pudimos corroborar la nula
atención prestada, hasta
ahora, por la Comisión y
sus servicios a la actual
situación que, habiendo
sido denunciada por escrito por italianos,
franceses, y andaluces y
catalanes (lamentamos no
poder, tampoco en este caso,
hablar de
"españoles" en
general, pero así ha sido,
y así debemos decirlo), tan
sólo ha merecido una
respuesta
"standard", en la
que reconociéndose el
hecho de que los precios han
experimentado importantes
bajadas a lo largo de 2001
(aunque no debiéramos
olvidarnos de 2000 y 1999),
a su entender no existen
factores que permitan
asegurar que estos no vayan
a poder recuperarse, así
como afirmaban no haber
recibido queja alguna acerca
del comportamiento de los
productores griegos (!!?)
En
otra ocasión, tal vez,
debiéramos hablar con
detenimiento, de las
aparentes
"contradicciones"
de la administración comunitaria y su
ordenamiento jurídico. Así por
ejemplo y por
cuanto nos afecta, mientras
el hecho de vender por
debajo del coste de
producción se califica como
"dumping" cuando dichas
ilícitas acciones las
realiza un tercer país, en
el caso de que las mismas
prácticas sean llevadas a
cabo por un Estado miembro
contra otro u otros países
de la UE (lo cual debiera
entrañar una mayor
gravedad, o cuanto menos
así se nos antoja que
debiera ser), preferimos
utilizar, de forma cínica,
pusilánime y timorata,
otros términos más
"suaves" o,
incluso, equívocos, y
hablamos de "venta a
pérdida".
En
cualquier caso, de aquella
reunión, ha nacido un
escrito: el "Acta de
Paris", en el que de
forma conjunta, denunciamos
la crisis, la desidia de la
Administración Comunitaria
y la tibieza de las
nacionales, y planteamos
niveles de actuación
deseables: por parte del
Gobierno griego, por parte
de la Comisión, y por parte
de los Estados miembros
afectados.
El
próximo día 9 de abril
(Nota del Editor: Este
artículo fue escrito en
abril de 2002) se
celebra en Bruselas una
reunión del Comité de
Gestión de los Productos de
la Pesca y de la
Acuicultura, en el que la
Comisión presentará a
debate, entre otras
cuestiones, la actual
situación del mercado de la
dorada y la lubina. Nos
consta que las delegaciones
francesa y española, de
forma conjunta, suscitarán
todos los argumentos para
defender los intereses del sector. En los
representantes de la
Dirección General de
Estructuras y Mercados
Pesqueros (Secretaría Gnal
de Pesca-MAPA), y en los de
las Administraciones
Autonómicas, que han
demostrado, unos y otros,
preocupación e interés por
la situación que está
atravesando la acuicultura marina española, tenemos a
nuestros mejores valedores.
Esperemos,
pues, que de una vez se
tomen "cartas en el
asunto". Lo deseable
sería que las administraciones vinculadas,
de una u otra forma con
nuestra industria asumieran
sus responsabilidades y
llevaran a cabo las medidas
de control necesarias para
que cualquier actividad
industrial, en el contexto
de la UE, se desarrolle en
un entorno de sana y leal
competencia. De otro modo,
la Libertad de Competencia
se convierte en una falacia,
en una política de
"laissez faire"
que a nada bueno conduce,
salvo a la destrucción de
una industria que no nos
cansaremos de calificar como
absolutamente necesaria.
De
aquella forma, y en un
estado ideal, se haría
innecesario que los
particulares hubieran de
acudir a los Tribunales con
el fin de defender sus más
elementales derechos. Y
normalmente, cuando esto
ocurre, el daño ya está
hecho.
Si
no hay una rápida y
contundente reacción por
parte de los máximos
responsables, los
productores italianos,
franceses, portugueses y
españoles nos veremos
obligados a llevar a cabo
todas aquellas acciones que
la Ley pone a nuestro
alcance. Estamos dispuestos
a defendernos como
"gato panza
arriba". Tal vez sea
demasiado tarde. Nos hemos
dormido o, mejor dicho, se
nos ha tratado de adormecer
-y lo hemos permitido,
estúpidamente- durante
demasiado tiempo, pero no
podemos ni debemos dejar de
intentar defender lo que es
"nuestro".
Los
productores españoles
tenemos clara la respuesta a
la pregunta que, hace ya
mucho tiempo, hiciera a la administración
pesquera Don
Lázaro Rosa, que fue el
primer presidente del FROM,
y un hombre vinculado al sector
pesquero desde su
más tierna infancia (no en
balde su padre era pescador
y él ha dedicado toda su
vida a la actividad
extractiva y a la
acuícola):
"¿Queremos, de
verdad, un sector llamado acuicultura, o preferimos
convertirnos en meros
importadores netos de
pescado?". Nosotros
queremos, porque además
lo necesitamos y lo sabemos
hacer muy bien, tener un sector industrial primario
llamado acuicultura, al
igual que queremos tener uno
llamado pesca, en el país
que goza y disfruta del
mejor y mayor mercado de
consumo pesquero de la UE.
No todo va a ser sector servicios, ¿o sí?.
En
cualquier caso, Alea Jacta
Est.
Antonio Marzoa Notlevsen
Director General de Cultivos
Marinos del Maresme, S.A.
Graduado en Derecho
Comunitario Europeo (U.P.M.)
danespa@teleline.es
Abril
2.002
|