Acuicultura
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Acuicultura
La promesa de una revolución azul

Traducción de la revista The Economist del 8/8/2003

Primera Parte

La acuicultura tiene en muchos países una mala reputación. Las personas que la apoyan argumentan que promete cubrir la brecha de suministro de pescado a medida que las pesquerías se van agotando. Pero las voces de sus críticos tienen más resonancia. Denuncian que los pescados de cultivo son más grasos, contienen colorantes, contaminan y están repletos de antibióticos. Más aun, dicen que es una actividad no sostenible. Cuando un pez carnívoro, como el salmón, es criado en una granja debe ser alimentado con pescado y este pescado debe ser capturado en el mar, resultando en una mayor presión sobre el medio marino, no menor.

Los críticos describen a la acuicultura como un alarmante peligro para el medio ambiente y para la salud, y no como una fuente potencial de alimento tanto para países ricos como pobres. Pero obvian el hecho de que la moderna acuicultura está en un temprano estado de desarrollo. La agricultura comercial se ha desarrollado a lo largo de siglos, mientras que el cultivo de peces a gran escala tiene poco más de 30 años. Nuevas tecnologías, nuevas razas y la domesticación de nuevas especies ofrecen grandes esperanzas para el futuro. Prometen una revolución azul en este siglo comparable a la revolución verde del pasado siglo.

Sobre la tierra los seres humanos son dedicados agricultores, pero en el mar se mantienen como cazadores-recolectores, si bien unos cazadores-recolectores con flotas industrializadas, equipadas con satélites y radares. En 2000 se desembarcaron 95 millones de toneladas de pescado salvaje, con un valor en primera venta de 81.000 millones de dólares, según la FAO. Aunque esta cifra parece ser la mayor de cuantas han sido registradas, es casi sin duda alguna errónea.

El año pasado quedó claro que las estadísticas de China, el mayor proveedor mundial de pescado, han sido inexactas durante al menos la última década. Muchos están convencidos ahora de que las capturas globales han estado en declive desde la mitad de la década de los 80. Esto no debiera resultar una sorpresa, ya que el 75% de las pesquerías están, de una u otra forma, sobreexplotadas.


 

A medida que las personas incrementan su poder adquisitivo comen más pescado. El consumo medio por persona casi se ha duplicado en menos de un siglo. Y ciertamente el pescado se ha encarecido a medida que la demanda ha crecido y la oferta caído. No hay aun suficientes peces de cultivo para compensar este desequilibrio. Algunos productos como el salmón salvaje o el atún rojo son ahora productos de lujo. Nikolás Wada, un investigador del Instituto Internacional de Investigación de Políticas de Alimentación, comenta que el incremento de los precios del pescado es aun más llamativo cuando se compara con el comportamiento de otros productos animales, como la ternera, el pollo, el cerdo o la leche, cuyos precios han caído en términos reales durante los últimos 30 años.

La razón por la que las personas han podido continuar comiendo más pescado a pesar de la sobreexplotación de las pesquerías ha sido el boom de la producción acuícola. En 2000 esta actividad produjo 36 millones de toneladas de pescado y marisco. Desde 1990 la acuicultura ha crecido a un ritmo del 10% anual. Es probablemente la forma de producción de alimento de mayor crecimiento. Por ejemplo, la producción ganadera de carne ha crecido el 2,8% anual. En estos momentos prácticamente la mitad de los productos del mar frescos y congelados que consumen en los EE.UU. son acuicultivados. Muchos creen que en 2030 la acuicultura proveerá casi todo el pescado de consumo.

El problema con algunas de estas grandes cifras es que nadie está seguro de lo exactas que son las cifras chinas. Este país es sin duda el principal productor de acuicultura y en los últimos años ha mostrado un fuerte crecimiento. Las cifras oficiales indican que contribuye con el 70% de los animales y plantas acuicultivados. Pero si las cifras chinas se equivocaran por un poco, muchas de las predicciones mundiales errarían por mucho. Sin la contribución china, el crecimiento de la acuicultura desde 1990 es solo ligeramente superior al 5% anual.

A pesar de ello hay suficiente margen para el optimismo. En tierra la revolución verde permitió aumentar tremendamente las cosechas, con mayor mecanización, control de plagas y mejora de la fertilidad de los suelos mediante el empleo de herbicidas, pesticidas y fertilizantes nitrogenados. En el agua similares cosas están sucediendo. El escenario para la revolución acuícola está preparado.


 

 

La acuicultura tradicional, del tipo que los chinos inventaron hace muchos miles de años, es una actividad sencilla que requiere poco más que un estanque, algunas plantas en descomposición y peces de agua dulce poco exigentes con la calidad del agua. Aun hoy hay mucha de esta acuicultura. Jiansan Jia, un especialista en acuicultura de la FAO opina que el 80% del pescado producido en acuicultura es herbívoro u omnívoro, producido en sistemas extensivos y para el consumo local. Estos pescados hacen mucho para mejorar la alimentación en áreas rurales y por aliviar la pobreza, y se convertirán en importantes contribuidores de alimento en la mayoría de los países en desarrollo.

Sin embargo, la acuicultura moderna, que se inició con el cultivo del salmón hace tres décadas, es otra cosa. Requiere tecnología sofisticada y muchos conocimientos técnicos sobre hábitos y ciclos de vida de las especies.

El domesticar una nueva especie puede llevar décadas de investigación. Las densidades de cultivo, calidad del agua, características de la reproducción, comportamiento, salud y requerimientos nutricionales deben ser comprendidos perfectamente para cultivar una especie como el salmón, la lubina, el lenguado, el bacalao o la dorada. Y es el conocimiento científico y técnico el que está dirigiendo la competitividad de esta actividad, a base de mejorar la salud de los peces y su nutrición, reduciendo el estrés, las enfermedades y el uso de antibióticos y vacunas.

 

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