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Científicos del
Principado logran criar pulpos de 14 meses de vida
Cinco ejemplares nacidos
en cautividad llegan por vez primera a 14 meses
de vida y 2,5 kilos de peso. El paso de larvas a
juveniles sigue siendo la etapa crítica de
crianza.
(Publicado en el Comercio
Digital)
Nacieron en el Centro de Experimentación
Pesquera de Gijón, cuyos biólogos,
capitaneados por José Francisco Carrasco,
lograron convertir las larvas en juveniles y que
éstos pasaran en cautividad al estado adulto,
con un crecimiento de engorde de entre medio kilo
y un kilo al mes. Con catorce meses de vida, es
probable que los singulares ejemplares gijoneses
finalicen pronto su ciclo vital (se estima entre
uno y dos años la duración del pulpo
en estado natural), pero los técnicos esperan
que antes de morir lleguen a reproducirse. Sería
la primera vez que se lograra.
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Asturias es
una región pionera en la investigación
del pulpo como especie comercialmente
explotable en acuicultura. La tarea no
es fácil, porque, aunque no es
infrecuente conseguir que una hembra saque
adelante su puesta en cautividad, la mortalidad
de las larvas es enorme y pocas son las
que se convierten en juveniles. Hasta
ese punto, los científicos gallegos
no fueron a la zaga. En 2001, consiguieron
que dos ejemplares alcanzaran ocho meses
de vida y un kilo y medio de peso antes
de morir.
Pero 2002 fue un año especialmente
fructífero para las investigaciones
del Centro de Experimentación Pesquera,
organismo adscrito a la Dirección
General de Pesca del Principado que trabaja,
en el caso de los pulpos y otras especies
marinas, en el contexto de los planes
nacionales de acuicultura, es decir, con
apoyo de la Administración del
Estado.
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José Francisco
Carrasco asegura que de todos los experimentos se
aprende, ya sean éxitos o fracasos, pero
el cultivo larvario de huevos de pulpo recién
eclosionados, que fue siempre el cuello de botella
del ciclo, experimentó un avance el pasado
año a través del análisis de
los errores. Y la supervivencia a los 60 días
de la eclosión llegó al 4%, algo hasta
entonces inédito.
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Preparando
las nasas para la pesca
Foto
obtenida de nasasmoreira
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Ladrillos
huecos
El paso de los ejemplares a juveniles
es el momento crítico. Un cambio
fundamental en ese periodo se refiere
a la alimentación. Se sustituye
una dieta viva, compuesta por larvas de
crustáceos, por otra de materia
inerte.
Fruto de cuidados esmerados son los cinco
ejemplares que ahora nadan en dos piletas
blancas, de tamaño algo mayor que
el de una bañera, en el Centro
de Experimentación Pesquera de
Gijón. No conocen la mar, aunque
reciben sus aguas a través de un
sistema de regeneración constante.
Los pulpos no soportan el agua dulce y
cuando son sometidos a engorde en jaulas,
hay que tener cuidado para no resguardar
las mismas en rías o junto a desembocaduras
fluviales, ya que, aunque estos moluscos
buscarán la zona más profunda
para evitar el agua dulce superficial,
esas condiciones pueden perjudicar su
desarrollo.
A simple vista, no parece que se encuentren
mal a gusto los protagonistas de las investigaciones
capitaneadas por José Francisco
Carrasco y Juan Carlos Arronte en su tranquilo
hábitat artificial. Para sentirse
cobijados, no precisan más que
unos ladrillos huecos que aprovechan las
hembras fertilizadas, tras ser capturadas
en la mar, para hacer su puesta.
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Esa aparente placidez hace que los singulares
pulpos sean considerados por los científicos
como mascotas domésticas y que no hayan
tenido inconveniente en copular en cautividad,
circunstancia especialmente alentadora con
vistas a conseguir que al Centro de Experimentación
Pesquera de Gijón le quepa el orgullo
de cerrar el ciclo vital de los pulpos con
la puesta de alguna de las dos hembras nacidas
ya en el laboratorio.
Larvas de crustáceos
De lo que no hay duda es de que la alimentación
de los pulpos resulta ahora mucho más
sencilla que cuando eran larvas. Para mantenerlos
con vida, los científicos tienen que
cultivar, a su vez, larvas de crustáceos
que les sirven de alimento vivo. Una vez adultos,
los pulpos engordan rápidamente con
una ración de pescado y cangrejos.
Los investigadores han detectado que los pulpos
son muy exigentes a la hora de comer. "No
les vale cualquier cosa", dijo a este
periódico José Francisco Carrasco,
ya que, aunque no hacen ascos a bacaladilla,
parrocha o chicharrín, de forma que
su engorde no resulta caro, si algún
trozo sobra no es probable que lo aprovechen
al día siguiente. Quieren alimento
fresco.
La alentadora supervivencia del 4% de las
larvas a los sesenta días de eclosionar
los huevos, conseguida en 2002, no permite
entonar el deseado 'eureka'. Los resultados
este año no fueron tan alentadores.
La razón es incierta, pero fueron introducidas
algunas variantes propias de la fase de experimentación.
Por una parte, se intentó que las larvas
se alimentasen de materia inerte, para evitar
el delicado proceso de obtener larvas vivas
de crustáceo y tener en la congelación
una fuente fácil de alimento. No está
claro, sin embargo, que ese cambio haya provocado
los pobres resultados de 2003. Los especialistas
consideran que la temperatura del agua, demasiado
cálida este verano, también
pudo influir.
Sea como fuere, si la comisión encargada
de decidir qué proyectos de acuicultura
seguirán mereciendo apoyo estatal apuesta
nuevamente por el cultivo larvario del pulpo,
nuevas pruebas proporcionarán más
conocimientos y, en su caso, la explotación
industrial de unos animales cuya rica carne
tiene asegurado un amplio mercado: en España,
donde la demanda es muy abundante, y en el
extranjero. Como es habitual, cuando se habla
de productos de la pesca, Japón ofrece
muy buenas posibilidades.
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