La
mujer y el embarazo
Las mujeres
que comen pescado durante las últimas
etapas del embarazo tienen menos riesgo
de que su bebé nazca con bajo
peso, según un estudio realizado
por un equipo de investigadores de la
Universidad de Bristol.
Aunque los
expertos no han encontrado evidencias
de que el consumo de pescado han asociado
su ingesta con un descenso del riesgo
de nacimientos con bajo peso. Los investigadores
recuerdan que esta circunstancia se
asocia a un incremento de riesgo de
problemas de salud como el desarrollo
de diabetes o problemas cardiacos. Durante
el estudio, que publica la última
edición de la revista científica
"Journal of Epidemiology and Community
Health, los investigadores registraron
el consumo de pescado de las mujeres
durante las últimas 32 semanas
del embarazo.
A partir
de ahí, calcularon las dosis
de omega-3 procedentes del pescado consumido,
teniendo en cuenta los efectos beneficiosos
para la salud asociados a esta sustancia.
En total, las mujeres comieron una media
diaria equivalente a un tercio de una
lata de atún (0,15 gramos de
ácido omega-3).
Los expertos
comprobaron que una de cada 10 mujeres
embarazadas tuvieron un niño
con bajo peso. Sin embargo, en el grupo
de mujeres que consumieron menos de
la citada cantidad de pescado la tasa
de bebés con bajo peso ascendió
al 13 por ciento.
"Este
estudio nos evidencia que el pescado
es una parte importante de la dieta
y refuerza la recomendación de
que las mujeres embarazadas deben tomar
al menos dos piezas de pescado a la
semana", destaca el responsable
del estudio, Imagen Rogers.
Omega-3
y la salud mental
Existen diversos
trabajos científicos que relacionan
la falta de ácidos grasos omega-3
en la dieta y pacientes con depresión.
Se ha comprobado que en paises donde
el consumo de pescado es menor, el número
de pacientes depresivos en la población
es mayor.
Se cree que una dieta con aportes insuficientes
de omega-3 puede afectar la composición
química de las membranas de las
células cerebrales, interfiriendo
con el intercambio de señales
entre ellas.
Por otra
parte, otros estudios indicaron que
las personas con elevados niveles de
colesterol total, o bajos niveles de
HDL (colesterol bueno), tienen niveles
menores de ácidos grasos poliinsaturados
y en consecuencia también una
disminución del contenido de
ácidos grasos omega, recientemente
relacionados con la depresión.
En personas
que padecían esquizofrenia se
sugirió que existe una correlación
entre la cantidad de ácidos grasos
omega-6 y omega-3 de la membrana celular
y la intensidad de los síntomas
negativos.
Los hallazgos
sobre el valor terapéutico de
incluir estos componentes como complemento
en la dieta de los pacientes con trastornos
bipolares, como estabilizadores del
ánimo, son significativos. Se
realizaron estudios durante seis meses
con una muestra de pacientes, de los
cuales sólo dos recayeron, el
13%, comparados con el 52% de los tratados
sin complementos.
El mismo
grupo investigador utilizó los
omega-3 en personas con trastorno bipolar
inestables, como complemento dietario
asociado con carbamazepina, gabapentin,
litio, divalproato de sodio, diferentes
benzodiazepinas y antidepresivos. Los
resultados positivos fueron significativos
durante períodos más largos,
sin mostrar remisiones. Las principales
fuentes de estos ácidos grasos
son salmón, pescado azul (bluefish),
arenques, caballa, vegetales verdes,
nueces y semillas de lino.
Esta línea
de investigación, que se encuentra
en pleno desarrollo, merece ser tenida
en cuenta por sus aplicaciones en la
clínica psiquiátrica.
Actualmente
los “países desarrollados” con
hábitos alimenticios basados
en el consumo de “comida rápida”,
se enfrentan a dos graves problemas
asociados. La obesidad y sus consecuencias
cardiovasculares y por otro lado las
enfermedades mentales, que en consideración
de los científicos es una enfermedad
aún más preocupante que
la anterior. Se prevé que para
2020 será la tercera enfermedad
más importante en relación
a los gastos sanitarios.
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