Cabe plantearse,
pues, dos preguntas clave:
1) ¿la acuicultura compensa
el estancamiento de las capturas?
2)
¿aumenta la disponibilidad de organismos
acuáticos para el consumo?
Es decir,
¿es globalmente sostenible?
Según datos de la FAO, la acuicultura
ha pasado de representar el 4% de la producción
acuática en 1970 al 30% en el 2001,
y su contribución sigue aumentando.
Por lo tanto, la respuesta a la primera pregunta
es un claro sí: la creciente demanda
de productos acuáticos se sustenta
gracias al incremento de la acuicultura. Para
contestar a la segunda pregunta hay que subrayar
que de la producción total, un 65%
es independiente de las capturas, es decir,
no precisa de harina de pescado, al tratarse
de algas, animales filtradores como los mejillones,
o peces herbívoros como las carpas
(la gran mayoría de los que se cultivan),
lo que es ecológicamente aceptable.
Existe un 20% de la producción en equilibrio,
mientras que el restante 15% depende de las
capturas y puede, por tanto, considerarse
la fracción insostenible. Comprende
especies de alto valor añadido (langostinos
y peces marinos, principalmente). Sin embargo,
de los cerca de 30 millones de toneladas de
capturas convertidas en harina de pescado
(cantidad parecida a la de los descartes que
se devuelven al mar), sólo un tercio
se destina a la acuicultura y el resto a la
producción porcina y avícola,
con un aprovechamiento energéticamente
inferior al de los peces, destino que no es
cuestionado. Así, mientras la mayor
parte de la pesca es insostenible, la mayor
parte de la acuicultura es sostenible.
La acuicultura
moderna se convierte en industria en un momento
de preocupación social por los ecosistemas.
Su éxito a medio y largo plazo pasa
por ser sostenible, idealmente, en todas sus
formas, y debe basarse en el avance en la
investigación de la biología
de las especies que permita mejorar la producción.
Por ejemplo, sustituyendo progresivamente
la harina de pescado por proteína de
origen vegetal, y mediante la producción
de animales con mayor crecimiento y aprovechamiento
del alimento, reduciendo al mismo tiempo los
vertidos. Se está en ello y con avances
espectaculares, pero el reto está ahí,
vislumbrándose las dos tendencias contrapuestas
siguientes: gracias a la investigación,
la fracción de la acuicultura que es
insostenible lo es cada vez menos por la mejora
de las técnicas de cultivo. Sin embargo,
debido a la fuerte demanda social esta fracción
aumenta de forma preocupante en el contexto
global. ¿Cuál de las dos se
impondrá?
Asumiendo
que la demanda no cesará de crecer,
la solución pasa por un apoyo a la
I+D junto con una gestión inteligente,
para que el desarrollo de la acuicultura siga
siendo socialmente beneficioso y, al mismo
tiempo, ecológicamente aceptable.
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