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Efecto de la relación proteína a energía digestible en un policultivo de tilapia roja (oreochromis spp.) - camarón gigante de malasia (macrobrachium rosenbergii) en la fase de alevinaje

Por Angélica Tapia Salazar ( Ing. Pesquero Acuicultor.  Facultad de Oceanografía, Pesquería y Ciencias Alimentarias.  Universidad Nacional Federico Villarreal) angelicaats@yahoo.com

Víctor Vergara Rubín (Ing. Zootecnista, Mg.Sc. en Nutrición.  Profesor Principal del Departamento Académico de Nutrición.  Universidad Nacional Agraria La Molina)

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Tabla 1. Composición porcentual de las dietas experimentales y valor nutritivo calculado

 
Fig. 3 y 4 Biometrías quincenales de camarón y tilapia - Extracción

 

 

Fig. 5 y 6    Biometrías quincenales - cuantificación talla y peso

Con respecto a los parámetros físico-químicos del agua, la temperatura promedio del agua para los meses de octubre, noviembre y diciembre fueron 23.7, 25.3 y 27.2 ºC; encontrándose los dos últimos meses dentro de los rangos de temperatura en los cuales se cultivan las tilapias y camarones, que fluctúan entre 24 y 32ºC (Marcillo y Landívar, 2000; New y Singholka, 1984). Sin embargo, durante el mes de octubre estuvieron por debajo de los rangos de crianza. El pH del agua no tuvo variaciones significantes (8,1-8,2), encontrándose dentro de los rangos permisibles para ambas especies, pero no en el óptimo (7,5) tal como lo mencionan Glude (1978); Coelho et al., (1982); New y Singholka (1984); Popma y Lovshin (1996).

En el experimento la mínima y máxima concentración de oxígeno disuelto fueron de 4,53 y 11,86 mg/l, siendo el valor inferior ligeramente menor según Castillo (1994), ya que recomienda niveles mayores a 5 mg/l debido a que el valor disminuye adicionalmente por reacciones químicas de descomposición de materia orgánica, alimento no consumido, heces, incrementos en la tasa metabólica por un aumento en la temperatura o consumo por nubosidad. Para el caso de los camarones estuvo dentro de los rangos permisibles (4-9 mg/l) tal como lo mencionan Coelho et al., (1982); New y Singholka (1984).

La producción de nitrógeno amoniacal estuvo fuera de los rangos tóxicos, obteniéndose valores máximos de 0,41 y mínimos de 0,37 ppm; según Cold (1967) citado por Zambrano (1988) los rangos tóxicos fluctúan de 0,6-2 mg/l. Los valores de dureza se encuentran dentro de los rangos permisibles (94, 88, 87 y 85 ppm CaCO3), Arredondo et al., (1994) recomiendan para la tilapia una dureza inferior a 350 ppm siendo el óptimo 20ppm; en camarones New y Singholka (1984) aconsejan aguas donde la dureza sea preferiblemente menor de 100 ppm (Tabla 2).

Fig. 7 Distribución de las unidades experimentales en el Centro de Acuicultura Tambo de Mora

En relación a los parámetros productivos (incrementos de peso, talla y biomasa) no se encontraron diferencias estadísticas significativas para ninguna de las especies en estudio (Tabla 3). Se observó que el T1 fue numéricamente mayor, a pesar de presentar el menor nivel de proteína (35%). Similares efectos encontraron Teshima et al., 1985 citados por El Sayed y Teshima (1991) en experiencias con alevines de tilapia nilótica donde apreciaron que al incrementarse la ED se obtuvieron resultados más bajos de crecimiento con 40% de proteína que con 30% en la dieta. 

Tabla 2. Efectos de los parámetros de calidad de agua sobre el comportamiento productivo de tilapia roja y camarón gigante de Malasia

Asimismo, de la relación P/ED obtenidas de los tratamientos evaluados: 109,38 mg/Kcal (T1), 100 mg/Kcal (T2), 125 mg/Kcal (T3) y 114,29 mg/Kcal (T4), fue el T1 el que concordó con los resultados obtenidos por Popma y Lovshin (1996), quienes sostienen que el rango óptimo de P/ED va de 107,52-112,35 mg/Kcal. El balance impropio de la relación P/ED de los tratamientos restantes nos llevó a un pobre crecimiento, como consecuencia de una insuficiencia en la cantidad de energía lo que conllevaría a una catabolización de los tejidos corporales para cubrir los requerimientos de energía calorífica (Young, 1987) y la proteína sería utilizada como fuente de energía (Cowey, 1980) produciendo que una mayor proporción de energía se desperdicie en forma de calor (Cho y Kaushik, 1985); consecuentemente menor cantidad de proteína sería retenida en el cuerpo de los peces, representando un incremento innecesario en los costos de alimentación. Por otro lado, si existe un exceso de energía en la dieta puede reducir el consumo de alimento impidiendo que las proteínas necesarias para el crecimiento puedan ser ingeridas por los peces (Lovell, 1994), así como aumentar la deposición de grasa en el cuerpo de estos (Jauncey y Ross, 1982; NRC, 1983).

En camarones el T2 fue quien obtuvo los mejores incrementos de los parámetros productivos.

El mayor consumo de alimento fue superior en el T1 (35% proteína y 3200 Kcal ED); sin embargo, no denotaron diferencia significativa entre ninguno de los tratamientos. Durante el período de investigación se corroboró que el consumo de alimento se vió influenciado por el incremento del pez, es decir existe una relación directa entre la cantidad de alimento a suministrarse para dicho lote y el incremento de biomasa, tal como lo menciona Dorado (1996). En camarones no se obtuvo el consumo de alimento debido al tipo de cultivo desarrollado (policultivo), donde Ponce y Hernández (1988) establecen que los peces son la biomasa principal con una densidad mayor a la de los camarones, donde éstos son agregados como miembros marginales sembrados a una densidad menor, sin alimentación suplementaria específica para ellos.

La eficiencia de las 4 dietas experimentales se midió mediante la evaluación de las conversiones alimenticias, siendo el T4 (40% proteína y 3500 Kcal ED) el más eficiente; sin embargo, no mostró diferencia significativa con los tratamientos restantes.

Con respecto a la sobrevivencia, finalizado el experimento no se encontró diferencia significativa existiendo una mayor supervivencia en las tilapias alimentadas con 40% de proteína y 3200 Kcal ED (T3) en relación a las demás dietas. Ensayos realizados por Burmester (2001) en sistema intensivo, bajo una dieta con 40% de proteína obtuvo 65% de la sobrevivencia; por otro lado, Berman (1997) obtuvo 60-80% de sobrevivencia en alevines alimentados con dietas con 35-40% de proteína.

Finalmente en el análisis de costos, como se puede observar en la Tabla 2, cada tratamiento generó costos por alimentación; no obstante, la velocidad de crecimiento que generan estos determinan la performance de la producción. En los costos de los tratamientos por Kg/Tilapia producida el mayor gasto incurrió con 40% de proteína y 3200 Kcal ED/Kg alimento de mayor conversión alimenticia, siendo el tratamiento con 35% de proteína y 3200 Kcal ED/Kg alimento el que denotó el menor costo de alimentación/Kg de tilapia producida. Demostrando que no siempre los mejores conversiones alimenticias T4 (0,66) determinan el menor costo de alimentación debido a que están asociados a los costos que genera la formulación de la dieta.

 

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