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Primeras evidencias de la implicación de una micobacteria en la enfermedad del punto rojo de las doradas
Enviado por el Laboratorio de Ictiopatología del grupo de Vigilancia Sanitaria Veterinaria y de Anatomía Patológica de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid en colaboración con los Servicios Veterinarios de la empresa Dibaq-Diproteg.


Figura 1. Imagen de las ulceras que se observan en el curso de la enfermedad del punto rojo de las doradas, en una fase inicial (A) y más avanzada del proceso (B).

Durante los últimos dos años se ha venido detectando en diferentes piscifactorías de doradas de las zonas de Almería y Granada un proceso al que se denomina “enfermedad del punto rojo de las doradas (seabream red spot disease)” que se manifiesta por una lesión ulcerativa, que comienza siendo de tamaño puntiforme y aspecto congestivo, extendiéndose en poco tiempo por la piel produciendo descamación, despigmentación y necrosis de la zona afectada. Las ulceras se distribuyen por todo el cuerpo, siendo los laterales próximos a la línea media, el dorso y la base de las aletas las zonas más frecuentemente afectadas (Figura 1a). En un número reducido de peces afectados se observaron también lesiones granulomatosas en bazo (Figura 1b). Afecta a doradas de todos los tamaños, pero principalmente a peces entre los 150 y 200 g. de peso. Aunque, de acuerdo con los datos que conocemos, la mortalidad que ocasiona este proceso no es muy elevada, sí acarrea graves pérdidas económicas a los piscicultores como consecuencia de la dificultad para comercializar los peces afectados. Durante este año 2005 se ha detectado también el mismo proceso en diferentes plantas de Alicante y Marruecos. Aunque este es el primer año que hemos tenido conciencia de este proceso en este país, los piscicultores consultados aseguran llevar varios años observando la misma sintomatología.

El aislamiento del posible agente etiológico, tanto bacteriano como vírico, se había intentado hasta ahora sin éxito.


Figure 2.- Electroforesis en gel de agarosa teñido con bromuro de etidio donde se observan los productos de amplificación de PCR (1030 bp) generados utilizando iniciadores frente al gen ARNr 16S específicos del género Mycobacterium. Línea 1, marcador de peso molecular; línea 2, control negativo; líneas 3 y 4: aislados de hígado de dos tencas diferentes.

Los Laboratorios de Ictiopatología del grupo de Vigilancia Sanitaria Veterinaria y de Anatomía Patológica de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con los Servicios Veterinarios de la empresa Dibaq-Diproteg, han conseguido identificar, utilizando distintas técnicas moleculares directamente a partir de los tejidos afectados, a Mycobacterium fortuitum como el posible agente etiológico de este proceso.

Hasta el momento M. fortuitum se había aislado de diferentes especies cultivadas, pero nunca se había asociado a patología en doradas. Aunque la producción de úlceras se ha descrito durante el curso de las infecciones por micobacterias en peces, no es esta la lesión más característica, lo cual puede haber motivado que hasta el momento no se hubiesen utilizado metodologías específicas para detectar e identificar a estos patógenos en las doradas afectadas.
Las especies implicadas en micobacteriosis de peces son en general difíciles de cultivar en el laboratorio, incluso utilizando medios específicos. Este podría ser uno de los motivos por los que hasta el momento no se había conseguido identificar a M. fortuitum en ninguno de los intentos previos, y que llevaron a utilizar desde el principio un abordaje molecular.


Figura 3: Bazo: A) Lesión multifocal correspondiente a granulomatosas. H&E. 4x; B) Granuloma tuberculoso: se observa un foco central de necrosis (*) rodeado de células epiteliodes y células gigantes tipo Langhans. H&E. 10x; C) Granuloma tuberculoso: Presencia de bacilos ácido alcohol resistentes (flechas). Ziehl-Neelssen. 40x; D) Piel: Ulcera tuberculosa. H&E. 2x

Para llegar a este diagnóstico se han utilizado técnicas de PCR, específicas del género Mycobacterium (Figura 2), así como de secuenciación del gen que codifica para el ARN ribosomal 16S. Estas técnicas son sumamente sensibles y específicas, y aunque no son técnicas de rutina para la mayoría de los laboratorios de microbiología clínica, se utilizan cada vez con mayor frecuencia en laboratorios de referencia o altamente especializados como alternativa al aislamiento e identificación fenotípica tradicional.

Este tipo de técnicas moleculares aplicadas al diagnóstico e identificación bacteriana ya habían sido utilizadas con anterioridad por los miembros del Laboratorio de Ictiopatología, cuando describieron la primera infección en rodaballo por Streptococcus parauberis, o cuando asociaron por primera vez la especie Pseudomonas anguilliseptica con los primeros casos de la enfermedad de invierno en doradas. Los estudios histopatológicos de las muestras analizadas mostraron asimismo la presencia de los típicos nódulos granulomatosos producidos en las infecciones por estos microorganismos (Figura 3).

 

La micobacteriosis de los peces es un término genérico que se utiliza para designar una enfermedad contagiosa de tipo progresivo y crónico causada por distintas especies del género Mycobacterium, ocasionando mortalidades que oscilan entre el 2 y el 10% de los peces afectados. Aunque el impacto sanitario y económico de las micobacteriosis no es comparable al de otras enfermedades de etiología bacteriana como la forunculosis, vibriosis o lactococosis, el grupo de Vigilancia Sanitaria Veterinaria ha observado en los últimos meses un aumento significativo en el número casos que reciben en su Laboratorio de Ictiopatología relacionados con infecciones por micobacterias. Las tres especies de micobacterias implicadas más frecuentemente son M. marinum, M. fortuitum, y M. chelonae.

Esas micobacterias son bacterias ambientales relativamente comunes en el medio acuático, habiéndose aislado de aguas costeras y de instalaciones de acuicultura, así como en más de 150 especies de pescados marinos y de agua dulce. La micobacteriosis ha sido diagnosticada en todo el mundo en algunas de las principales especies de peces cultivadas, tales como dorada, lubina, pez gato, rodaballo o salmón. Algunas de las especies de especies de micobacterias son zoonósicas, siendo responsables en el hombre de distintos cuadros clínicos, generalmente cutáneos relacionados con la manipulación de peces o pescado contaminado. Podría por tanto considerarse una enfermedad profesional y, en este sentido, desde el punto de vista del consumidor, el peligro potencial que pueden representar es prácticamente inexistente, especialmente si tenemos en cuenta los exhaustivos controles sanitarios que los piscicultores aplican de manera rutinaria durante todo el proceso de producción y comercialización de sus productos.


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