Gestión
de recursos humanos en granjas marinas off-shore:
Mantenimiento
“La
contemplación de una actuación
consciente y consecuente es para muchas
personas un espectáculo tan
sorprendente que conduce a muchos
a seguir el ejemplo antes de conocer
la meta” - Edgar Schumacher.
Premisa:
para que todos tus esfuerzos en el
mar no sean baldíos, para que
todas tus proyecciones de crecimiento
no sean erróneas, para que
no erres en la cantidad de alimentación
y además cierres ciclos con
conversiones esperadas, para todo
ello, deben de haber peces en la jaula…
¿Qué
gasto nos supone los cambios de red?,
¿qué gasto nos supone
la cabuyería?, ¿cerramos
los lotes con altas supervivencias?,
o por el contrario, después de
gastarnos mucho dinero y trabajo en
mantenimiento, seguimos con mucha incertidumbre
en torno al stock de peces con el que
trabajamos. ¿Están nuestras
instalaciones preparadas para los temporales?
Partiendo del concepto de gestión
como la acción y efecto de gestionar,
y entendiendo por gestionar la realización
de diligencias encaminadas a la obtención
de un negocio o beneficio empresarial,
y tomando a las personas como los recursos
activos de las organizaciones, podría
decirse que la gestión de recursos
humanos sería "el conjunto
de actividades que ponen en funcionamiento,
desarrollan y movilizan a las personas
que una organización necesita
para realizar sus objetivos". De
esta definición se desprende
lo siguiente:
1.
En el proceso
de gestión de
recursos humanos intervienen
todos los miembros activos
de la empresa, entendiéndose
por tales: la dirección
general con tareas de
mando, los buzos, patrones,
alimentadores, y administrativos.
2.
Para poner en funcionamiento
a las personas de una
organización necesitamos
definir las políticas
de personal, y articular
las funciones sociales
considerando los objetivos
de la organización
(premisa estratégica).
3.
Pero además
se necesitan métodos
para conseguir, conservar
y desarrollar esos recursos
humanos, estimular en
granja (premisa operativa).
4.
Todo ello no
podrá ser llevado
a cabo sin la ayuda de
instrumentos administrativos,
reglamentarios e instrumentales
(premisa logística).
5.
Hablar de las
personas como recurso
humano no es más
que un lapsus freudiano:
se trata a la personas
como un recurso, como
algo que se compra, vende
y (si se “rompe”) se repara.
Para mi entender, esta
definición, altamente
extendida, no es para
nada acertada. Yo hablaría
del personal de planta
como compañeros,
como acuicultores.
Las
granjas deben, a priori,
tener asignados unos puestos,
unas funciones, que deben
de paliar unos requerimientos,
unas necesidades más
o menos generales: necesitamos
engordar peces, pues alimentadores;
necesitamos llevar barcos,
pues patrones; y si necesitamos
mantenimiento, ahí
están los buzos.
Creo que el primer error
en granja es el de asignar
estas denominaciones que
a veces encasillan a los
trabajadores y maniatan,
otras, a los granjeros.
Considero que
los trabajadores de una
granja de tierra se llaman
granjeros, independientemente
de la faena que realicen;
en el mar deberían
ser llamados acuicultores.
Claro está, que
atendiendo a la formación
del acuicultor, debería
hacer en mayor medida
la tarea para la que se
ha formado, por la que
además, seguramente,
ha sido contratado; pero
sin olvidar que es ante
todo un acuicultor.
A mí no me gusta
hablar de piscifactorías,
denota algo peyorativo,
factoría de peces,
nadie habla de “pollofactorías”
o “cerdosfactoría”,
se les llama granja, creo
que desde el Neolítico.
Habría
que empezar a desterrar
esa palabra que nos dice,
que esos lugares donde
cultivamos peces, esos
sitios de naturaleza extrema,
se parecen más
a una fábrica de
tornillería. Borremos
la palabra.
Pues bien, no hagamos
que en las granjas marinas
el trabajador se sienta
como en una fábrica,
con una tarea predecible
y con unas responsabilidades
estrictas. ¡Compliquémosle
la vida! Dadle
más tareas, más
responsabilidades, no
sólo la que le
corresponda en principio,
una general que debe estar
embebida en su profesionalidad:
el buen estado de la granja.
Alimentar, alimentan físicamente
los alimentadores. Pero
los buzos deben estar
monitorizando diariamente
la alimentación,
ya sea viendo el pienso
en el fondo o si éste
se sale por las redes.
Entonces, quienes alimentan
son todos los que han
de responsabilizarse.
Todos están en
el mismo barco.
Acuicultor trabajando
"...los trabajadores
de una granja de tierra
se llaman granjeros, independientemente
de la faena que realicen;
en el mar deberían
ser llamados acuicultores."
Jaulas
"Ya
tenemos bastante incertidumbre
en nuestras jaulas con los
números de peces
y las roturas de redes,
no le añadamos más
a nuestro cultivo no contando
la mortalidad."
Alimentando
"Contagiar
a toda la planta el mimo
que la granja ha de tener
es trabajo común
de la acuicultura"
Licenciado en Biología
Marina, Universidad
de Alicante, donde realizó
también un curso
de Doctorado en Ciencias
Del Mar.
Experto en producción
en jaulas de dorada,
lubina y pionero en
producción de
corvina en el Mediterráneo,
ha desarrollado proyectos
e instalación
de jaulas en Mediterráneo,
Mar del Norte y Atlántico.
Asimismo, ha realizado
la instalación
de sistemas automáticos
de alimentación
y gestión en
mar abierto.
Experimentado patrón
y buzo, actualmente
trabaja en Dibaq-Diproteg.
Con el mantenimiento ocurre exactamente
igual. Los buzos deben revisar las redes,
la cabuyería, los fondeos y tensar
la instalación al ritmo que le
marque la empresa; pero los alimentadores,
cuando alimentan no pueden quedarse en
sólo eso, deben realizar
una revisión de la jaula en superficie,
la cual es prácticamente imposible
que la realice un buzo igual de bien.
El alimentador puede revisar la red no
sumergida, la instalación antipájaros,
las estachas, etc.
A todos nos interesa que los peces estén
bien.
Hay que formar a los buzos en la revisión
de la instalación, pero también,
igual ó más importante,
en la extracción de posibles bajas.
Las
bajas han de ser contadas una por una
y en superficie, no hay otra forma. De
que nos sirve poner bridas en nuestros
agujeros, si luego las bajas no se cuentan;
al final no controlaremos la biomasa de
cultivo y será como si tuviéramos
un agujero constante.
Ya tenemos bastante incertidumbre en nuestras
jaulas con los números de peces
y las roturas de redes, no le añadamos
más a nuestro cultivo no contando
la mortalidad.
Los buzos deberían estar alentados
de que el trabajo bien hecho es así,
no hay otra manera. No obstante,
si encuentran una mortalidad en el copo
de alguna jaula, después de un
largo y frío día de inmersión,
deberían tener la libertad de sacarla
al día siguiente, buscar un compañero,
o utilizar aparatos de extracción
de bajas (como lif-up); pero nunca valorar
las bajas a ojo. Y por supuesto, bajo
ningún concepto, dejar caer las
bajas bajo la instalación pues
sólo se convertirá en la
espada de Damocles como agente etiológico
de ulteriores infecciones.
Todo el mundo sabe cómo debe hacerse
el mantenimiento de nuestras granjas,
cada una está expuesta de manera
que sólo los que trabajan en ella
conocen. Pero, todos han de trabajar
en bloque, porque si no hay granja no
hay peces. No es trabajo de los buzos,
es trabajo de los acuicultores.
La instalación trabaja como un
ente vivo, que responde de manera personal
a cada empaque del mar, olas, corrientes,
corrosión galvánica, etc.
No es motivo con estas líneas
hacer un manual de mantenimiento - para
eso están las preguntas directas
en la sección expertos de este
portal - pues cada profesional de su planta
sabe, mejor que nadie, como tratar a sus
jaulas.
1.
El mimo por
la instalación ha de ser
máximo y los conocimientos
de cómo trabaja la instalación
deben ser universales a todos
los trabajadores de la granja,
implicando y contagiando a cada
uno de ellos, y no subdividiendo
tareas mecánicas y predecibles.
La acuicultura no es una fábrica,
me niego a pensarlo. La acuicultura
es arte, sacrificio, compañerismo
y ciencia, con dosis de gallardía
y muchísimo trabajo.
2.La implicación en
el mantenimiento debe ser de todos
los trabajadores. El responsable
de planta se debe dedicar en cuerpo
y alma a hacer partícipes
de ello a todo el mundo, y a generalizar
los conocimientos de mantenimiento
a toda su planta, sin distinciones
de perfil profesional. Todos debemos
velar porque la granja esté
perfecta ante un temporal. No sólo
los buzos, como no sólo los
alimentadores se deben encargar
de que el pienso no se pierda.
3.
Cualquier apreciación
debe ser bienvenida, una
estacha que flota, una boya demasiado
hundida, una perimetral que siempre
está estropeada. Todo se
debería debatir por todos
en reuniones semanales cortas para
discutir tareas de mantenimiento.
Lo perfecto de ayer es lo obsoleto
de hoy.
4.
Los días
de temporal son nuestra razón
de ser. Porque si todo
funcionara perfectamente y no ocurren
imprevistos, ¿para qué
nos necesitan en mantenimiento?,
no nos podemos arrugar al frío
o a la mala mar - respetando, obviamente
la seguridad. Un problema, es un
desafío.
5.
Cuando hay mala mar, cuando las
corrientes son grandes, es cuando
los buzos y encargados de mantenimiento
más directo deben dar un
paso al frente. La instalación
debe estar perfecta previo al temporal,
pero los imprevistos ocurren, y
en temporal y los días posteriores
al temporal es cuando se aprende.
Y todo lo aprendido debe ser extendido
al resto de la planta
6.
La granja es un todo, y
todos debemos velar por el mantenimiento
de ésta, ya que los problemas
en estructura serán problemas
sanitarios o de alimentación
posteriores.
Sirva este texto como una humilde
base para la discusión, no
quiere ser nada más ostentoso.
Como sabemos, estamos ante una etapa
crucial en el desarrollo de la acuicultura
nacional, hay que poner toda la
carne en el asador y trabajar más
y mejor que la competencia, venga
ésta de donde venga.
Tratar a la granja como algo vivo
en el que todos nos responsabilicemos
de su estado de salud es vital.
Los peces son nuestras células;
las jaulas, órganos; y el
entramado y fondeo nuestro esqueleto.
Contagiar a toda la planta el mimo
que la granja ha de tener es trabajo
común de la acuicultura.
Esto es fácil de decir, difícil
de hacer. Eloy
Meseguer