En años recientes, la idea de
utilizar biomasa de microalgas cultivadas para
la obtención de nuevas fuentes de biocombustibles
ha proliferado en el planeta, creando expectativas
y confianza en una solución a corto plazo
para los ya conocidos problemas asociados al
uso de combustibles fósiles.
Esta situación se ha visto favorecida
por ciertas iniciativas, aparentemente en posesión
de nuevas tecnologías, que no han trascendido
en los medios de difusión científicos,
que prevén una producción masiva
de microalgas en el exterior muy por encima
de valores esperados de acuerdo al nivel de
conocimiento científico-técnico
actual. Algunas propuestas, sorprendentemente,
llegan a reclamar valores de producción
de biomasa de microalgas superiores a los límites
termodinámicos impuestos por el propio
proceso de fotosíntesis. La difusión
de estas iniciativas en medios de comunicación
masivos, que obviamente no poseen la suficiente
y especializada capacidad crítica para
evaluar su viabilidad, está contribuyendo
a crear la idea generalizada de que la obtención
de una fuente de energía alternativa,
a partir de biomasa de microalgas, es una realidad
inminente.
A la vista de la rápida
popularidad que las microalgas han alcanzado
en los últimos años por su consideración
para la elaboración de biocombustibles,
se podría percibir la idea de que su
cultivo es una actividad nueva. Nada mas lejos
de la realidad. Mas de sesenta años de
investigación en ficología aplicada
avalan un conocimiento actual sobre producción
masiva de microalgas que ha permitido su uso
como alimento en la acuicultura de criadero
de especies marinas, la depuración de
aguas residuales y la producción de compuestos
para sectores como la dietética y la
cosmética. Se trata de productos cuyo
valor de mercado permite llevar a cabo de forma
rentable este tipo de actividad económica.
La
idea de utilizar microalgas con fines energéticos
no ha surgido ahora, ya que existen documentos
publicados hace mas de treinta años en
los que ya se apuntaba en este sentido. De especial
relevancia es el trabajo realizado en Estados
Unidos entre 1978 y 1996, recogido en un amplio
informe (A Look Back at the U.S. Department
of Energy’s. Aquatic Species Program:
Biodiesel from Algae.). Este informe concluyó
que la producción de microalgas con fines
energéticos es potencialmente viable
desde la perspectiva técnica, pero no
desde el punto de vista económico. En
la actualidad estos criterios aún perduran.
La pregunta que surge entonces es ¿por
qué ahora súbitamente han aparecido
tantas iniciativas que postulan disponer de
métodos para la producción industrial
de biocombustibles a partir de microalgas?
Según se detalla mas
adelante, no existen evidencias científico-técnicas
publicadas que avalen sistemas de producción
de microalgas en el exterior con costes y dimensiones
de la explotación compatibles con un
uso económicamente rentable para biocombustibles.
Aunque no sea posible encontrar unas causas
claras para explicar este auge, sí se
puede hacer coincidir con una serie de circunstancias
que han acontecido casi a la par, y que pueden
haber estimulado este fenómeno. Entre
ellas se podría destacar el establecimiento
de un precio para el CO 2 de origen industrial,
derivado de las medidas para combatir la emisión
de gases con efecto invernadero, así
como la inestabilidad en el precio del petróleo,
unida a la continua amenaza de su agotamiento.
Por otro lado, el descrédito del uso
de materias primas agrícolas con fines
energéticos, por su efecto negativo sobre
la alimentación de gran parte de la humanidad,
ha contribuido también a la búsqueda
de otras fuentes renovables de energía
que no estén directamente relacionadas
con la alimentación del hombre.
A partir de la biomasa de microalgas
producidas a expensas de la fotosíntesis,
y con la participación de CO2 capturado
de la industria y nutrientes de desecho resultantes
de la actividad humana, se crea un escenario
en el que se percibe una atractiva posibilidad
técnica de conseguir compuestos energéticos.
Los principales compuestos con potencial
de obtención a partir de microalgas son
etanol y aceites. El primero requiere
de la consecución de microalgas capaces
de desviar compuestos del ciclo de Calvin hacia
rutas que rindan etanol, siendo necesario para
ello una labor de investigación en ingeniería
genética que permita disponer de estirpes
en las que los genes implantados en su genoma
se expresen de manera estable. Debido a esto,
solamente se consideran cianobacterias dada
la mayor simplicidad de su genoma procariota.
Las cianobacterias no son, por el contrario,
adecuadas como fuente de aceites debido a que
su contenido lipídico no sobrepasa el
10%. Como fuente de aceites que puedan ser transformados
en biodiesel existen microalgas incluidas en
diferentes Clases taxonómicas, cuya principal
diferencia interespecífica radica en
el grado de saturación de los ácidos
grasos sintetizados por las mismas.
El
objetivo de este documento es el de
presentar una serie de reflexiones personales
sobre el estado actual y las posibilidades del
cultivo masivo en el exterior de microalgas
cuando estas se pretenden destinar a fines energéticos.
Estas reflexiones se basan en los conocimientos
adquiridos tras años de investigación
y desarrollo en el cultivo, cosecha y preservación
de microalgas marinas, así como en conclusiones
extraídas de documentos publicados por
ficólogos de reconocido prestigio internacional.
Asimismo, las consideraciones aquí presentadas
se ciñen exclusivamente a procesos biológicos
y económicos relacionados con la producción
de microalgas, ignorando eventuales fenómenos
financieros o subvenciones, que puedan modificar
lo que debe ser un balance económico
real. Se trata simplemente de difundir
de manera concisa y clara una serie de conceptos
elementales, extraídos del conocimiento
científico-técnico actual en producción
de microalgas, que puedan ser útiles
al no especialista para comprender mejor las
posibilidades reales de esta actividad en el
presente. El documento tiene también
como finalidad la de manifestar el
temor de que un eventual fracaso en la obtención
de biocombustibles a partir de microalgas, debido
a un escaso conocimiento tecnológico,
pueda acarrear el descrédito ante la
opinión pública de las microalgas.
La profusa y descompensada difusión de
las microalgas como fuente de biocombustibles,
en comparación con el resto de las numerosas
aplicaciones potenciales de las microalgas,
podría tener ese efecto, y dicho fracaso
podría afectar colateralmente al interés
social por importantes aplicaciones futuras
de las microalgas en materia de nutrición
y farmacia.
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