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Entrevista
a José Fernández Polanco,
experto en investigación de mercados
“Tenemos
un mercado muy desprotegido por nuestros
consumidores”
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misPeces.com - 09/03/2009 |
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El
60 por ciento del pescado que se consume
en España proviene de la importación.
¿Saben realmente los consumidores
diferenciar un pescado de cultivo local,
frente a uno cultivado en Vietnam, por ejemplo?
¿Cuál es el rol que juegan
los etiquetados y las certificaciones en
el mercado de los productos pesqueros?
misPeces.com entrevistó
en exclusiva a José Fernández-Polanco,
Profesor de Investigación de Mercados
en la Universidad de Cantabria, España.
Fernández-Polanco se ha especializado
en comportamiento del consumidor y forma
parte del “Grupo de Investigación
para el Desarrollo Sostenible del Sector
Primario”. Dentro de este grupo es el encargado
de la investigación del comportamiento
de compra en mercados de pescados.
Además ha estado implicado en varios
proyectos para instituciones privadas y
públicas, dentro y fuera de de España.
Como resultado de estos proyectos es coautor
de varias publicaciones sobre el mercado
de la acuicultura en España, además
de haber defendido comunicaciones en la
mayoría de los principales congresos
de relevancia internacional sobre acuicultura
y economía pesquera que han tenido
lugar en los últimos 3 años.
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¿Cómo
ha evolucionado la actitud del consumidor
español frente a los productos de la
acuicultura? |
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Este
mes se publicarán los resultados del
estudio “Valoración de la acuicultura
en España”, que solicitó
la Secretaria General de Pesca Marítima,
que mediante la aplicación de técnicas
de psicología social, ha permitido
medir actitudes del consumidor español
hacia la acuicultura.
Esta investigación se basa en encuestas
anuales independientes de más de 3.000
entrevistados cada una. En los tres últimos
años, en los que se ha realizado la
medición específica, las puntuaciones
son las mismas, es decir, no ha habido evolución.
En las encuestas hemos obtenido que el
40 por ciento de los consumidores no es capaz
de identificar, ni siquiera, una especie entre
todas las que se cultivan en el país.
En los países del Norte de Europa y
anglosajones hay más información
sobre la acuicultura, pero ello también
tiene dos caras, ya que significa que los
detractores de la actividad mantienen posiciones
más radicales y mejor fundamentadas.
Si nos atenemos al panel de consumo alimentario
del Ministerio, el consumo de productos del
mar en el país se mantiene estable,
pero no nos podemos quejar, ya que somos uno
de los mayores consumidores de productos pesqueros
del mundo, sin embargo la información
que llega al mercado es escasa o
muchas veces es incompleta o incluso errónea,
sino engañosa.
Los resultados de nuestro estudio
nos permiten contar con una radiografía
sobre la percepción de la acuicultura
en los últimos 5 años, sobre
lubina, dorada, rodaballo, trucha y mejillón.
Se elaboraron escalas para realizar
pruebas de modelo de compra, y se llegó
a la misma conclusión: hay
comportamientos de consumidores responsables
y oportunidades para productos ecológicos
y orgánicos, pero la ausencia
de marcas o sellos distintivos, y la inadecuada
identificación del producto en muchos
puntos de venta, impide su desarrollo y aprovechamiento
de cara a mejorar la apreciación de
la acuicultura por estos nichos de consumidores.
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¿Está
dispuesto el consumidor a pagar un mayor precio
por un producto pesquero que cuente con una
certificación? |
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Muchas
veces, como ha puesto de manifiesto la Organización
de Consumidores y Usuarios (OCU), el
consumidor ni siquiera sabe que el producto
que adquiere es de acuicultura. En
España y en general en el sur de Europa
no es común que los productos
de la acuicultura destaquen las propias ventajas
del cultivo como son la calidad,
la trazabilidad completa, la seguridad alimentaria
y la sostenibilidad. Es posible que los consumidores
paguen un mayor precio por un producto que
asegura sostenibilidad, pero aún no
existe, en nuestro mercado pesquero, un producto
que ofrezca nada parecido a través
de una etiqueta, y no hay garantías
de que ésta llegue al consumidor final.
Ahora
lo que está en boga en las pesquerías
de casi todo el mundo son las certificaciones,
es decir un distintivo que asegura ciertos
atributos en un producto que puede ser acreditada
por organismos internacionales, estatales,
por parte de terceros o incluso por la propia
empresa.
Cumplir con los atributos buscados y destacarlos
puede convencer a los consumidores responsables
a pagar un poco más por un producto
de alimentación.
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| Basado
en su experiencia a lo largo de las colaboraciones
internacionales que mantiene, ¿existe
algún "modelo de diferenciación"
(marca y/o etiquetado) que funcione y se pueda
adaptar a la realidad española? |
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En
los países anglosajones, y norte de
Europa, sí funcionan las marcas o etiquetas
y también en Australia, donde
el objetivo primordial en este momento es
asegurar la correcta identificación
del producto en el punto de venta. Es de destacar
la labor del gobierno del Estado de South
Australia, que a través de la institución
pública PIRSA (Primary
Industry Resources South Australia) controla
estrictamente el cumplimiento de las condiciones
medioambientales en la producción de
la acuicultura, para convertirla en la bandera
del desarrollo del mercado para sus productos.
Existe también la certificación
del Marine Stewardship Council (MSC)
para asegurar la sostenibilidad de la pesquería
a nivel mundial y de otras organizaciones
que están elaborando sus propias estrategias
para asegurar específicamente la calidad
de los productos de la acuicultura.
Sin
embargo, sin dejar de lado la importancia
de estar dentro de las certificaciones internacionales
de mayor prestigio, en España
aún podemos aprovechar la imagen de
la que gozan determinadas áreas geográficas
y resaltar sus cualidades. Lo que
resulta de vital importancia para el futuro
de nuestra industria es conseguir diferenciar,
en el punto de venta, el producto local del
importado. Este último no dejará
de entrar, o sufriremos un fuerte desabastecimiento,
con consecuencias desastrosas para los consumidores.
Se trata de que el producto nacional, que
goza de gran reconocimiento, no compita en
precio con las importaciones, sino en otros
atributos que suponen un mayor valor percibido.
De acuerdo a las puntuaciones que se obtienen
en los estudios de comportamiento del consumidor
que hemos realizado para la acuicultura española,
lo principal que se debe destacar
es el origen del producto. En determinadas
Comunidades Autónomas tener una etiqueta,
por ejemplo de una dorada andaluza, aumenta
en los consumidores la probabilidad de compra,
al tiempo que reduce la sensibilidad a las
variaciones en los precios.
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| En
el caso del panga, ¿Cuáles creen
que son las razones del crecimiento del consumo
en España? |
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El
éxito de la comercialización
de los filetes de panga es un fenómeno
que no sólo sucede en España,
sino en toda Europa. El primer factor del
éxito está en el precio.
Es un producto de acuicultura que garantiza
un abastecimiento continuo a buen precio y
con un margen comercial muy alto, por lo que
a los intermediarios les resulta muy atractivo.
El precio medio en 2008 del kilo de
filete de panga en frontera fue 1.8
euros y en el mercado se puede encontrar hasta
por 9 euros el kilo. Es un producto que económicamente
es interesante para quienes lo importan por
la rentabilidad que conlleva.
Además que en el caso de la venta de
pescados, el consumidor es aceptante
de los productos que la pescadería
ofrece, por lo tanto si este producto
se integra en el canal de venta es lógico
que tenga demanda.
A esto hay que sumarle el hecho de que es
un producto de conveniencia, que
se adapta a las nuevas exigencias fruto de
los cambios sociales ocurridos en España
en las últimas cuatro décadas.
Algo que en el sector productivo local solo
encontramos en la conserva y algunos congelados.
El hecho de que algunos mayoristas estén
descongelando el producto, e intermediarios
sin escrúpulos lo ofrezcan como fresco,
aumenta engañosamente el atractivo
del producto. Ya en su día, cuando
sucedió la crisis de la dorada griega,
advertí en varios foros nacionales
que, mucho más dañino que la
llegada del jonio, era el comportamiento de
algunos fenicios locales. Lo lamentable
sería que la cosa se acabe arreglando
con un nuevo desembarco de Escipión,
en forma de sanciones a nuestro Estado por
incumplimiento de la normativa europea de
trazabilidad de alimentos (93/102/EC).
 Es
un hecho que los distribuidores están
comercializando filetes de panga y las amas
de casa lo están comprando. Afuera
queda la polémica sobre la seguridad
alimentaria, los análisis que se han
hecho en Vigo, etc., pues esa información
no llega al consumidor, quien muchas veces
se va convencido de que ha comprado un filete
de gallo. Más grave todavía
es que muchos de estos incluso lo cocinen
de manera inadecuada, con los riesgos que
conlleva, dado el desconocimiento de que se
trata de un producto descongelado que se vende
como fresco, y la falta de indicaciones al
respecto en los establecimientos detallistas.
Y esto no tiene su origen en el delta del
Mekong, sino mucho más cerca de nuestros
hogares, después de que el producto
ha cruzado la frontera y pasa a ser responsabilidad
de alguien que no se apellida Nguyen.
Lo que pasa con el panga sucede con otras
especies. Desde el momento en que el consumo
se incremento en los años 50, y llegó
pescado fresco a todos los rincones en España,
la demanda se disparo y fue necesario llenar
esta necesidad con productos desde el exterior.
Ahora resulta que tenemos una “nueva” variedad
de lenguado llamada halibut, ya que el nombre
de fletán quedó maldito desde
la crisis con Canadá.
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¿Cuál
es la calidad de la información o etiquetado
que el consumidor de pescados español
recibe sobre los productos pesqueros? |
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Es
muy importante la información que transmitimos
al consumidor. Existe una norma sobre etiquetado
que se cumple en los niveles altos del canal
de comercialización. Existe una etiqueta
oficial que llega hasta la pescadería,
pero la brecha muchas veces se produce
en la información que transmite el
pescadero al consumidor final. Y
esto, muchas veces tampoco es achacable al
detallista, que recibe un producto que desconoce
y sigue las indicaciones que, sobre denominación,
le sugiere su proveedor.
 Con
respecto a las certificaciones, son muy útiles
si se evitan las confusiones, ya que existen
más de 25 tipos distintos. Es necesario
diseñar una estrategia para informar
al consumidor sobre la calidad de los productos,
a través de las etiquetas u otras herramientas.
También existe otra realidad que se
debe considerar y es que invertir
en un mercado sin marcas es un gasto no recuperable,
ya que si no puedes diferenciar tu calidad
frente a los otros, finalmente gana rentabilidad
él que menos invierte en ello.
Por otra parte, mientras el mundo, incluidos
los países en desarrollo como Vietnam,
Senegal, Kenia y otros, se vuelcan hacia la
certificación de su producto, aquí
parece como si hubiese un ban o restricción
a la importación de productos certificados.
De seguir así, acabaremos comprando
el pescado que no quiere nadie, o
lo que es peor, convirtiéndonos en
el motor de la pesca ilegal mundial, que no
puede optar a las certificaciones. Algo que
preocupa fuera, y mucho, ya que nuestra capacidad
importadora es lo suficientemente grande como
para convertirse en una seria amenaza.
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¿Qué
recomendaciones les darían a los productores
de pescados de acuicultura locales? |
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Lo
primero es controlar la trazabilidad del producto.
Se debe asegurar que quien se lleva
en la cesta de la compra una dorada o lubina
de acuicultura debe saber que es un pescado
de acuicultura y que ha sido producido en
España.
 En
mi opinión las acciones de
comunicación en los puntos de venta
son muy efectivas, como por ejemplo
las campañas de divulgación
o degustaciones para los consumidores. Se
debe fortalecer las campañas de información
hacia el consumidor, lo que es una asignatura
que tenemos aún pendiente. Se
debería replicar la experiencia del
reciclaje, cuando nos enseñaron
a todos a reciclar y ser más ecológicos
en una generación que no lo era y pudimos
lograr este cambio de mentalidad. Se debe
seguir ese modelo. Y siempre se deben
destacar las cualidades de la acuicultura,
sobre todo su calidad y buen precio.
Pero no hay que olvidar que el consumidor
termina comprando lo que encuentra en la pescadería,
y que los intereses del intermediario
son principalmente económicos,
donde prima el margen frente a la responsabilidad
social o medioambiental.
Los programas dirigidos a incentivar
el uso de buenas prácticas por parte
de los detallistas, como el “Approved
Fish Names” recientemente puesto en marcha
por el CRC (Cooperative Research Centre) de
Australia, están generando expectativas
muy prometedoras. Todavía es pronto
para evaluar su efectividad, que no podremos
determinar hasta pasados, al menos, dos años.
Pero el hecho de que un buen número
de mercados y pescaderías de la isla
continente se estén incorporando al
mismo, buscando ventajas más
allá de los márgenes, como es
asegurar la satisfacción y fidelidad
del cliente, ya indica una diferencia
de mentalidad muy clara entre quien es un
buen vendedor frente a un estafador. El objetivo
es que estos últimos terminen cerrando
sus negocios, por la perdida de confianza
de sus clientes.
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| ¿Cree
que el alto consumo interno que tiene España
de productos del mar ha afectado la intensidad
de las estrategias de promoción? |
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Esa
ha sido una mentalidad muy presente
en nuestros productores durante mucho tiempo.
Quizás en el momento que hubo un cambio
en este concepto “acerca de pensar que toda
la producción que tengo se va a vender
en el mercado y por lo tanto no tengo problemas
de demanda”, fue durante la crisis de precios
de la dorada al enfrentarse a los competidores
griegos. Si se compara el discurso y la situación
frente al ingreso de los filetes de panga
de Vietnam, es básicamente lo mismo,
solo cambia el país y la especie.
La realidad que reflejan todos los estudios
es que tenemos un mercado muy desprotegido
por nuestros propios consumidores, a los que
se ha descuidado. Es necesario diferenciar
nuestros productos, y asegurarse que esa diferenciación
llegue al último nivel del canal. El
pescado de importación va a seguir
entrando a España, ya que se necesita
importar el 60 por ciento de lo que consumimos.
Tratar de aplicar medidas proteccionistas
es ridículo, además
de descabellado, ya que estamos comprometidos
a cumplir con los acuerdos internacionales,
además que puede acarrear consecuencias
poco deseables, a modo de represalias, a las
inversiones en el exterior de otros sectores
de nuestra economía.
 Por
otro lado, aumentar la producción
de acuicultura en España en momentos
en que la demanda no está asegurada
es un riesgo excesivo. Nosotros nunca
podremos, por motivos de espacio y usos alternativos
de la costa, alcanzar la escala necesaria
para poder competir en costes con países
como Vietnam o China, ni siquiera con otros
más cercanos como Turquía. Volcarse
a la producción desatendiendo el mercado,
en nuestro caso, es un suicidio.
La consecuencia lógica es que los precios
de pescado de importación disminuyan
y los de producción local aumenten
por las características de seguridad
y calidad que proporcionan. Lo ilógico
es lo que está sucediendo ahora y que
el filete de panga de Vietnam se esté
vendiendo más caro que una dorada de
cultivo española. E incluso
pueda llegar a alcanzar precios similares
a los pescados salvajes, cercano a los 8 euros
el kilo. Otro error es tratar de estimular
la demanda reduciendo los precios, como se
hizo este verano, porque después
resulta muy difícil volver a los niveles
anteriores. Si nos atenemos al abc de la teoría
económica, aumentar producción
siempre repercutirá negativamente en
los precios.
La salvación del sector pasa
por que las empresas menos eficientes abandonen
el mercado, bien por absorción
en otras más grandes, o directamente
por el cierre definitivo, quedando
solo aquellos que aseguren las mejores condiciones
de calidad, notoriedad y capacidad
para controlar el recorrido de sus productos
a lo largo del canal. El modelo japonés
del ferrocarril empresarial, en el que los
más fuertes tiran de los más
débiles acaba siendo un lastre, como
se ha visto, perjudicando a ambos. El pequeño
desaparece, aunque tarde más, y el
grande deja de crecer.
Por ello se debe reforzar el concepto
de localidad. A nivel de Comunidades
Autónomas, Andalucía
ha trabajado fuertemente este concepto a través
de las marcas con indicación origen.
Yo he apostado por una marca como “rodaballo
de Galicia”, ya que esta Comunidad
tiene un gran reconocimiento en el mercado
nacional, y puede ser un distintivo de origen
interesante.
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| ¿
Existe alguna alternativa de mercados de exportación
atractivos para los productores españoles? |
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En
principio, si hablamos de acuicultura,
no tiene sentido exportar, es ir
contra la corriente, si tenemos un mercado
interno y que paga un buen precio. Sin embargo,
algunas especies efectivamente tiene un mejor
precio en Italia y Francia, incluso triplicando
su valor local.
Puede ser una opción el exportar
a países que tengan rentas más
altas que las nuestras y por ello
los países nórdicos son atractivos
en este sentido. Pero entonces se abre otro
problema, que es el tipo de producto que hay
que enviarles. Ellos demandan un producto
de conveniencia, como mínimo fileteado.
Con la oferta actual, los únicos filetes
que hay para exportar son los de basa (pangasius),
perca, o fletán. Pero para esta demanda
ya hay quien se los puede abastecer a mejor
precio, y si consideramos el asunto del descongelado,
pues entonces llegará con mejor calidad
desde Vietnam o Tanzania que desde España.
El camino por recorrer es muy largo. Otros
países desarrollados se encuentran
en situaciones parecidas, pero al menos han
reaccionado. Aquí, en Portugal y en
Italia estamos rezagados, y quizá cuando
nos decidamos a mover ficha ya sea demasiado
tarde.
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©
misPeces.com - 09/03/2009 - Maquetación:
C.Cabrera |
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