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La trucha arcoíris, modelo para definir la huella de carbono en el sector agroalimentario

 © misPeces.com - 12/12/2011
  

¿Cuánto dióxido de carbono se genera para producir un kilo de trucha arcoíris? ¿Dónde se concentran las emisiones, cómo se pueden reducir y cómo transmitir esta información al mercado consumidor? Estas son las cuestiones que trata de resolver un proyecto, pionero en la piscicultura continental, que se ha desarrollado durante este año en el Centro Tecnológico de Miranda de Ebro (CTME) y cuyos resultados se conocerán a principios de 2012.

Un estudio extrapolable a otras especies de interés acuícola

El objetivo de la investigación, liderada por Yolanda Núñez y Marta López, jefa y técnica respectivamente del Area de Sostenibilidad del CTME, es definir la huella de carbono de esta especie y diseñar un procedimiento de medición del CO2 que pueda ser válido y extrapolable para otras producciones tanto piscícolas como, en general, del sector agroalimentario.

Según la responsable, el estudio establecerá “una metodología clara y estándar” que permitirá a las empresas realizar el cálculo de las emisiones de gases de efecto invernadero y obtener la llamada declaración ambiental EPD, un sistema de certificación de origen sueco. Esta información sobre el impacto en el calentamiento global podrá reflejarse en el etiquetado del producto, lo que supondrá un valor añadido en términos de imagen e información al consumidor, así como una mayor competitividad en mercados internacionales con especial concienciación ambiental.

La iniciativa está enmarcada en el plan de financiación de I+D+i en los centros tecnológicos de Castilla y León, cofinanciada por la Junta a través de la Agencia de Inversiones y Servicios (ADE) y, sobre todo, cuenta con la participación de la consultora Aliatec y de las empresas Skretting e Ipeasa, una colaboración esencial para poder llevarla a la práctica.

La elección de esta especie como base del estudio se debe, por lo tanto, a esta confluencia de factores, según explica Yolanda Núñez: “Es un sector representativo en Castilla y León y vimos que había escasos estudios del arte; además, cuenta con un fuerte apoyo de la Junta y encontramos a las empresas implicadas dispuestas a participar”.

 

Un minucioso estudio de toda la cadena de valor de la trucha

La característica principal del proyecto es que contempla toda la cadena de valor o ciclo de vida de la trucha, de forma que las primeras mediciones corresponden a la fabricación del pienso, luego pasan a la fase de crecimiento y el posterior engorde en piscifactoría, y concluyen con el proceso de envasado y preparado final del pescado para su distribución y comercialización.

Según describe la coordinadora, “es un proceso arduo de inventariado de datos”, puesto que se miden todas las entradas de energía y consumos necesarios para producir cada uno de los elementos que intervienen en este cultivo.

En este caso, el equipo científico ha tomado como referencia la campaña de 2010.

El estudio arranca en los países donde se encuentran las materias primas empleadas en los piensos, como por ejemplo la soja de Brasil o el aceite y la harina de pescado de Perú; continúa en la factoría de Skretting en Burgos, en la que se producen los nueve tipo de piensos empleados en el cultivo de la trucha; después se traslada a la fábrica de Ipeasa en Vozmediano (Soria), donde se crían los huevos, y a la de Fuentidueña, en la que se hace el engorde, y finaliza en la pescadería donde se vende la trucha entera o en el supermercado donde se comercializa el producto fileteado y envasado.

La fase que concentra el mayor volumen de emisiones de GEI es la primera, debido al impacto del transporte internacional y de la actividad industrial en la producción de la alimentación, donde se analiza desde la recepción de la materia al mezclado, el extrusionado, el secado y hasta el embalaje.

La investigación se encuentra ya en la última fase y en los próximos meses concluirá el análisis de datos y su traducción en valores científicos (cálculo de CO2/kg) para determinar la huella de carbono completa. Núñez destaca el hecho de que la recopilación e interpretación de la información sean un “tarea conjunta” entre el CTME y las empresas. Esta colaboración facilita la investigación pero también permite que las empresas, en base a los resultados obtenidos, puedan implantar mejoras tecnológicas, medidas de reducción de consumos o cambios en sus procesos industriales que supongan una disminución de gastos y una optimización de su funcionamiento.

Además, la metodología estará al alcance tanto de las grandes compañías como de las pymes, ya que éstas podrán centrarse en cuantificar los principales focos de CO2 ya identificados y determinar con fiabilidad la huella de carbono de su actividad.

   © misPeces.com - 12/12/2011