Mirar más hacia dentro, centrarse claramente en la rentabilidad y aprovechar los órganos y estudios existentes para no crear nuevas estructuras ni duplicar trabajos. Éstas son algunas de las observaciones que hace el Catedrático de la Universidad Politécnica de Valencia, Miguel Jover Cerdá, al Plan Nacional de Acuicultura que se presentó el pasado mes de noviembre y que está abierto a la exposición pública y revisión hasta el 15 de marzo.
Jover coincide en la visión general de concebir y difundir la actividad acuícola como un “motor de crecimiento e innovación”, así como en el objetivo de “aumentar la competitividad”, pero considera que las estrategias de futuro para la industria deberían centrarse y concretarse en mejorar la rentabilidad de las empresas: “Competitividad es un término moderno y correcto, pero con ello no se garantiza la rentabilidad. ¿Y si otros son más competitivos? Así no se garantiza el éxito”, argumenta.
Paralelamente a este punto, el también director del Departamento de Ciencia Animal de la UPV estima que el documento realiza un DAFO muy exhaustivo de la situación actual y fruto del cual se proponen 40 acciones en cuatro áreas estratégicas: marco normativo e institucional, productos y mercados, imagen sectorial y I+D+i. Pero en este análisis echa en falta una mayor crítica interna del estado del sector y de debilidades endógenas que afectan transversalmente al diagnóstico y a las soluciones propuestas, como la capacidad de gestión empresarial o los elevados costes de producción.
“Parece que son todos factores exógenos y que toda la responsabilidad de la situación la tiene la administración, los consumidores y la investigación”, apunta el catedrático.
La importancia de que la acuicultura sea considerada estratégica
Jover insiste en la importancia de que la acuicultura sea considerada estratégica porque esta consideración es un “punto de partida clave” que facilitará la realización de muchos de los once objetivos marcados por el Plan, empezando por la mejora de la gobernanza y la legislación, el desarrollo de mercados, el apoyo a la investigación o la difusión de una imagen de seguridad y calidad alimentaria del producto, sobre la que, además, puntualiza que ya existe pero hay que saber transmitirla.
Ser un motor y un valor estratégico sí, pero no “garantizar el liderazgo de la acuicultura”, como aspira el Plan, ya que, “aunque somos primeros en rodaballo, estamos terceros en producción de dorada y lubina y lejos del resto”. No obstante, Jover sí anima a encabezar otros aspectos transversales y más realistas como la formación o la I+D+i.
El presupuesto previsto para el Plan y la dotación a investigación
Este último punto, la investigación, también es foco de atención porque del coste total de 8,1 millones, solo 923.000 euros van destinados a este ámbito, en el que se plantean once acciones. “Es menos de la mitad de lo que se destina al resto”, lamenta Jover, que detalla que más de 3,1 van dirigidos a productos y mercados, 2,1 a imagen sectorial y 1,8 al marco normativo e institucional.
Profundizando en estas áreas y en las cinco iniciativas concretas dotadas de mayor asignación, considera “fundamentales” dos de ellas: la optimización de Jacumar, especialmente porque se le otorga la capacidad para coordinar no solo al sector, sino también a las diferentes CCAA y departamentos competentes; y el observatorio, al que pide tome como referencia muchos trabajos ya realizados para poder avanzar en la realización de “gran estudio marco” y que no se dedique solo a analizar el consumo actual, sino que también explore las tendencias y hábitos futuros.
La participación en el Plan de todos los implicados. Una jornada para el futuro
“Es imposible disponer de personal técnico especialista en todas las disciplinas relacionadas con la acuicultura, por lo que sería mejor implicar a los propios técnicos e investigadores” de estas entidades, como la PTEPA, donde se definen las investigaciones prioritarias que luego se deberían materializar a través de Jacumar, según la opinión del catedrático de la UPV.
Además, pide una mayor participación de centros de investigación y universidades en estos órganos, así como de consumidores y minoristas del pescado, de forma que pueda conseguirse la mayor implicación de todos los agentes.
La misma que también pide en estos momentos para “echar el resto” hasta el 15 de marzo y que el Plan Nacional reciba “contribuciones positivas”.
Como colofón, propone la celebración de unas jornadas en la nueva Secretaría General de Pesca, donde se pondría en común el texto final, y una ampliación del Plan en el futuro “incluyendo a los moluscos y la piscicultura continental”.