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El
Comité Científico de la
Alimentación Humana (CCAH)
de la UE adoptó el 30 de
mayo de 2001 un dictamen
sobre la evaluación del
riesgo de las dioxinas y los
"PCB similares a las
dioxinas" en la
alimentación humana. Se
trató de una actualización
basada en nuevos datos
científicos disponibles
desde la adopción, el 22 de
noviembre de 2000, de un
primer dictamen del CCAH
sobre esta cuestión. El
Comité fijó una ingesta
semanal tolerable (IST) para
las dioxinas y los "PCB
similares a las
dioxinas" equivalente a
14 pg EQT-OMS por Kg de peso
corporal. Sin embargo las
estimaciones de exposición
indican que un porcentaje
considerable de la
población comunitaria
absorbe actualmente por vía
alimentaria una dosis
superior a la ingesta
tolerable.
Es,
por tanto, importante
reducir la exposición de
los seres humanos a las
dioxinas a través del
consumo de alimentos, de
modo que quede garantizada
la protección de los
consumidores. Dado que la
contaminación de los
alimentos para seres humanos
está directamente
relacionada con la
contaminación de los
alimentos para animales, las
autoridades planean adoptar
un planteamiento integrado
que permita reducir la
incidencia de las dioxinas a
lo largo de toda la cadena
alimentaria, es decir, desde
las materias primas para la
alimentación animal hasta
los seres humanos.
La
Comisión Europea pidió al
Comité Científico de la
Alimentación Animal (CCAA)
que prestara asesoramiento
sobre las fuentes de
contaminación de los
alimentos para animales con
dioxinas y PCB. Incluyendo
la exposición a estas
sustancias de los animales
destinados a la producción
de alimentos, la
transferencia de estos
compuestos a los productos
alimentarios de origen
animal, y las posibles
repercusiones en la salud
animal de las dioxinas y los
PCB. El 6 de noviembre de
2000, el CCAA adoptó un
dictamen sobre esta
cuestión, en el que se
indicaba que las harinas y
los aceites de pescado eran
las materias primas
utilizadas en la
alimentación animal mas
contaminadas, y que los
productos de origen europeo
eran los que presentaban
niveles más elevados de
contaminación. Seguían a
continuación las grasas
animales. Las demás
materias primas de origen
animal o vegetal usadas en
la alimentación animal
presentaban niveles
relativamente bajos de
contaminación con dioxinas.
Los niveles de
contaminación con dioxinas
de forrajes variaban en
función de su
localización, del grado de
contaminación con tierra y
de la exposición a fuentes
de contaminación
atmosférica.
La
admisibilidad del contenido
de dioxinas en los alimentos
para animales deberá
evaluarse atendiendo a los
niveles actuales de
contaminación de fondo, que
varían de una materia prima
para la alimentación animal
a otra. El contenido máximo
deberá fijarse, teniendo en
cuenta la contaminación de
fondo, a un nivel estricto
pero viable.
El
establecimiento de medidas
basadas únicamente en el
establecimiento de
contenidos máximos para las
dioxinas y los "PCB
similares a las
dioxinas" en los
ingredientes de los
alimentos para animales de
consumo no serán
suficientes para reducir la
exposición de los seres
humanos a las dioxinas
porque una gran parte del
suministro de alimentos para
animales tendría que ser
declarado no apto para el
consumo animal.
Por
regla general se reconoce
que para reducir activamente
la presencia de dioxinas en
los alimentos para animales,
el establecimiento de
contenidos máximos deberá
ir acompañado de medidas
que estimulen un
planteamiento activo,
incluyendo el
establecimiento de umbrales
de intervención y de
niveles objetivo para los
alimentos para animales,
combinadas con medidas
destinadas a limitar las
emisiones. Los niveles
objetivo indican los niveles
que deben conseguirse para
reducir finalmente la
exposición de la mayoría
de la población a la IST
establecida por el CCAH. Los
umbrales de intervención
son un instrumento que
permite a las autoridades
competentes y a los
operadores identificar los
casos en los que conviene
determinar la fuente de
contaminación y tomar
medidas destinadas a su
reducción o eliminación.
Con ello se conseguirá
reducir progresivamente los
contenidos de dioxinas en
los alimentos para animales
y, posteriormente, alcanzar
los niveles objetivo.

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