ESTUDIO

CTAQUA analiza el valor nutricional de las materias primas fermentadas en dorada y lubina

Los estudios se están llevando a cabo en el marco del proyecto europeo SIMBA

Un océano sano y productivo pasa por incorporar plenamente en la acuicultura nuevas soluciones nutricionales para las especies acuícolas cultivadas. Además de mejorar la rentabilidad empresarial, servirá para alcanzar el objetivo de cero emisiones en 2050

El proyecto europeo SIMBA, participa en este propósito buscando incorporar nuevas fuentes de materia más sostenibles, que puedan utilizarse como fuente principal de proteínas en la alimentación de los peces. Entre otros orígenes destacan los fermentos procedentes de la soja, la colza, y las microalgas: Chlorella vulgaris, Nannochloropsis spp. y Tisochrysis lutea que, además, contienen bacterias lácticas viables.

El papel del centro tecnológico de acuicultura en este proceso pasa por testar en dorada y lubina el rendimiento de estos fermentos por separado en comparación a una dieta estándar. Erik Malta, responsable de SIMBA en CTAQUA, explica que de las 5 dietas experimentales diseñadas por Fermentation Experts, socio del proyecto, dos implican la sustitución de 50% de harina de pescado por dos productos de fermentación diferentes, y 3 dietas con una incorporación de 2% de fitoplancton de las especies anteriormente descritas.

El Centro Tecnológico de Acuicultura CTAQUA, como centro de referencia a nivel nacional, trabaja dentro de este consorcio europeo para testar estas materias primas. Según explica el centro tecnológico en su última newsletter, dentro de este proyecto se encuentra analizado los parámetros de rendimiento y parte de los indicadores del sistema inmunitario en dorada y lubina alimentada con estos fermentos.

En la dorada, señala Malta, la tasa de crecimiento y la eficiencia alimenticia han sido de aproximadamente 10% menor con uno de los productos fermentados, en comparación a la dieta control. Mientras que no hubo diferencias significativas con el otro producto fermentado.

Por su parte, el crecimiento de los peces en las dietas que contenían fitoplancton no fue significativamente diferente en comparación con la dieta de control.

En el caso de la lubina, el rendimiento de las dos dietas que contenían productos fermentados se redujo significativamente entre un 10 y un 15%, mientras que en el caso de la adición de fitoplancton tampoco se encontraron diferencias, detalla Erik Malta.

Los estudios continúan y, actualmente, se están realizando análisis de los indicadores inmunitarios no específicos más relevantes. Los primeros resultados de la actividad de la lisozima, indicador inmunológico no específico, mostraron valores “más altos para las dietas que contenían compuestos fermentados y la microalga Chlorella en ambas especies de peces, aunque las diferencias no fueron significativas en comparación con la dieta de control”, señalan.

En las dietas que contenían Nannochloropsis sp. y Tisochrysis lutea se observó “una disminución significativa y constante de la actividad de la lisozima en comparación con la dieta de control”. También, añade Malta, “estamos terminando los análisis de la composición de la carne de los peces. Los primeros resultados indican que no hay efectos negativos sobre el valor nutricional de los peces”.
Los resultados actuales indican que la adición de fitoplancton a los alimentos para peces no afecta ni mejora el rendimiento general, mientras que los efectos sobre los indicadores inmunológicos podrían ser específicos de cada especie.
La sustitución parcial (50%) de la proteína de la harina de pescado por productos fermentados, en particular el compuesto EP299, no tuvo ningún impacto negativo en el caso de la dorada y una ligera reducción del rendimiento en la lubina. “Esto podría deberse a las preferencias alimentarias específicas de estas especies: la lubina es una especie casi exclusivamente carnívora, mientras que la dorada es mucho más omnívora y se sabe que se alimenta de algas y detritus. Teniendo en cuenta la altísima sustitución de la harina de pescado por compuestos fermentados, estos resultados son alentadores, ya que sugieren que una parte importante de la harina de pescado puede ser sustituida por compuestos más sostenibles. Será muy interesante ver si las dietas experimentales tuvieron efectos sobre los demás parámetros y qué harán por el salmón”, concluye.