Chile se ha convertido en el único país de América Latina con granjas comerciales de poliquetos, consolidando una posición singular en una industria que, a nivel global, ya está plenamente desarrollada en países como Reino Unido, Francia o China.
El cultivo de estos gusanos marinos —utilizados como alimento vivo en acuicultura y como materia prima en aplicaciones biotecnológicas— lleva décadas evolucionando fuera de la región, con sistemas productivos intensivos y cadenas de valor consolidadas. En contraste, América Latina sigue en una fase inicial, con avances centrados principalmente en investigación experimental.
En este escenario, Chile ha logrado trasladar ese conocimiento al plano productivo. El país cultiva especies como Perinereis gualpensis, Perinereis vallata y Abarenicola pusilla, con orientación tanto al mercado internacional como a su integración en sistemas acuícolas industriales. Este desarrollo se ha acompañado de innovación tecnológica, incluyendo el registro de una patente para una máquina cosechadora mecanizada, lo que refleja un grado de madurez poco habitual en la región.
Mientras tanto, países como Colombia, Ecuador, Brasil o Perú avanzan en estudios sobre especies nativas, evaluando su potencial para abastecer a la industria del camarón y reducir la dependencia de importaciones. Sin embargo, estos desarrollos se mantienen en fases de laboratorio o pilotos, sin implantación comercial real.
El interés por los poliquetos responde a una lógica productiva clara. Su alto valor nutricional, especialmente en ácidos grasos esenciales, los convierte en un insumo estratégico para mejorar la reproducción y el rendimiento en especies cultivadas, al tiempo que abren la puerta a nuevos usos en biorremediación y sistemas multitróficos.
La brecha entre Chile y el resto de la región no es tanto de conocimiento como de capacidad de escalado. El país ha demostrado que es posible pasar de la investigación a la producción, en un momento en el que la acuicultura global busca nuevas fuentes de alimento más eficientes y sostenibles.
En ese contexto, el desarrollo de la acuicultura de poliquetos en América Latina no depende ya de su potencial —ampliamente demostrado—, sino de la capacidad del sector para convertirlo en una realidad industrial.

