OPINIÓN

Debemos mejorar la aceptabilidad social de la actividad acuícola

Los relatos que se están construyendo desde Europa, primando la Economía Azul sobre la Comunidad Azul están llamados a fracasar a nivel local.

Hasta hace poco, la aceptabilidad social de la acuicultura ha sido un campo de estudio al que se le ha prestado poca, por no decir, nula atención. En los últimos años, ante la necesidad de hacer crecer en Europa la producción de alimentos acuáticos, ha emergido también la necesidad de abrir un diálogo con los agentes sociales, de forma que comprendan que la soberanía alimentaria ya no se entiende sin la participación de la acuicultura como sistema para producir alimentos.

La aceptabilidad social no se puede medir con estadísticas. Implica desarrollar conceptos vagos e intangibles a través de encuestas a una ciudadanía poco informada sobre qué es la acuicultura y cuáles son los beneficios que aporta.

Europa ya lo sabe, y los Estados miembro están trabajando en potenciar el sector para aumentar la seguridad alimentaría; y también, y no menos importante, generar riqueza y puestos de trabajo. Pero, ¿lo sabe la ciudadanía?

La falta de información al ciudadano deriva en incertidumbres y éstas en rechazo social que emerge como una barrera para la expansión del sector y sus productos.

Por eso, no son pocas las voces que vienen advirtiendo a las máximas instituciones europeas que están fallando a la hora de planear las estrategias, ya que no siempre son aptas parar ser implementadas a un nivel local, por plantearse sin tener en cuenta la complejidad social de cada territorio.

Los relatos que se están construyendo desde Europa, primando la Economía Azul sobre la Comunidad Azul están llamados a fracasar a nivel local. Los ciudadanos no entienden por qué la economía de unos pocos debe prevalecer sobre los aspectos sociales del colectivo.

Durante la planificación costera y en los planes de la actividad acuícola se ha observado también cierto desamparo de la ciudadanía por participar del proceso. Estas deficiencias derivan en incertidumbres y en conflictos sociales, particularmente, por falta de transparencia y confianza en la Administración.

Esta problemática se ve agravada por la complejidad de las interacciones entre ecosistemas y sistemas sociales en zonas costeras y marinas. Especialmente, para actividades económicas nuevas, como son las granjas frente a la costa que son las que más sufren el desapego de la ciudadanía hacia el sector acuícola.

El diálogo entre ciudadanía y sector debe incrementarse

Existe un diálogo deficiente entre el sector y el público. Mejorar la aprobación social de la acuicultura, es un proceso bidireccional en el que se debe poner en conocimiento de la ciudadanía las ventajas que supone tener un sector fuerte y estable para la mejora de la soberanía y seguridad alimentaria. Mientras que, de otra parte, obliga al sector a reconocer su responsabilidad social y responder a lo que se espera de él.

Si se quiere construir un relato para integrar la acuicultura como sistema de producción de alimentos, éste debe diferenciar entre actividad y producto, y segmentarlo por grupos de interés.

Autorizar concesiones frente a la costa, sin un diálogo con la sociedad provoca movilizaciones en contra, poniendo de manifiesto lo vulnerable que puede llegar a ser este sector a la aprobación de la ciudadanía.

Comprender la percepción, los sentimientos y las opiniones de los consumidores sobre la acuicultura como actividad y los productos acuícolas ha sido hasta ahora el primer paso en un largo proceso que llevará algún día a que ambos conceptos sean conocidos. Las futuras campañas de comunicación y marketing deben hacer sentir a los ciudadanos que son importantes en el proceso de concesión.

Los medios de comunicación son parte importante para construir el relato inclusivo y son fundamentales en la mejora de la percepción social de la actividad. No se pueden olvidar de ellos.