TECNOLOGÍA

Del RAS al i-RAS: ¿qué cambia cuando la recirculación se vuelve inteligente?

tanques cultivo langostinos en RAS

Los sistemas de recirculación (RAS) se han consolidado como una de las principales herramientas para avanzar hacia una acuicultura más intensiva y controlada. Sin embargo, su elevado consumo energético y cierta rigidez operativa siguen siendo dos de sus principales puntos débiles. En este contexto, el concepto de i-RAS (intelligent Recirculating Aquaculture System) no plantea un cambio de sistema, sino una evolución tecnológica que introduce una nueva forma de operar.

Desde el punto de vista estructural, un i-RAS no difiere de un RAS convencional. Ambos se apoyan en la recirculación del agua, la filtración mecánica y biológica, la aireación y el control de parámetros como oxígeno, temperatura o pH. La diferencia no está en la arquitectura del sistema, sino en cómo se gobierna su funcionamiento diario.

En un RAS tradicional, el caudal de recirculación y la aireación suelen fijarse para cubrir el peor escenario posible: máxima biomasa, mayor carga metabólica y riesgo elevado de deterioro de la calidad del agua. Este planteamiento garantiza seguridad operativa, pero implica mantener bombas y soplantes funcionando de forma constante, incluso cuando las condiciones reales del cultivo no lo requieren.

Frente a este enfoque, el i-RAS introduce una lógica distinta: ajustar el sistema a la carga real del cultivo, y no a un escenario teórico permanente. El cambio clave es el paso de parámetros fijos a parámetros dinámicos. Mediante sensores en tiempo real —por ejemplo, de amonio, oxígeno disuelto o pH— el sistema puede modificar automáticamente el caudal de recirculación o la intensidad de aireación en función del estado real del agua.

Cuando la calidad es adecuada, el sistema reduce la intensidad de bombeo; cuando detecta un aumento de la carga nitrogenada o una caída del oxígeno, responde incrementando la recirculación. El resultado es un sistema más flexible y adaptativo, que deja de “bombear por inercia” y prioriza la optimización de los recursos energéticos frente a la simple maximización del caudal.

Más allá del concepto, este cambio operativo empieza a traducirse en resultados concretos en términos de costes. En ensayos recientes a escala experimental con bagre híbrido (Clarias macrocephalus × C. gariepinus), los sistemas con control automático del caudal han registrado reducciones de alrededor del 20–25% en el consumo eléctrico asociado al bombeo, manteniendo crecimientos, supervivencia y conversión alimentaria equivalentes a los de sistemas con recirculación fija elevada.

A este ahorro directo se suman efectos indirectos relevantes, como un menor desgaste de bombas y soplantes —al no operar de forma continua a máxima potencia—, una reducción de la carga orgánica gracias a una mejor eficiencia alimentaria y una menor necesidad de intervención manual para ajustar el sistema. En conjunto, estos factores apuntan a un i-RAS más eficiente desde el punto de vista energético y operativo, sin comprometer el rendimiento productivo.

Otra diferencia relevante es el papel del operario. En un RAS convencional, la supervisión humana es fundamental para detectar desviaciones y realizar ajustes continuos. En un i-RAS, muchas de estas decisiones se automatizan, reduciendo la dependencia del factor humano y mejorando la estabilidad operativa del sistema. Además, el uso continuo de sensores convierte la instalación en una fuente constante de datos, facilitando el análisis, la trazabilidad y la toma de decisiones a medio y largo plazo.

El i-RAS no sustituye al RAS tradicional ni elimina sus retos, como la inversión inicial o la complejidad técnica. Tampoco es una solución universal para todas las especies o escalas productivas. Sin embargo, representa una evolución lógica en un contexto en el que el coste energético y la eficiencia operativa pesan cada vez más en la rentabilidad de los proyectos acuícolas.

Más que una revolución tecnológica, el i-RAS plantea una idea sencilla: operar mejor el sistema que ya existe. Y en un escenario de márgenes ajustados, esa diferencia puede resultar decisiva.

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