
Contrario a la suposición histórica de que Streptomyces, un género de Actinobacterias habitantes del suelo, son los principales responsables del sabor “terroso–fangoso” en los sistemas de acuicultura de recirculación (RAS), investigadores han identificado dos cepas de mixobacterias — Myxococcus virescens AT3 y Corallococcus exiguus AT4 — como productores adicionales de geosmina. El estudio fue llevado a cabo por Julia Södergren, Pedro Martínez Noguera, Mikael Agerlin Petersen, Niels O. G. Jørgensen, Raju Podduturi y Mette H. Nicolaisen de la Universidad de Copenhague. Se recogieron muestras de agua y biopelícula de dos unidades RAS al aire libre gestionadas por una granja danesa que cultiva trucha arcoíris (Oncorhynchus mykiss).
Ambos aislados, obtenidos directamente de estos entornos comerciales, albergan el gen de la geosmina sintasa geoA y demostraron sintetizar cantidades medibles de geosmina en condiciones de laboratorio. La geosmina es el terpene responsable del aroma terroso que hace que el pescado de cultivo resulte desagradable sin un proceso de depuración prolongado.
Cuando se cultivaron en medios de bajo contenido nutricional o en agua de cría de RAS, cada cepa de mixobacteria produjo geosmina a tasas por célula marcadamente superiores a las observadas en caldos enriquecidos. Además, el crecimiento en agua de RAS estimuló la liberación de otros compuestos orgánicos volátiles —entre ellos 4-metil-2-heptanona (con aroma a “bosque”), 3-metil-1-butanol (con matices “medicinales” y “químicos”) y un sesquiterpenoide presunto descrito como “mohoso”, “terroso” y “floral”.
Más allá de la producción de sabores indeseables, ambas cepas de Myxococcus demostraron amplias capacidades depredadoras frente a 16 cepas bacterianas aisladas de la colección del RAS, depredando 15 y 14 objetivos respectivamente. Este comportamiento no solo subraya su importancia ecológica, sino que sugiere un papel clave en la configuración del microbioma global de los sistemas RAS.
Esta aportación es relevante por dos motivos principales. Primero, revisa el panorama microbiano de la acuicultura en interiores, mostrando que las mixobacterias —celebradas por su estilo de vida depredador cooperativo— también contribuyen a la síntesis de geosmina. Segundo, abre nuevas vías de mitigación mediante una mejor comprensión de su comportamiento y producción metabólica. Entre las posibles intervenciones destacan la manipulación de los regímenes nutricionales para frenar la biosíntesis de geosmina o el control de las poblaciones de mixobacterias, lo que podría reducir la dependencia de la depuración, un proceso costoso y prolongado.