FORMACIÓN

El FCR no es suficiente: cómo medir de verdad el rendimiento productivo en acuicultura

Por Alejandro Guelfo, 8/01/2026 |

gránulos piensos manos

En acuicultura, pocas cifras atraen tanta atención como el FCR. Durante años ha sido el indicador de referencia para evaluar el rendimiento productivo y, en muchos casos, sigue siendo el primer dato que se consulta. Sin embargo, como ocurre con cualquier métrica simplificada, el problema no está en la cifra en sí, sino en lo que asumimos que explica. Un FCR bajo —incluso inferior a 1— puede ser real, correcto y fisiológicamente coherente. Por sí solo, no obstante, no basta para afirmar que un sistema productivo funciona bien.

Cuando aparece un FCR por debajo de 1, la reacción habitual es de incredulidad. ¿Cómo puede un pez ganar más peso del que recibe en forma de pienso? La respuesta está en la biología del pez y en la forma en que se define el indicador. El FCR compara el alimento suministrado medido como materia seca con el incremento de biomasa del pez, que se expresa en peso húmedo. Esta asimetría es clave. El pienso comercial contiene alrededor de un 90% de materia seca, mientras que el cuerpo de un pez está compuesto en un 70–80% por agua. A medida que el pez crece, una parte sustancial de ese aumento de peso corresponde al agua incorporada a los tejidos, no a nueva materia seca.

Este efecto se ve reforzado por una ventaja fisiológica fundamental. Los peces no gastan energía en mantener constante su temperatura corporal. Al ser ectotermos, sus costes de mantenimiento son mucho más bajos que los de aves o mamíferos, lo que permite que una mayor proporción de la energía y de los nutrientes ingeridos se destine directamente al crecimiento. En condiciones de crecimiento rápido, con dietas altamente digestibles y entornos favorables, esta eficiencia puede traducirse legítimamente en valores de FCR inferiores a 1.

Entendido en este contexto, un FCR por debajo de 1 no significa que los peces “creen materia” ni que toda la biomasa ganada sea músculo de alto valor. Refleja simplemente la combinación de peso seco y peso húmedo en el cálculo, junto con la elevada eficiencia de crecimiento propia de los peces. El problema surge cuando esta cifra se interpreta de forma aislada, sin tener en cuenta la naturaleza del crecimiento ni sus consecuencias a medio y largo plazo.

El rendimiento productivo no es una fotografía estática, sino una historia completa. Comienza con el crecimiento, pero también depende de la supervivencia, la consistencia del proceso y la salud de los animales. Indicadores como el crecimiento específico o la ganancia media diaria ayudan a determinar si los peces están respondiendo adecuadamente a la dieta, a la temperatura y al manejo. La supervivencia, aunque menos visible, es igualmente decisiva: un sistema no puede considerarse eficiente si pierde animales de forma continuada, independientemente de la rapidez con la que crezcan los supervivientes.

La eficiencia alimentaria sigue siendo un elemento central de esta historia. El FCR es una herramienta operativa valiosa, pero un buen rendimiento no se define únicamente por un valor bajo, sino por un valor estable. Fluctuaciones sin una explicación clara suelen ser una señal de problemas de manejo, estrés o calidad del pienso. Para comprender qué hay realmente detrás del FCR, es necesario recurrir a otros indicadores. El PER permite evaluar hasta qué punto se está utilizando eficientemente la proteína dietética, un recurso caro y estratégico, mientras que la retención de nitrógeno vincula directamente el crecimiento con el aprovechamiento de los nutrientes y el impacto ambiental del sistema.

El rendimiento productivo también depende de cómo se distribuye el crecimiento dentro del lote. Los sistemas bien gestionados tienden a producir peces homogéneos, mientras que un aumento de la variabilidad en tamaños suele deteriorar la eficiencia global, aunque los valores medios sigan pareciendo aceptables.

A todo ello se suma una dimensión ya ineludible: la sostenibilidad. Indicadores como el FIFO ponen de relieve hasta qué punto el rendimiento productivo depende de recursos marinos limitados. Un sistema puede ser biológicamente eficiente y, aun así, apoyarse en una base frágil si depende en exceso de la harina y el aceite de pescado.

En última instancia, todos estos indicadores convergen en la economía. El coste de alimentación por kilo producido suele ser la prueba más clara de si la eficiencia observada es real o solo aparente. Medir correctamente el rendimiento productivo, por tanto, no consiste en encontrar una única cifra perfecta, sino en aprender a interpretar varias a la vez. El FCR sigue siendo una pieza importante del puzle, pero solo cobra sentido cuando se analiza junto al crecimiento, la supervivencia, el uso de nutrientes y el impacto ambiental.

Te puede interesar