TRANSFORMADOS

El aceite esencial de orégano refuerza la conservación de filetes de dorada en atmósfera modificada

Atenas, Grecia, 7/01/2026 | Un estudio muestra que el uso del orégano en envasado activo puede reducir el deterioro microbiano y alargar la vida útil hasta cuatro días

Orégano sobre tabla

Después de la cosecha hay margen para seguir siendo competitivos. Un reciente estudio realizado por investigadores de la Universidad Agrícola de Atenas, en Grecia, refuerza esta idea al mostrar que existen estrategias de conservación naturales capaces de reducir el deterioro microbiológico y alargar la vida útil de los filetes de dorada (Sparus aurata) sin alterar la calidad sensorial.

El trabajo, cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Chemosensors, analiza el efecto combinado del envasado en atmósfera modificada y el uso de aceite esencial de orégano en condiciones de almacenamiento refrigerado. Los autores evalúan cómo esta combinación actúa como una barrera adicional frente al crecimiento de los principales microorganismos responsables del deterioro del producto.

En un sector caracterizado por márgenes ajustados y una elevada perecibilidad del pescado fresco, la reducción de pérdidas postcosecha se perfila como una vía cada vez más relevante para mejorar los resultados económicos sin necesidad de aumentar la producción. En este contexto, la dorada, una de las especies clave de la acuicultura mediterránea, constituye un buen ejemplo de cómo la calidad final y la vida útil condicionan la logística, la comercialización y el acceso a determinados mercados.

El estudio, llevado a cabo en las instalaciones de investigación de la Universidad Agrícola de Atenas, pone de relieve que es posible alargar la vida útil de los filetes de dorada hasta cuatro días, en función de las condiciones de almacenamiento, especialmente cuando se combinan sistemas de envasado en atmósfera modificada con barreras adicionales frente al crecimiento microbiano. Esta prolongación de la vida comercial se acompaña, además, de una mejor conservación de atributos sensoriales como el olor, la textura y el aspecto, factores decisivos en la aceptación del producto por parte del consumidor.

Más allá de los resultados microbiológicos, el trabajo también explora el uso de herramientas rápidas y no destructivas para el control de calidad, como la espectroscopía infrarroja y la imagen multiespectral. Estas tecnologías, todavía en fase de desarrollo para su aplicación industrial generalizada, apuntan a un futuro en el que el seguimiento de la calidad del pescado podría realizarse de forma más ágil y continua a lo largo de la cadena de valor.

No obstante, el alcance práctico del estudio debe interpretarse con cautela. El trabajo se ha desarrollado en condiciones controladas y a escala experimental, por lo que su aplicación directa en entornos industriales requeriría ajustes adicionales, tanto en el diseño del envasado como en los procesos de validación y adaptación a las normativas vigentes. Aun así, el estudio aporta evidencia sólida sobre el papel que este tipo de estrategias puede desempeñar como herramienta complementaria dentro de sistemas de conservación ya implantados, especialmente en empresas que trabajan con atmósfera modificada y buscan reducir mermas y ganar estabilidad en la calidad del producto.

El estudio no aborda aspectos productivos ni cambios en los sistemas de cultivo, pero sí subraya un mensaje relevante para el sector: no todos los avances pasan por producir más o por introducir sistemas cada vez más complejos en granja. En muchos casos, optimizar la gestión postcosecha, reducir pérdidas y asegurar una calidad más estable puede tener un impacto directo y medible en la viabilidad de los proyectos.

En este sentido, el trabajo refuerza una tendencia cada vez más visible en la acuicultura: entender la cadena de valor como un todo y asumir que la rentabilidad no depende únicamente de la fase productiva, sino de cómo se gestiona el producto desde la cosecha hasta el consumidor final.

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