ANALISIS

El reto del siglo para los piensos acuícolas es triplicar sus ingredientes alternativos para sostener su crecimiento

Piensos de acuicultura

El desarrollo de la acuicultura mundial se enfrenta a un límite estructural que ya no está en el agua ni en la tecnología, sino en el pienso. Según el informe Harnessing the Waters del Banco Mundial, el crecimiento previsto del sector hasta 2050 dependerá directamente de la capacidad de escalar nuevas fuentes de proteína para alimentación, en un contexto en el que el alimento representa hasta entre el 50% y el 70% de los costes operativos de producción.

Durante las últimas décadas, la industria ha demostrado una notable capacidad de adaptación. La progresiva sustitución de la harina y el aceite de pescado por ingredientes alternativos ha permitido reducir significativamente la presión sobre los recursos marinos. En el caso del salmón, el uso de ingredientes marinos en los piensos pasó del 89,4% en 1990 al 22,4% en 2020, gracias a la incorporación de proteínas vegetales y otras fuentes emergentes.

Sin embargo, este avance no será suficiente para sostener el crecimiento futuro. El Banco Mundial advierte de que, incluso manteniendo constante el uso actual de ingredientes marinos, la producción de fuentes alternativas deberá duplicarse en un escenario de crecimiento moderado y llegar a triplicarse en un escenario de expansión acelerada de la acuicultura.

Este desajuste entre oferta y demanda de ingredientes abre un cuello de botella crítico para el sector. A medida que la acuicultura continúa expandiéndose para responder al aumento global de la demanda de proteína, la disponibilidad de materias primas para piensos se convierte en el principal factor limitante del sistema productivo.

En este escenario, el informe identifica un efecto multiplicador en la demanda de ingredientes alternativos que podría transformar por completo la cadena de valor. Soluciones como la harina de insectos, las microalgas o las proteínas unicelulares se posicionan como candidatas clave, no solo desde el punto de vista técnico, sino también como nuevas áreas de inversión dentro del ecosistema acuícola.

Para Europa, el reto adquiere una dimensión estratégica adicional. La elevada dependencia de importaciones de proteína y el incremento de los costes de producción sitúan al sector en una posición especialmente vulnerable frente a tensiones en el mercado global de materias primas.

En este contexto, el desarrollo de fuentes alternativas no solo responde a criterios de sostenibilidad, sino también a la necesidad de reforzar la autonomía y resiliencia del sistema alimentario.

El desafío, sin embargo, no es únicamente tecnológico. La escalabilidad industrial, la competitividad en costes y la disponibilidad de materias primas serán determinantes para que estas soluciones puedan integrarse de forma masiva en los piensos comerciales.

De fondo, el mensaje del Banco Mundial es claro: el crecimiento de la acuicultura en las próximas décadas no dependerá solo de producir más pescado, sino de ser capaz de alimentar ese crecimiento.

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