Durante años, se ha venido diciendo que se necesita más acuicultura para alimentar a una Europa cada vez más demandante de pescado. Sin embargo, el último informe del mercado europeo proporcionado por EUMOFA rompe ese marco mental y pone de manifiesto que los hogares europeos gastan más en productos pesqueros y acuícolas, pero compran menos pescado. No es una contradicción. Es el nuevo equilibrio del mercado.
Además, el informe deja un mensaje claro para los productores del Mediterráneo haciendo evidente que su contribución está siendo importante evitando que el mercado se hunda.
En 2024, el gasto de los hogares europeos en pescado volvió a crecer. Pero no porque se consuma más, sino porque los precios siguen siendo altos. De hecho, entre 2020 y 2024, los precios del pescado en la Unión Europea aumentaron en torno a un 25%, un factor clave para entender el retroceso del consumo. El consumo de pescado fresco lleva cayendo desde 2021, con descensos claros en los principales países consumidores.
En 2023, el consumo aparente de productos pesqueros y acuícolas en la UE cayó hasta 22,9 kg por persona y año, el nivel más bajo de la última década. España, Italia, Portugal y Grecia —territorios históricamente ligados al pescado fresco— no son una excepción. El consumidor sigue comprando, pero con más cautela, ajustando cantidades, cambiando formatos y priorizando precio y conveniencia.
El problema no está en el consumo de productos acuícolas sino, en mayor medida, en los productos pesqueros. Según el informe, mientras el consumo de pescado salvaje continúa descendiendo, el consumo de productos de acuicultura se mantiene estable, en torno a 2,9 millones de toneladas equivalentes en peso vivo, prácticamente en línea con la media de los últimos diez años.
Dicho de una manera clara, aunque la acuicultura no crece, está ganando porque las alternativas se reducen. Sin dorada, lubina, mejillón o trucha, el descenso del consumo habría sido aún mayor.
Los precios del pescado siguen muy por encima de los niveles precrisis, lo que se traduce en márgenes más previsibles, aunque no necesariamente holgados. Los precios de los piensos, la energía, la mano de obra y la financiación siguen marcando decisiones diarias en las granjas.
Ante este nuevo escenario, los productores deben ser conscientes de que producir más no garantiza vender mejor. El mercado es cada vez más selectivo en tamaño, formato y certificaciones. Además, la eficiencia ya no es una ventaja competitiva: es un requisito mínimo.
Lo que no hace el informe es explicar por qué el consumidor se está alejando del pescado fresco, aunque todo apunta a que no es por falta de interés, sino por una combinación de precios altos, pérdida de hábitos culinarios, falta de tiempo y una competencia cada vez más agresiva de otras proteínas y formatos más fáciles de consumir.
Bajo la actual receta y con estos nuevos hábitos de consumo no se puede esperar que el consumo vuelva solo. Habrá que cambiar algunas cosas para que eso ocurra.

