La seguridad alimentaria en la acuicultura europea da un paso decisivo hacia la armonización técnica con la publicación de la guía conjunta FAO/COI-UNESCO/OIEA, en la que el IEO-CSIC ha tenido un papel protagonista. Este documento técnico nace para cubrir un vacío crítico en marcos internacionales como el Codex Alimentarius, que no abordaban específicamente la vigilancia de las floraciones algales nocivas (FAN).
El cambio fundamental en la monitorización es el paso de un modelo reactivo a uno preventivo. La hoja de ruta impone la vigilancia de las poblaciones de microalgas en el medio marino como pilar para anticiparse a los episodios de contaminación antes de que afecten al producto. Esta integración permite una gestión del riesgo mucho más refinada, lo que impactará directamente en los cierres de las zonas de producción al permitir actuaciones más precisas. Además, se establece un criterio estricto de recuperación: las zonas solo podrán reabrirse tras obtener dos resultados negativos consecutivos separados por al menos 48 horas.
A nivel de estandarización, la guía unifica métodos de muestreo y análisis, facilitando el cumplimiento de requisitos sanitarios en mercados globales. Para el sector, es vital la advertencia sobre el procesado industrial: el cocinado puede duplicar la concentración de toxinas por la pérdida de agua, lo que exige controles post-cosecha más rigurosos. Gracias a la participación de expertos del Centro Oceanográfico de Vigo, se consolidan estrategias como el uso de especies "centinela" (mejillones) para proteger cultivos de alto valor, asegurando que el conocimiento oceanográfico sea la base de la competitividad del sector acuícola.

