El origen del pescado servido en restauración y el fenómeno del mislabeling en el canal Ho.Re.Ca. protagonizaron ayer un debate bilateral entre Italia y España celebrado en el marco de Aquafarm 2026, el principal evento italiano dedicado íntegramente a la acuicultura y la cadena de valor pesquera.
En el escenario internacional de Pordenone, dos de los mayores mercados europeos de productos pesqueros —con consumos superiores a los 30 kg per cápita anuales— abordaron una cuestión que trasciende la mera información al consumidor y se posiciona como eje estratégico de política sectorial. El reciente informe de la FAO sobre el mislabeling ha reactivado un debate que afecta directamente a la transparencia del mercado y a la competitividad de la producción europea.
El problema no es menor. Más del 50% del pescado consumido en Italia se canaliza a través de la restauración, donde la indicación de especie, origen o método de producción no siempre es clara. En este punto final de la cadena de valor se juega buena parte de la valorización del producto nacional.
El encuentro, moderado por Alejandro Guelfo, editor de misPeces, reunió a José Manuel Fernández Polanco, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Cantabria; María Luisa Álvarez Blanco, directora general de FEDEPESCA; Matteo Leonardi, presidente de la Associazione Piscicoltori Italiani; y Federico Pinza, presidente de la Asociación de Maricultores de Acuicultura italiana.
Durante la sesión se evidenció una realidad estructural compartida: tanto Italia como España dependen en más de un 75% de importaciones para cubrir su consumo de pescado. Aunque la producción nacional es estratégica y cualitativamente sólida, no logra satisfacer una demanda estructuralmente elevada.
Uno de los puntos centrales fue la asimetría regulatoria entre el comercio minorista y la restauración. María Luisa Álvarez Blanco subrayó que los requisitos de información al consumidor son actualmente más exigentes en el retail que en el canal Ho.Re.Ca., una situación que calificó de “no equitativa”. Recordó además que los productos transformados, elaborados bajo condiciones industriales, podrían cumplir con mayor facilidad obligaciones informativas equivalentes a las exigidas para el producto fresco.
En este contexto, reforzar la transparencia en restauración se plantea no solo como una garantía para el consumidor, sino como una herramienta económica capaz de influir en la orientación de la demanda, estimular la inversión y fortalecer la competitividad mediterránea. En un mercado altamente dependiente del exterior, mejorar la información en el punto final de consumo puede convertirse también en un instrumento para avanzar en soberanía alimentaria y consolidar el papel estratégico de la acuicultura europea.
Aquafarm 2026 confirmó así su papel como foro de posicionamiento sectorial, donde no solo se presentan tecnologías y proyectos, sino que se debaten las líneas maestras que marcarán la evolución de la cadena de valor acuícola en el Mediterráneo.

