
Los parámetros ambientales como la luz, la temperatura, la calidad del agua, el sonido y la desinfección, cuando se gestionan de forma específica para cada especie, son clave para lograr una mayor productividad, un mejor bienestar animal y una mayor sostenibilidad en los sistemas de acuicultura en recirculación (RAS, por sus siglas en inglés).
Esta es la principal conclusión de una revisión publicada en Aquaculture Reports, que advierte de que estos factores suelen estudiarse de forma aislada, sin tener en cuenta cómo interactúan e influyen entre sí. “Los estudios existentes se centran a menudo en factores ambientales individuales… pero carecen de investigaciones sistemáticas sobre el mecanismo de acción integral de múltiples factores”, señala el artículo.
Los autores sostienen que la regulación óptima debe tener en cuenta tanto la especie cultivada como su fase de vida. Por ejemplo, el espectro de luz y el fotoperiodo pueden influir en los ritmos de alimentación, las tasas de crecimiento e incluso los ciclos reproductivos, siendo la manipulación del fotoperiodo una técnica utilizada con éxito en salmónidos para controlar la maduración.
La temperatura es otra variable crucial, ya que afecta al metabolismo, la respuesta inmunitaria y la velocidad de crecimiento. Mientras que el agua más cálida puede acelerar el crecimiento en tilapia, en especies de aguas frías como el salmón del Atlántico puede aumentar el estrés o la susceptibilidad a enfermedades.
Los parámetros de calidad del agua, como el oxígeno disuelto, el amoníaco, los nitritos y el pH, también desempeñan un papel decisivo. Un nivel elevado de amoníaco, por ejemplo, se ha relacionado con una menor ingesta de alimento y cambios de comportamiento en el camarón, mientras que una oxigenación deficiente puede comprometer rápidamente el bienestar y la supervivencia en cualquier especie.
El sonido es un factor menos evidente, pero cada vez más reconocido. En el salmón del Atlántico, niveles elevados de ruido antropogénico se han asociado con alteraciones en el comportamiento natatorio y un aumento de las respuestas de estrés. De forma similar, las técnicas de desinfección como los tratamientos con luz ultravioleta (UV) y ozono pueden reducir eficazmente la carga de patógenos, pero un uso excesivo puede dañar el tejido branquial o alterar el equilibrio microbiano del sistema.
Para superar las lagunas actuales, los investigadores piden estudios integrales a largo plazo y el uso de herramientas avanzadas de monitorización, inteligencia artificial y sistemas de modelización. Su visión es la de “ecosistemas totalmente adaptativos y basados en datos” capaces de ajustar automáticamente los parámetros ambientales a las necesidades biológicas, optimizando el bienestar y el rendimiento, y reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental.
Según los autores, esta integración no solo mejoraría la salud y el crecimiento de los peces, sino que también ayudaría al sector acuícola a cumplir sus objetivos de sostenibilidad y las expectativas de los consumidores en materia de producción responsable.