El sector acuícola europeo alerta de que la aplicación actual de la Directiva sobre plásticos de un solo uso (SUPD) podría generar distorsiones regulatorias y costes innecesarios si no se adapta a la realidad productiva de la acuicultura.
En su respuesta formal a la consulta de la Comisión Europea, la Federación Europea de Productores de Acuicultura (FEAP) señala que el marco actual no distingue adecuadamente entre acuicultura y pesca extractiva, lo que puede derivar en obligaciones mal aplicadas y en ineficiencias operativas a lo largo del sector.
El principal punto de conflicto está en la clasificación de equipos acuícolas —como redes, jaulas, boyas o cabos— dentro de la categoría de “artes de pesca”. Según FEAP, esta equiparación ignora diferencias estructurales clave: mientras la pesca utiliza equipos móviles y de reemplazo frecuente, la acuicultura opera con sistemas fijos, de larga vida útil y bajo condiciones controladas.
“No podemos ser tratados como un subconjunto del sector pesquero”, afirma Javier Ojeda, secretario general de FEAP. “El equipamiento acuícola es estacionario, duradero y responde a condiciones operativas completamente distintas”.
Más allá de una cuestión terminológica, el sector advierte de implicaciones directas. Esta clasificación podría activar obligaciones regulatorias inapropiadas, como la extensión de la responsabilidad ampliada del productor a los acuicultores, pese a que estos actúan como usuarios finales y no como fabricantes de plástico. Según FEAP, esto contradiría el principio de “quien contamina paga” y afectaría especialmente a las pymes.
Otro frente clave es el alcance de la normativa. La federación defiende que la directiva debe aplicarse exclusivamente a la acuicultura marina, que es la que interactúa directamente con el medio acuático objeto de protección. Extenderla a sistemas continentales generaría inseguridad jurídica y podría implicar a otros sectores no contemplados inicialmente.
A nivel operativo, FEAP también advierte contra la imposición de objetivos de recogida homogéneos. A diferencia de las artes de pesca, los equipos acuícolas presentan ciclos de sustitución mucho más largos, lo que exige objetivos específicos y técnicamente viables. De lo contrario, se podrían generar exigencias difíciles de cumplir o incluso comprometer la integridad de las infraestructuras.
“La transición verde no puede hacerse a costa de la seguridad operativa ni del bienestar animal”, añade Ojeda. “Los materiales alternativos deben ofrecer la misma durabilidad y fiabilidad en condiciones marinas exigentes”.
Más allá del caso concreto, el debate pone de relieve una tensión creciente entre ambición ambiental y realidad productiva. Sin una adaptación normativa más precisa, el propio sector advierte de que políticas bien intencionadas podrían acabar generando efectos contrarios a los objetivos de sostenibilidad que persiguen.

