La Consellería do Mar ha mantenido una reunión de trabajo con la Organización de Produtores de Mexillón de Galicia (Opmega) en el marco de la ronda de contactos que la administración autonómica está desarrollando con los distintos agentes del sector marítimo-pesquero para analizar la situación actual del cultivo de mejillón.
El encuentro, encabezado por el director general de Pesca, Acuicultura e Innovación Tecnológica, Isaac Rosón, se produce en un momento relevante para un subsector estratégico de la acuicultura gallega y europea. Galicia concentra el 44,6 % de la producción de mejillón de la Unión Europea, apoyándose en una estructura productiva que supera las 3.300 bateas y que desempeña un papel central en la generación de empleo y actividad económica en el litoral.
El cultivo de mejillón en Galicia afronta en los últimos años un escenario marcado por una creciente incertidumbre productiva derivada de la combinación de factores ambientales, sanitarios y económicos. La mayor variabilidad en las condiciones oceanográficas de las rías, los cambios en la disponibilidad y calidad del alimento natural, el aumento de episodios de biotoxinas que obligan a cierres preventivos, así como la irregularidad en la captación de semilla y la aparición de mortalidades subletales, han reducido la previsibilidad del ciclo productivo.
A ello se suma un contexto de incremento de costes operativos y mayor volatilidad de los mercados, que limita la capacidad del sector para absorber campañas irregulares sin impacto económico.
Desde la Consellería do Mar se subraya la importancia de mantener un contacto permanente con los productores para conocer de primera mano la evolución del sector y anticipar posibles escenarios, aunque en esta ocasión la reunión no se ha traducido en el anuncio de medidas concretas.
El refuerzo del diálogo institucional se interpreta, así como una señal de seguimiento estrecho de la situación del sector del mejillón, considerada uno de los pilares del sistema acuícola gallego y un referente productivo a escala europea, en un momento en el que la estabilidad ya no depende únicamente del volumen producido, sino de la capacidad de adaptación del sector a un entorno cada vez más complejo.

