Galicia afianza su posición indiscutible como la gran potencia española en la cría de rodaballo. Y no lo hace solo a base de volumen, sino de rentabilidad. En un contexto de fuerte competencia internacional, el sector acuícola gallego acelera su modernización respaldada por inyecciones millonarias del Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA).
Según los últimos datos provisionales de 2025 recopilados por la Consellería do Mar, la producción de rodaballo en la comunidad superó las 9.300 toneladas. Esta cifra, que a simple vista podría parecer modesta (apenas un 5,1 % del volumen acuícola total), se traduce en un impacto económico rotundo: cerca de 94,5 millones de euros. Esto significa que el rodaballo, por sí solo, representa más del 40 % del valor económico total de la acuicultura gallega.
Esta dinámica evidencia una de las grandes fortalezas estructurales del modelo regional: la elevada especialización en especies de alto valor añadido. Un fenómeno idéntico se observa en el cultivo del lenguado. Aunque apenas supone un 0,4 % del volumen de los cultivos marinos gallegos, su cotización en el mercado dispara su peso económico hasta el 5,4 % del valor total, concentrando Galicia más de dos tercios de la capacidad productiva de toda España.
En términos globales, la acuicultura sigue apuntalando el sistema productivo gallego. En palabras de la titular de Mar de la Xunta, Marta Villaverde, se trata de una actividad “clave y estratégica” para la región. Los balances oficiales respaldan esta afirmación, reflejando una facturación global que ronda los 235 millones de euros y que sostiene a un tejido de más de 2.500 empresas y cerca de 4.500 empleos directos e indirectos.
Inversión pública frente al reto tecnológico
Para mantener este liderazgo, la inversión en eficiencia y sostenibilidad es innegociable. En este escenario, la Administración autonómica está canalizando fondos comunitarios hacia los principales actores del sector. Como muestra, la multinacional Stolt Sea Farm ha captado más de 13,2 millones de euros en ayudas del FEMPA en la última convocatoria.
Estos fondos irán destinados a ejecutar ocho grandes proyectos en sus plantas de Cervo y Vilán (Camariñas). Durante una reciente visita institucional a las instalaciones que la compañía tiene en Lira (Carnota), la Xunta puso de relieve este esfuerzo inversor como ejemplo indispensable para la transición del tejido empresarial.
Sin embargo, este crecimiento no está exento de desafíos a medio y largo plazo. Desde el propio sector productivo señalan que, si bien el apoyo institucional es un catalizador fundamental, el futuro pasa por sortear la volatilidad de los costes operativos y competir en un mercado globalizado.
El ecosistema gallego ha demostrado que apostar por la calidad frente a la cantidad es una fórmula de éxito garantizado. El reto ahora es consolidar una industria que se asiente sobre la base de la diversificación tecnológica y mantenga su estatus de referente internacional.

