MERCADO

La UE ya importa el 83% del pescado que consume: un informe alerta sobre la “brecha de competitividad” frente a terceros países

Bruselas, 16/03/2026 | El aumento de los costes energéticos, laborales y regulatorios en la UE contrasta con los costes operativos significativamente más bajos de los principales países exportadores

Pescadería Tradicional | CEPESCA

La autosuficiencia de la Unión Europea en productos del mar se encuentra en uno de sus niveles más bajos de las últimas décadas. Un estudio elaborado para la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo (PECH) muestra que la tasa de autosuficiencia de la UE en pescado y marisco cayó al 37,5% en 2022. Si se excluyen las exportaciones, la situación resulta aún más preocupante, ya que la producción comunitaria apenas cubre el 14,2% del consumo total.

Según el informe, esta creciente dependencia de las importaciones está estrechamente relacionada con una brecha de competitividad cada vez mayor entre los productores europeos y los proveedores de terceros países. Mientras los costes energéticos, laborales y regulatorios han aumentado significativamente en la UE en los últimos años, varios países exportadores han reforzado su posición en el mercado gracias a costes operativos considerablemente más bajos.

El estudio destaca que estas diferencias resultan especialmente visibles en la acuicultura mediterránea. En algunos países de la UE, el precio de la electricidad puede alcanzar alrededor de 0,19 euros por kilovatio hora, mientras que en Turquía se sitúa cerca de 0,04 euros. Esta ventaja energética permite a los productores turcos colocar dorada y lubina en el mercado europeo a precios muy competitivos, aumentando su presencia en los canales de distribución de la UE.

Chile y Turquía como ejemplos de mayor competitividad

El informe también presenta varios ejemplos que ilustran cómo las diferencias en los costes de producción, la estructura industrial y los marcos regulatorios influyen en la competencia global. En el sector del mejillón, el análisis compara la producción chilena con la de Galicia, señalando que los productores chilenos se benefician de altos niveles de automatización y menores costes laborales. Como resultado, los costes de producción se estiman en torno a 0,69 euros por kilogramo, frente a aproximadamente 0,74 euros por kilogramo en Galicia.

En acuicultura, Turquía constituye otro ejemplo de ventaja estructural. El sector acuícola del país está altamente integrado verticalmente y opera a una escala de producción mucho mayor que la de muchos productores europeos. En algunos segmentos, la producción turca se estima hasta cuatro veces superior a la de determinados países mediterráneos de la UE, lo que permite beneficiarse de economías de escala difíciles de alcanzar para muchas pequeñas y medianas empresas europeas.

En este contexto, el informe subraya que la innovación tecnológica será esencial para reforzar la resiliencia de la acuicultura europea. Entre las soluciones más prometedoras se encuentran los sistemas de recirculación acuícola (RAS) y el desarrollo del cultivo de moluscos en mar abierto, ambos con potencial para aumentar la producción sin ejercer una mayor presión sobre los ecosistemas costeros.

No obstante, los autores advierten de que el despliegue de estas tecnologías sigue enfrentándose a obstáculos importantes, entre ellos la complejidad administrativa y los largos procesos de autorización, factores que continúan desincentivando la inversión privada en el sector.

Por ello, el informe también plantea la necesidad de reforzar las condiciones de competencia en el comercio internacional. Entre sus recomendaciones se incluye exigir que las importaciones de productos del mar cumplan estándares ambientales y sociales comparables a los aplicados dentro de la Unión Europea, así como desarrollar sistemas de etiquetado de sostenibilidad más claros que permitan a los consumidores identificar y valorar los productos europeos producidos bajo normas regulatorias más estrictas.

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