ANALISIS

La acuicultura entra en los modelos de alimentación sostenible europeos con una visión más realista

Acuicultura de jaulas flotantes en Grecia

Durante años, la acuicultura ha sido uno de los grandes puntos ciegos en los modelos que analizan la sostenibilidad de los sistemas alimentarios europeos. Representada de forma simplificada y homogénea, su diversidad real de especies, sistemas productivos y condiciones ambientales apenas se reflejaba en unas herramientas que, sin embargo, influyen de manera directa en el diseño de políticas públicas y estrategias de transición alimentaria.

Un estudio reciente publicado en Ecological Modelling plantea ahora un cambio de enfoque, proponiendo integrar la acuicultura con un nivel de detalle mucho más acorde con la realidad del sector y con su potencial papel en términos de eficiencia productiva, uso de recursos y aporte nutricional.

El trabajo, liderado por investigadores de Wageningen University & Research, aborda esta limitación incorporando tres especies representativas de la acuicultura europea: salmón atlántico, lubina europea y carpa común. La selección no es casual. Estas especies permiten cubrir distintos niveles tróficos, áreas geográficas y sistemas productivos, desde jaulas marinas intensivas hasta estanques de agua dulce con diferentes grados de intensificación.

De este modo, el estudio introduce una representación más fiel de la heterogeneidad del sector acuícola europeo, un aspecto esencial si se pretende comparar su desempeño con otros sistemas de producción animal o evaluar su contribución potencial dentro de estrategias de economía circular.

Uno de los elementos centrales del enfoque propuesto es la incorporación de clusters térmicos regionales, que permiten simular cómo varían el crecimiento, el tiempo hasta cosecha y las necesidades de alimentación de una misma especie en función de la temperatura del agua. Los resultados confirman que este factor es determinante y que influye de forma directa en parámetros clave como la duración del ciclo productivo, el consumo de pienso y la eficiencia global de las explotaciones.

Esta diferenciación regional pone de manifiesto que no es posible hablar de “una” acuicultura europea desde el punto de vista productivo, y que cualquier análisis serio debe tener en cuenta las condiciones ambientales en las que se desarrolla cada sistema.

Aunque el trabajo no plantea recomendaciones políticas directas, sí establece una base metodológica necesaria para integrar la acuicultura en igualdad de condiciones con la ganadería en los modelos que informan las estrategias alimentarias y ambientales en Europa. Al superar la visión simplificada que ha predominado hasta ahora, el estudio permite evaluar con mayor rigor el papel real de la acuicultura en los futuros sistemas alimentarios y su contribución potencial a dietas más sostenibles y con menor impacto ambiental.

Más allá de estimar ciclos de crecimiento, el modelo desarrollado permite calcular las necesidades reales de pienso y nutrientes a lo largo de todo el ciclo de vida de los peces, incluyendo fases que suelen quedar fuera de los análisis agregados, como la reproducción o las etapas tempranas. Este enfoque facilita una comparación más rigurosa entre la acuicultura y otros sistemas de producción animal, no solo en términos de volumen producido, sino también de eficiencia en el uso de recursos y aporte nutricional.

En este contexto, el estudio subraya el papel estratégico de especies como la carpa común, especialmente en sistemas extensivos y semi-intensivos, por su capacidad para valorizar recursos de menor calidad y su contribución a la producción de nutrientes clave. Esta diferenciación resulta especialmente relevante en el marco del debate sobre circularidad y uso de subproductos dentro de los sistemas alimentarios.

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