La acuicultura del Mediterráneo y del Mar Negro está consolidando su papel como pilar estratégico de la seguridad alimentaria regional. Sin embargo, su capacidad para expandirse de forma sostenible dependerá no solo de la innovación técnica y del desempeño ambiental, sino cada vez más de la claridad regulatoria y de la previsibilidad administrativa.
Este fue el mensaje central de la consulta técnica celebrada en Atenas (Grecia), organizada conjuntamente por la Federation of European Aquaculture Producers (FEAP) y la General Fisheries Commission for the Mediterranean (GFCM), que reunió a más de 130 productores, autoridades nacionales, expertos técnicos y centros de demostración acuícola.
La producción acuícola en el Mediterráneo y el Mar Negro alcanzó en 2023 los 2,97 millones de toneladas, con un valor estimado de 9.300 millones de dólares. La acuicultura marina y en aguas salobres representó 940.000 toneladas, más del 45 % de la producción total de alimentos acuáticos en la región.
Las proyecciones indican que la producción pesquera y acuícola deberá aumentar entre un 14 % y un 29 % de aquí a 2050 para satisfacer la demanda futura. En este contexto, el sector ha dejado de ser periférico en las políticas alimentarias para convertirse en un componente estructural de las estrategias regionales de resiliencia.
La complejidad de las licencias como barrera estructural
Los participantes identificaron la complejidad de los procesos de concesión de licencias y la fragmentación administrativa como obstáculos estructurales persistentes en varios países. Procedimientos poco claros, coordinación interinstitucional limitada y plazos imprevisibles fueron señalados como factores que desincentivan la inversión.
La digitalización de los procesos administrativos y el desarrollo de marcos transparentes de planificación espacial marina se presentaron como medidas prácticas para reducir cuellos de botella y reforzar la confianza de los inversores.
El secretario general de FEAP, Javier Ojeda, subrayó que el crecimiento sostenible no depende únicamente de la innovación, sino también de marcos regulatorios claros y previsibles capaces de recompensar a los operadores responsables.
Sostenibilidad medible y viabilidad económica
Se destacó la necesidad de sistemas de monitorización armonizados y basados en evidencia científica que permitan demostrar el cumplimiento normativo evitando duplicidades innecesarias. Los participantes insistieron en que los indicadores de desempeño ambiental deben ser proporcionados y económicamente viables.
El debate incluyó también la acuicultura multitrófica integrada, los sistemas de recirculación y los modelos de producción de bivalvos, evaluados no solo desde el punto de vista ambiental, sino también en términos de escalabilidad y viabilidad financiera.
Adaptación climática y transformación digital redefinen la gestión
El aumento de la temperatura del mar, los fenómenos meteorológicos extremos y los cambios en los patrones de enfermedades están afectando cada vez más a la estabilidad de las explotaciones. La adaptación al cambio climático ha dejado de ser un objetivo estratégico a largo plazo para convertirse en una necesidad operativa.
Paralelamente, las mejoras de eficiencia a lo largo de la cadena de valor y la reducción de pérdidas se señalaron como palancas directas para mejorar márgenes. Encuestas piloto permitirán identificar puntos críticos de pérdida y traducirlos en recomendaciones técnicas específicas.
La inteligencia artificial y las herramientas digitales —incluyendo la alimentación de precisión, la estimación de biomasa y la monitorización de la calidad del agua— despertaron un notable interés, reflejando una transición hacia una gestión acuícola cada vez más basada en datos.
Las conclusiones consolidadas de la consulta serán remitidas al Comité de Acuicultura de la GFCM y posteriormente a su sesión anual, reforzando un enfoque de gobernanza impulsado por los propios productores.
La consulta de Atenas puso de relieve que la innovación por sí sola no desbloqueará el crecimiento sostenible de la acuicultura mediterránea. Reglas claras, procedimientos transparentes y condiciones de inversión previsibles son igualmente necesarias para sostener el desarrollo a largo plazo.

