En acuicultura, tener un par de tanques llenos de peces funcionando a pleno rendimiento no es algo que se pueda replicar y escalar comercialmente con facilidad. Por mucho que algunos consultores se empeñen en hacer fácil lo difícil, lo cierto es que en acuicultura a menudo hay más problemas que soluciones reales. ¿Por qué? Porque a veces se simplifica en exceso.
A nadie le gusta que le recuerden que las cosas son complicadas, sobre todo si ya tiene dentro el gusanillo emprendedor y quiere lanzar un proyecto de acuicultura. Y menos todavía le gusta escuchar que un sistema RAS cambia la incertidumbre ambiental por complejidad operativa, o que la acuicultura offshore exige ingeniería de nivel industrial y un equipo capaz de aguantar el océano en su peor día, no en el mejor.
Si este sector tiene una debilidad a veces, es la presencia de consultores capaces de convencer incluso al empresario más escéptico en diez minutos de que el futuro de la proteína está aquí, de que el modelo es escalable y de que, por supuesto, es una cosa de “enchufar y listo”.
PowerPoints aparte, la realidad es tozuda y una granja no es un electrodoméstico. Hay algunos conceptos básicos que no se pueden olvidar: la idoneidad del emplazamiento, que se trabaja con seres vivos, que el pienso no lo es todo y que la biomasa es susceptible a enfermedades.
El lugar importa mucho, muchísimo. Alejarse de las condiciones ideales de cultivo de una especie implica tener que compensar con tecnología parámetros clave, entre ellos las variaciones de oxígeno y temperatura, y eso tiene un coste añadido.
También conviene repetirse una frase como un mantra: “la biología no sigue manuales”. Si un lote se estresa, no lo puedes reiniciar. No hay una versión 2.5 a la que volver atrás. Los peces cambian su comportamiento, dejan de comer sin avisar y rara vez te explican por qué. Y aunque el plan de alimentación esté perfectamente calculado, el pienso no hace milagros: si el animal no come, no crece, y si come mal, la rentabilidad se deshace en silencio.
Luego está la sanidad, que es el eje sobre el que gira todo. Incluso en el sistema cerrado más controlado puede aparecer un brote. No existe un protocolo de bioseguridad 100% infalible y cada ubicación tiene su propia combinación de patógenos, estresores y ventanas de riesgo.
Una granja puede parecer perfecta sobre el papel, pero la realidad es tozuda y la naturaleza no pide permiso para seguir su curso. Por eso, aunque lo tengas todo trazado con tablas y curvas de crecimiento, la verdad incómoda es que en acuicultura siempre hay que ajustar… y, más a menudo de lo que nos gustaría, se aprende a base de experiencia.
Hace unos días publicamos un par de noticias sobre nuevos proyectos que, dentro del sector, han sido descritos como “proyectos del Día de los Inocentes”. No es el propósito de este artículo señalar a nadie ni juzgarlos. Pero sí conviene dejar claro que no todo se puede financiar con ayudas públicas. El sector cuenta con profesionales excelentes capaces de emitir veredictos rápidos y bastante certeros sobre la viabilidad de un proyecto.
Aun así, sería injusto acabar en tono dramático. Si la acuicultura no es “plug-and-play” no es porque sea una mala idea, sino porque es un negocio serio, y las cosas serias rara vez caben en un eslogan de marketing.
Lo interesante empieza cuando aceptas esa complejidad y pasas a diseñar sistemas que funcionen en el mundo real, no en una demo. Hoy hay más herramientas que nunca para hacerlo bien: tecnología que ayuda si se usa con humildad, mejor ingeniería, más capacidad de anticipación y equipos que realmente entienden el oficio.
La acuicultura no va a convertirse en “enchufar y listo”, y quizá sea mejor así. Se puede replicar, sí, pero con criterio: adaptación local, ingeniería sensata, bioseguridad realista y una operación consistente.
El mensaje optimista no es “esto es fácil”. Es mejor decir esto se puede hacer bien. Menos promesas. Más sistemas bien construidos. Porque la acuicultura no se enchufa: se construye. Y cuando funciona, vale la pena. Solo hay que saber rodearse de los mejores profesionales.

