España se ha consolidado en los últimos años como una potencia mundial en producción ecológica: más superficie certificada, un fuerte crecimiento de las exportaciones, una cadena de valor madura y un consumo estable dentro de la Unión Europea. Sin embargo, este éxito no se reproduce en todos los ámbitos. La acuicultura ecológica continúa sin despegar y muestra, incluso, signos de retroceso.
No existe una única causa que explique este fracaso silencioso dentro de la historia de éxito de la producción ecológica española. Pero los datos oficiales sí apuntan a un desajuste estructural difícil de ignorar.
El informe Análisis de la caracterización y proyección de la producción ecológica en España 2024, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, pone de relieve una paradoja clara: el mayor sistema ecológico del sur de Europa no consigue integrar la acuicultura ecológica en su modelo de crecimiento.
En 2024, la acuicultura fue el subsector ecológico con peor evolución. Frente a los 3,75 millones de toneladas de producción ecológica total, la producción acuícola ecológica apenas representó el 0,1% de ese volumen.
Las explotaciones acuícolas ecológicas ascendieron a 175, lo que supone un descenso del 2,2% respecto al año anterior en número de operadores. Aún más significativo fue el retroceso del volumen productivo, que se situó en 3.175 toneladas de pescado vivo, un 26,3% menos que en 2023. Se trata de una producción concentrada casi en su totalidad en peces marinos, fundamentalmente dorada y lubina, mientras que la presencia de moluscos ecológicos sigue siendo marginal.
¿Por qué un modelo que funciona razonablemente bien en tierra no logra consolidarse en sistemas acuáticos? Desde el sector se apunta a la existencia de un punto ciego en las políticas públicas y a un marco normativo mal adaptado a la realidad productiva de la acuicultura europea. La regulación ecológica, diseñada principalmente para sistemas agrarios y ganaderos terrestres, parece trasladarse con dificultad a un sector sometido a mayores riesgos biológicos, ambientales y económicos.
Con el marco regulatorio actual, advierten fuentes del sector, la acuicultura ecológica difícilmente podrá abandonar su condición de marginalidad. Hoy representa apenas el 0,3% del total de operadores ecológicos en España, hasta el punto de resultar prácticamente irrelevante en términos productivos y comerciales, y con una tendencia que no invita al optimismo.
La trayectoria de la acuicultura ecológica en España está marcada por proyectos que no han logrado sobrevivir ni a la regulación ni al mercado. Muchos productores, tras un periodo de ensayo, optan por abandonar la certificación ecológica ante la falta de rentabilidad y de un diferencial claro en el mercado.
La cuestión de fondo sigue abierta: ¿es la acuicultura ecológica un nicho inevitablemente minoritario o el resultado de un modelo mal diseñado? Y, sobre todo, ¿cuál es la distancia real entre la ambición regulatoria en materia de sostenibilidad y la viabilidad productiva de las explotaciones acuícolas?
Responder a estas preguntas será clave si se quiere evitar que la acuicultura ecológica siga siendo el gran ausente del éxito ecológico español.

