El proyecto para reconvertir la antigua central nuclear de Lemoiz en un polo de actividad acuícola ha dado un nuevo paso administrativo, aunque todavía se encuentra en una fase preliminar, sin iniciativas concretas ni desarrollos tecnológicos definidos sobre la mesa.
El Gobierno Vasco ha aprobado la transmisión de los terrenos de la central a Azpilur Euskadi —antes Sprilur—, lo que permite desbloquear un proceso que llevaba años paralizado y avanzar en la adecuación del espacio para futuros usos vinculados a la acuicultura.
Como parte de esta fase inicial, a finales de 2025 se adjudicaron las obras de reparación del dique exterior, con un presupuesto cercano a los 2,5 millones de euros. Los trabajos, ya en marcha y con una duración estimada de diez meses, incluyen el refuerzo del talud mediante la colocación de más de 400 bloques de hormigón de alta densidad en los tramos dañados.
Desde el Ejecutivo autonómico se subraya que estas actuaciones son imprescindibles para garantizar la seguridad estructural de la instalación y permitir su futura transformación. En este sentido, la consejera Amaia Barredo ha señalado que el avance “pone fin a un bloqueo de años” y abre la puerta a atraer inversión en acuicultura.
Uno de los elementos destacados por la administración es el interés mostrado por hasta ocho empresas en el desarrollo de actividades acuícolas en Lemoiz. Sin embargo, por el momento no se han concretado proyectos, especies, sistemas de cultivo ni modelos tecnológicos asociados a esta futura actividad. Este punto es clave, ya que sitúa el proyecto en una fase aún conceptual, más cercana a la planificación territorial que a la ejecución productiva. La propia operación de cesión de los terrenos establece que el uso estará reservado a la acuicultura, lo que refuerza la intención estratégica del proyecto, pero también introduce incertidumbre si esas inversiones no llegan a materializarse.
La reconversión de Lemoiz se enmarca en una tendencia creciente en Europa orientada a reutilizar grandes infraestructuras industriales en desuso para actividades acuícolas, especialmente aquellas con acceso directo al mar. Un ejemplo representativo es el desarrollo de proyectos acuícolas en antiguos emplazamientos industriales costeros en el norte de Europa, como las iniciativas impulsadas en Noruega para aprovechar instalaciones portuarias y estructuras vinculadas a la industria offshore del petróleo y el gas, adaptándolas para sistemas de cultivo marino y, en algunos casos, para soluciones híbridas con tecnologías de recirculación.
Este tipo de emplazamientos ofrece ventajas evidentes en términos de acceso al agua, disponibilidad de infraestructuras y cercanía a mercados, pero también plantea desafíos relevantes. La adaptación técnica de estructuras no diseñadas originalmente para acuicultura, los elevados costes de reconversión y las exigencias regulatorias pueden ralentizar o incluso comprometer la viabilidad de los proyectos.
El caso de Lemoiz refleja así una realidad frecuente en el desarrollo acuícola europeo: la distancia entre los anuncios institucionales y la puesta en marcha efectiva de proyectos productivos. Sin tecnología definida ni operadores confirmados, el avance actual debe interpretarse como un paso necesario, pero todavía insuficiente, para consolidar un nuevo polo acuícola en el norte de España.
El éxito del proyecto dependerá de su capacidad para atraer inversiones concretas, definir modelos productivos viables y superar las barreras regulatorias y económicas que históricamente han limitado el crecimiento de la acuicultura en Europa. Por ahora, Lemoiz avanza, pero la acuicultura aún no ha llegado.

