La planificación del cultivo de mejillón en Galicia debería revisarse a la luz de nuevos datos científicos sobre circulación del agua y dinámica ecológica. Así lo plantea un estudio publicado en Marine Policy por Uxío Labarta y Diana Zúñiga, del Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC), que revisa más de cuatro décadas de investigación sobre capacidad de carga en las rías gallegas.
Galicia es el tercer productor mundial de mejillón, con una media histórica de 250.000 toneladas anuales desde los años 70 —178.000 toneladas en 2022 y 2023—. El sistema productivo depende del equilibrio entre biomasa suspendida, tasa de filtración, disponibilidad de carbono orgánico planctónico y tiempo de renovación de las masas de agua.
Uno de los puntos centrales del trabajo es la revisión del supuesto hidrodinámico sobre el que se han construido muchos modelos de capacidad de carga: la circulación lineal del agua a través de las bateas.
Los estudios in situ demuestran que la interacción entre corrientes, cabos de fondeo y cuerdas genera flujos turbulentos con componentes verticales y laterales significativas. Esta mezcla forzada redistribuye partículas alimenticias en profundidad y reduce la validez de los modelos que estimaban depleción de alimento bajo esquemas unidireccionales.
El estudio introduce el concepto operativo de “zona de aclaramiento”, definida como el volumen tridimensional afectado por la filtración y la turbulencia generada por cada batea o polígono. Este enfoque obliga a recalibrar los cálculos de biomasa admisible y las estimaciones de depleción de clorofila como indicador de capacidad real de carga.
El trabajo también recuerda que aumentos en la densidad de cuerdas incrementan la resistencia al flujo, reducen la velocidad interna de corriente y pueden limitar el suministro de alimento a ejemplares adultos. La relación entre biomasa instalada y rendimiento no es lineal: más densidad no implica necesariamente mayor producción.
Además, las rías presentan diferencias marcadas en tiempos de residencia del agua, intensidad del afloramiento y aportes continentales. Desde un punto de vista técnico, esto implica que la capacidad de carga debe estimarse a escala de ría —e incluso de polígono— y no asumirse como homogénea para todo el sistema gallego.
La productividad del mejillón gallego está fuertemente ligada al régimen estacional de vientos que activa el afloramiento costero y determina la disponibilidad de fitoplancton, principal fuente de carbono asimilable. Cambios en la intensidad, duración o estacionalidad del upwelling podrían alterar tanto la calidad del seston como la eficiencia de absorción y el balance energético del bivalvo.
El estudio subraya que los modelos futuros deben incorporar incertidumbre climática, incluyendo posibles alteraciones en los patrones de viento y episodios de olas de calor marinas que afectan a la columna de agua completa y pueden modificar metabolismo y supervivencia larvaria.
Entre las medidas propuestas figuran: integración de series de viento, caudales y oleaje; mantenimiento de plataformas de monitorización continua (temperatura, salinidad, oxígeno, clorofila); y estudios periódicos de depleción para ajustar las estimaciones de biomasa sostenible.
La conclusión técnica es que la capacidad de carga no puede seguir tratándose como un valor estático derivado de modelos simplificados. Debe convertirse en un parámetro dinámico, recalculado en función de la hidrodinámica real y del contexto climático, si se quiere preservar la eficiencia productiva y la estabilidad ecológica del principal sistema mejillonero europeo.

