ESTUDIO

La gestión de la crisis del coronavirus por las salmoneras incrementó el rechazo social a la producción en Aysén

Un estudio analiza cómo a pesar de la buena gestión que se ha hecho de la pandemia para mantener la producción de salmón ha sido mal gestionada con la población local

Las crisis sanitarias son periódicas en salmonicultura. En Noruega y Chile lo saben bien y quizá por han podido manejar con éxito la pandemia de COVID-19 de una manera mínimamente disruptiva para la industria, aplicando para ello, un conjunto de tecnologías, prácticas y medidas de seguridad. De esta manera los salmonicultores no solo han podido mantener operativos sus centros de cultivo, también han podido aumentar la producción.

Sin embargo, como apunta Eric H. Thomas, investigador de la Universidad de Massachusetts, la forma con la que se ha resuelto la crisis ha dejado efectos colaterales en las zonas productivas ya que se ha alejado a la industria de la población local y los políticos, exacerbando el rechazo a la actividad. El motivo, promesas incumplidas de inversión en infraestructura local e instalaciones de salud y la exclusión de los pobladores locales como mano de obra de este lucrativo negocio.

Como señala Thomas, para los habitantes de Aysén, la pandemia no solo representa una crisis, también “un desastre social y económico”.

La salmonicultura chilena habría tenido una gran oportunidad de mejorar su reputación mediante la distribución de fondos a organizaciones y proyectos sociales. Al contrario, cómo se ha afrontado, ha servido para marcar una distancia aún mayor entre la riqueza generada por la industria y la pobreza relativa que experimentan quienes viven en las comunidades donde operan las empresas. En general, señala, “más resentimiento y desconfianza, que amenazan la estabilidad a largo plazo de la industria”.

Esta crisis ha puesto de manifiesto cómo la aceptación social de la piscicultura depende en gran medida en cómo los habitantes de las zonas locales perciben como la actividad puede cambiar sus vidas.

Ante el argumento neoliberal del efecto de “goteo hacia abajo”, de que el beneficio a las clases más desfavorecidas vendrá a partir del beneficio de las grandes fortunas no ha funcionado en este caso. Por el contrario, si lo que se desea es una mayor aceptación de la actividad, se deberá seguir una estrategia de goteo hacia arriba, es decir, beneficiar a los locales para que se legitimice la ocupación del espacio público para la práctica acuícola. Es la diferencia entre abordar el aprovechamiento de los recursos marinos desde las  "comunidades azules" y no desde la "Economía Azul".

Referencia:
Eric H. Thomas. Sanitary crises and “no contact” aquaculture: Chilean fish farming during the pandemic. Culture, Agriculture, Food and Environment.