Investigadores de la Universidade de Aveiro han desarrollado una técnica basada en la llamada “huella elemental” de las conchas que permite identificar el origen geográfico de la almeja japonesa (Ruditapes philippinarum) y detectar prácticas fraudulentas en su comercialización.
El método se basa en el análisis de la composición química de las conchas, que incorporan distintos elementos presentes en el agua durante el crecimiento del molusco. Esta combinación de elementos actúa como una firma geoquímica que refleja las condiciones ambientales del lugar donde crecieron las almejas y permite rastrear su procedencia.
Según el equipo investigador, esta huella elemental funciona como un “código de barras natural” que no puede falsificarse mediante documentación incorrecta o cambios en el etiquetado.
El desarrollo de esta herramienta responde a un problema creciente de recolección ilegal y fraude en el comercio de almeja japonesa. Solo el día de Navidad de 2025, las autoridades portuguesas incautaron cerca de cinco toneladas de almeja viva recolectada ilegalmente en distintos estuarios del país.
Una parte importante de estas capturas procede del estuario del Tajo, donde la venta de almeja viva está prohibida debido a la presencia de altos niveles de metales. La identificación del origen real de estos productos es clave para proteger la salud pública y reforzar los sistemas de control del mercado.
Los investigadores están trabajando ahora en el desarrollo de dispositivos portátiles que permitan analizar la composición elemental de las conchas en tiempo real, facilitando el trabajo de las autoridades en puntos de control y mercados.
El estudio también muestra que, en aproximadamente dos tercios de los casos analizados, la huella química permite identificar incluso la temporada de recolección, una información especialmente útil en productos congelados comercializados con concha.
Durante la última década, el equipo de la Universidade de Aveiro ha validado este enfoque en distintas especies de moluscos bivalvos, incluyendo berberecho, almeja fina y almeja japonesa, y también en otros recursos marinos como pulpo, percebes o sardina.
Los investigadores destacan que esta tecnología puede convertirse en una herramienta clave para reforzar la trazabilidad de los productos del mar y combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, así como otras prácticas fraudulentas en la cadena de suministro.

