Durante años, la innovación en nutrición acuícola se ha centrado principalmente en qué comen los peces durante la fase de engorde: nuevos ingredientes, proteínas alternativas, aditivos funcionales o estrategias de alimentación de precisión.
Sin embargo, un volumen creciente de evidencia científica sugiere que la verdadera partida puede empezar mucho antes. Según una reciente revisión publicada en Aquaculture Nutrition, las primeras etapas de vida de los peces pueden dejar efectos metabólicos duraderos, incluyendo su crecimiento, mejor aprovechamiento del pienso y la resiliencia dietética posterior. Es lo que se conoce como programación nutricional y que, en términos sencillos, viene a significar que la alimentación de los reproductores o de las larvas en el destete, puede desarrollar cambios persistentes en el aprovechamiento del pienso, en la regulación del crecimiento, en el metabolismo de lípidos y carbohidratos y en la tolerancia a ingredientes alternativos.
Estos efectos no están impulsados por cambios genéticos, sino por mecanismos epigenéticos: interruptores moleculares que activan o desactivan genes en respuesta a señales nutricionales tempranas.
En algunas especies, esta exposición temprana reduce el estrés metabólico y mejora el aprovechamiento de nutrientes cuando los ingredientes marinos son limitados.
En tiempos en los que hay que ir pensando que la harina y el aceite de pescado no estarán disponibles por siempre, la transición hacia piensos alternativos debe hacerse a través de una programación nutricional temprana, y saber, de manera clara, si estos piensos van a funcionar – o no – a nivel de granja.
La revisión también refuerza la importancia de las estrategias de alimentación de reproductores. La nutrición materna afecta a la composición del huevo, a los niveles hormonales y a la configuración metabólica inicial de las larvas. Dietas inadecuadas en reproductores pueden, por tanto, limitar la eficacia incluso de los mejores piensos larvarios.
Pese a su potencial, la revisión es prudente. La mayoría de los estudios sobre programación nutricional se centran en fases juveniles, con pocos datos que lleguen hasta el tamaño de cosecha. Las respuestas varían mucho entre especies, y el momento, la duración y el equilibrio de nutrientes son factores críticos. En algunos casos, los efectos observados pueden ser temporales o reversibles.
Los autores advierten contra la sobre interpretación y subrayan que dietas tempranas mal diseñadas podrían fijar rasgos negativos con la misma facilidad.
Por ahora, la programación nutricional no es una herramienta lista para aplicar, pero sus implicaciones sugieren que el rendimiento futuro de los peces de cultivo podría estar ya condicionándose en sus primeros días de vida.

