El consumo energético está ganando peso en los costes operativos y su impacto en la gestión de las granjas está influyendo cada vez más en las decisiones tecnológicas y productivas del sector. Así lo pone de manifiesto un documento técnico de la Comisión Europea que analiza cómo se utiliza la energía en los distintos sistemas de cultivo y dónde se encuentran las principales oportunidades de optimización.
El análisis revela diferencias significativas entre modelos productivos. En los sistemas de jaulas marinas, la energía representa entre el 1,1% y el 2,2% de los costes totales de producción, dependiendo de la región y las condiciones operativas. Aunque se trata de una proporción relativamente baja, está directamente vinculada a funciones críticas como la alimentación automatizada, los sistemas de monitorización o el uso de embarcaciones de servicio, lo que amplifica su relevancia operativa.
En la acuicultura de moluscos, tradicionalmente considerada de bajo consumo energético, la situación también está evolucionando. Los costes energéticos pueden situarse en torno al 3% en sistemas de bateas, pero alcanzan aproximadamente el 14% en sistemas longline debido a una mayor mecanización de las operaciones de siembra, mantenimiento y cosecha.
Otros sistemas en tierra presentan perfiles intermedios. En estanques, la electricidad puede representar alrededor del 6% de los costes, llegando hasta el 15% si se incluye el combustible. En los raceways, los costes energéticos pueden alcanzar el 8%, impulsados principalmente por las necesidades de bombeo de agua.
Más allá de estas cifras, el documento apunta a un cambio estructural más profundo. La energía ya no es únicamente un coste a optimizar, sino que se está convirtiendo en un factor clave que condiciona el diseño de las instalaciones, la selección de ubicaciones y la viabilidad económica de determinadas tecnologías.
En este contexto, la eficiencia energética, el acceso a fuentes renovables y la integración con otras actividades industriales están adquiriendo una importancia estratégica creciente.
De cara al futuro, se espera que el peso relativo de la energía continúe aumentando. La automatización, la digitalización y el avance hacia sistemas más intensivos y controlados —como la acuicultura offshore o los sistemas de recirculación (RAS)— están incrementando la dependencia energética del sector. Al mismo tiempo, estas tecnologías también ofrecen el mayor potencial de optimización.
En este escenario, la competitividad de la acuicultura europea dependerá en gran medida de su capacidad para gestionar la energía de forma eficiente. Ya no se trata solo de reducir costes o emisiones, sino de adaptar los modelos productivos a un contexto en el que la energía pasa a ocupar un papel central en el sistema.

