
A medida que la industria de la acuicultura trabaja por reducir su huella medioambiental, ha cobrado fuerza el debate sobre las dietas óptimas para reproductores. Investigaciones recientes en las instalaciones NuMeA del INRAE han puesto de relieve que hay cabida para dietas innovadoras que reemplacen las tradicionales basadas en harina y aceite de pescado.
Según el estudio realizado por los investigadores, las dietas vegetales pueden ser fortificadas con éxito con aceite DHA de microalgas fermentadas. Cada opción ofrece ventajas sus propias ventajas y, empleadas de manera adecuada, pueden ayudar a los productores a cumplir sus objetivos de rendimiento y sostenibilidad.
Durante décadas, las dietas ricas en harina y aceite de pescado han sostenido con éxito la gestión de reproductores. Los ingredientes de origen marino aportan de forma natural los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3 esenciales, en particular el ácido docosahexaenoico (DHA), fundamental para la calidad de los huevos, la supervivencia larvaria y el crecimiento temprano.
En el ensayo de NuMeA, reproductores de trucha arcoíris alimentados con una dieta comercial de harina y aceite de pescado produjeron alevines con una sorprendente supervivencia del 91,8 % durante los primeros 30 días—muy superior a la de las crías de otros regímenes—lo que se tradujo en trayectorias de crecimiento uniformes y vigorosas.
Sin embargo, y como se demostró con una dieta vegetal fortificada con aceite de microalga rica en omega-3 DHA de Schizochytrium sp es posible un reemplazo total con buenos resultados a pesar de que la progenie presentó una supervivencia ligeramente inferior (alrededor del 77,6%).
La parte positiva es que los peces nacidos de reproductores alimentados con dietas vegetales fortificadas presentaron mayor consumo voluntario de alimento y una notable capacidad para compensar los retrasos iniciales de crecimiento cuando fueron alimentadas con dietas totalmente vegetales- acabando por igualar a los controles de harina y aceite de pescado en ganancia de peso corporal al día 30.
Lo que diferencia el enfoque de la segunda dieta es su capacidad de “programar” a la descendencia mediante la nutrición materna. Análisis detallados revelaron que los alevines de madres suplementadas con DHA exhibieron una expresión incrementada de genes orexigénicos, unas tasas de recambio de neurotransmisores elevadas y una señalización hormonal intestino-cerebro afinada—adaptaciones que favorecieron un comportamiento alimentario vigoroso en condiciones libres de harina y aceite de pescado. Estos ajustes fisiológicos sugieren que el DHA microalgal no solo aporta nutrientes críticos, sino que también activa vías de desarrollo que promueven la resiliencia ante dietas de origen vegetal.
Ninguna de las dos dietas es una solución válida para todos los casos. Las formulaciones de harina y aceite de pescado siguen siendo el estándar de oro para maximizar la productividad temprana, especialmente cuando el rendimiento de los reproductores es innegociable. Sin embargo, los piensos de origen vegetal enriquecidos con DHA representan una alternativa más sostenible y atractiva—ofreciendo resultados casi comparables y reduciendo de forma sustancial la dependencia de la pesca extractiva.
Los agentes del sector podrían contemplar un enfoque escalonado: emplear dietas tradicionales de harina y aceite de pescado en programas de cría de alto valor, al tiempo que se aplican más ampliamente los piensos vegetales enriquecidos con DHA a medida que se optimizan. Serán esenciales nuevos ensayos en distintas especies y sistemas de producción, pero la promesa de combinar la gestión medioambiental con un alto rendimiento está clara—asegurando que la acuicultura prospere sin comprometer el futuro de los océanos.