ECONOMÍA

¿Por qué producir salmón es más rentable en Noruega que en otros países?

Oslo, Noruega, 27/01/2026 | Producir más salmón no garantiza rentabilidad, pero producir mejor —con reglas exigentes y estables— sí puede marcar la diferencia

Salmón Atlántico bajo el agua

Los últimos resultados de Mowi Group, con Noruega como la geografía más rentable del grupo, vuelven a poner sobre la mesa una cuestión clave para el sector: cómo un país con uno de los marcos regulatorios más exigentes del mundo logra márgenes superiores a los de otras grandes regiones productoras donde la compañía tiene operaciones.

Durante 2025, Mowi registró en Noruega el mayor EBIT operativo por kilo de toda su cartera global, muy por encima de mercados como Chile, Canadá o Islandia. El dato no es anecdótico ni exclusivo de una sola empresa, sino representativo de un patrón más amplio: la salmonicultura noruega transforma mejor el volumen en valor económico.

Parte de esta ventaja se explica por el entorno natural. Las condiciones oceanográficas del país —aguas frías, bien oxigenadas y con una menor presión histórica de patógenos— permiten ciclos productivos más estables y predecibles. Esta estabilidad biológica reduce la necesidad de tratamientos de emergencia, minimiza pérdidas inesperadas y facilita una planificación productiva más ajustada. En términos económicos, implica menos costes reactivos y menor volatilidad en los resultados.

Pero el factor diferencial no está solo en lo ambiental. La regulación noruega ha jugado un papel decisivo en la construcción de un modelo productivo más eficiente. Sistemas como el control de densidades, los límites de biomasa y los mecanismos que vinculan crecimiento productivo con impacto ambiental han obligado a las empresas a optimizar su gestión sanitaria y biológica. En la práctica, la normativa no premia a quien produce más, sino a quien produce mejor.

Este enfoque ha reducido el riesgo de crisis sanitarias sistémicas, uno de los principales factores que históricamente han erosionado la rentabilidad en otros países productores. Al limitar la propagación de problemas antes de que se generalicen, el sistema noruego protege no solo el entorno, sino también la base económica del sector. El resultado es una rentabilidad media más estable a lo largo del tiempo, incluso en contextos de mercado complejos.

A ello se suma una mayor capacidad para capturar valor comercial. Noruega vende una parte significativa de su producción como producto fresco, está cerca de los principales mercados europeos y se beneficia de una percepción de origen asociada a control, trazabilidad y calidad sanitaria. Esta combinación permite sostener precios medios más altos y reforzar el margen por kilo producido.

El contraste con otros países es evidente. En Chile, pese a los avances técnicos y regulatorios de los últimos años, los márgenes siguen siendo estrechos y más sensibles a episodios sanitarios y logísticos. En Canadá, los problemas estructurales continúan lastrando la rentabilidad, mientras que en mercados emergentes como Islandia el crecimiento todavía no se traduce en resultados económicos sólidos.

El caso noruego sugiere que la pregunta no es si la regulación es alta o baja, sino si está bien alineada con la biología del sistema productivo. Cuando la normativa reduce la incertidumbre, incentiva la prevención y penaliza la ineficiencia antes de que se convierta en un problema colectivo, puede convertirse en un activo económico y no en un lastre.

En un contexto de creciente presión ambiental y social sobre la acuicultura, Noruega ofrece una lectura incómoda pero clara para el sector: producir más salmón no garantiza rentabilidad, pero producir mejor —con reglas exigentes y estables— sí puede marcar la diferencia.

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