Las herramientas de predicción oceánica utilizadas habitualmente en acuicultura marina siguen presentando limitaciones importantes en entornos insulares complejos como Canarias. Esta es una de las principales conclusiones que deja la jornada de cierre del Proyecto SIRENA, un sistema de monitorización y predicción de riesgos marinos desarrollado para mejorar la protección de las explotaciones acuícolas offshore frente a eventos potencialmente nocivos.
La jornada se celebró en la Sala Polivalente del Parque Científico Tecnológico Marino de Taliarte (Las Palmas de Gran Canaria) y sirvió para presentar los resultados de un proyecto que combina teledetección satelital de última generación, modelización matemática de alta resolución y campañas oceanográficas in situ, con un objetivo claro: anticipar riesgos como floraciones de microalgas o vertidos contaminantes que pueden comprometer la seguridad de las granjas marinas.
Uno de los mensajes más relevantes del encuentro fue la constatación de que los modelos oceánicos estándar no reproducen adecuadamente fenómenos locales clave, especialmente en zonas influenciadas por la interacción entre las corrientes marinas y la orografía insular.
Según se expuso durante la jornada, los datos recogidos en diez campañas oceanográficas realizadas en 2025 muestran discrepancias significativas con los modelos tradicionales, en particular en la representación de la denominada estela insular, un fenómeno determinante para entender la dispersión de microalgas, contaminantes o masas de agua con condiciones adversas para la acuicultura.
“El modelo actual no reproduce adecuadamente la extensión de la estela ni los procesos de mezcla vertical”, explicó Ángel Rodríguez Santana (ECOAQUA-ULPGC) durante su intervención.
El proyecto ha integrado información procedente de los satélites Sentinel, destacando el salto cualitativo que ha supuesto la entrada en operación del Sentinel-1C, lanzado en septiembre de 2024. La combinación de Sentinel-1A, Sentinel-1C y Sentinel-2 ha permitido analizar hasta 230 escenas anuales, una frecuencia clave para la detección temprana de episodios reales.
Durante el otoño de 2025, el sistema permitió identificar blooms de la cianobacteria Trichodesmium al sur de Gran Canaria y Fuerteventura, demostrando la capacidad operativa del enfoque desarrollado en SIRENA.
Más allá del avance científico, SIRENA pone el foco en la aplicación práctica de la predicción oceánica para la gestión diaria de las granjas marinas. Los modelos desarrollados, alimentados con datos de Puertos del Estado y variables atmosféricas ERA5, permiten simular no solo la evolución de parámetros ambientales, sino también la deriva de vertidos contaminantes, un aspecto crítico en situaciones de emergencia.
Esta capacidad de anticipación conecta directamente con las nuevas exigencias del sector. Durante la jornada, el gerente de APROMAR, Javier Ojeda, subrayó que tecnologías como SIRENA facilitan el cumplimiento de la norma UNE 173202, orientada a reforzar la resiliencia de las empresas acuícolas frente a eventos climáticos y ambientales extremos.
El proyecto, liderado por CSIC a través del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) y ECOAQUA-Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ha servido también como plataforma de formación y relevo generacional. Jóvenes investigadores de ambas instituciones presentaron el trabajo técnico desarrollado, evidenciando el nivel de especialización alcanzado en el archipiélago en el ámbito de la oceanografía aplicada a la acuicultura.
Un modelo exportable… pero con matices
El Proyecto SIRENA se presenta como una herramienta estratégica y potencialmente exportable a otras regiones oceánicas, aunque deja como mensaje que la predicción de riesgos en acuicultura no puede apoyarse exclusivamente en modelos genéricos, sino que requiere ajustes finos basados en datos locales y observaciones continuas.
En un contexto de mayor exposición a eventos extremos y de exigencias regulatorias crecientes, iniciativas como SIRENA refuerzan la idea asumida por el sector de que la seguridad de la acuicultura pasa por integrar ciencia, tecnología y conocimiento del territorio, no por aplicar soluciones universales sin adaptación local.

